Chaco santiagueño: Las plantas, inadvertidas malabaristas del fuego

Por Ana Carolina Santacruz García, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CONICET e Instituto de Ciencias Químicas, Facultad de Agronomía y Agroindustrias,  de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (UNSE).

SANTIAGO DEL ESTERO (Febrero 2021).- Si me hubiesen preguntado hace quince años por “Santiago del Estero”, habría tenido que ir corriendo a buscar el atlas de la biblioteca para ver si existía ese lugar en el mapa, porque nunca lo había escuchado mencionar. ¿El Atlas?, sí, el atlas, porque en esos tiempos poco se usaba la internet, ni pensar en la aplicación del Google Maps, en fin, yo era una bogotana, citadina, que había crecido entre muros y concreto, y que poco había salido de su ciudad a explorar el mundo.

Y así como los tiempos cambian, y como ahora ya poco usamos los Atlas, así terminé subida en un avión hace seis años con rumbo hacia el mismo Santiago del Estero, para investigar el impacto del fuego en las plantas nativas del Chaco Santiagueño.

¿El impacto de qué? Recuerdo que en ese trayecto de avión me preguntaba constantemente si había tomado una buena decisión, y si en ese pedacito de mapa iba a encontrar las respuestas que estaba buscando. La verdad es que siempre me apasionaron las plantas, y poder dedicarme a escucharlas e intentar comprenderlas e interpretarlas fue una etapa realmente maravillosa. Yo venía de vestir un guardapolvo, y de pasar mis días entre gradillas y tubos de ensayo y ahora, lo primero que tendría que hacer era ponerme ropa gastada y resistente para ir al “campo”, a esquivar espinas y mosquitos para no tragarlos, y a conocer a quienes se iban  a convertir en mis mejores amigas durante los cinco años que duró el doctorado, esas plantas nativas de la región chaqueña que con ímpetu soportaban los fuertes calores y las escasas lluvias de la región, y se mantenían erguidas con una altivez y templanza admirable y casi envidiable.

Resulta que en esta región de la Argentina suelen usar el fuego con bastante frecuencia para limpiar campos y habilitar zonas para otros usos, como por ejemplo cultivos de soja y algodón, o también, para alimentar a las vacas y cabras proporcionándoles pastos frescos y tiernos.

Además, se dice que este disturbio ha acompañado a la región desde tiempos precolombinos[1], y con ello, ha forjado la presencia de ciertas plantas nativas que han aprendido a convivir y adaptarse con él. Sin embargo, cuando se usa en exceso como lamentablemente hemos visto en los últimos tiempos, se generan cambios importantes y negativos para la zona afectada, como, por ejemplo, la pérdida de especies nativas, la erosión del suelo, y a la vez, se incrementan las tasas de deforestación, y de contaminación ambiental, entre otras perversas consecuencias.

No obstante, no todo está perdido. Es de notable interés observar la persistencia de algunas plantas autóctonas después del fuego, para las que el viejo adagio  “lo que no te mata, te hace más fuerte” parece tener sentido. Hay plantas que después del fuego parecen completamente devastadas, sin embargo, meses después podemos verlas “rebrotando”, es decir, volviendo a nacer después del fuego, con mayor ímpetu y vigor.

Estas grandes sobrevivientes del fuego en el Chaco Santiagueño se caracterizan por haber desarrollado una serie de estrategias tanto internas como externas que les permiten responder más eficientemente al impacto de este disturbio. Para la licenciada Florencia del Corro, docente e investigadora de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, su estudio puede brindar información acerca de la respuesta de las plantas frente a un disturbio natural o a uno causado por el hombre,  y al mismo tiempo el efecto que esta respuesta provoca sobre el ambiente.

Imagen: Autoría propia

Aunque las plantas no tienen la agilidad de las gacelas para huir de su depredador, o los dientes del tiburón para atacar a quien las amenace, desarrollaron un set de estrategias para defenderse y adaptarse, sin tener que desplazarse. ¿Alguna vez han intentado robar una rosa y han salido lastimados en el intento? Las espinas son una estrategia clásica de defensa de las plantas, y en ambientes rústicos como el chaqueño, las usan para proteger sus hojas tiernas y no tan tiernas, de las vacas o algún otro herbívoro hambriento que se les acerque.

Respecto al fuego se pueden identificar dos grandes grupos de estrategias, unas relacionadas a las adaptaciones antes o durante el evento, las cuales, aunque asombrosamente predisponen a las plantas con mayor facilidad al fuego, las ayudan a recuperarse con mayor rapidez. Estas incluyen, por ejemplo, en los árboles, la altura, ya que entre más altos sean éstos, podrán evadir mejor el efecto del fuego. También hay otras que en su mayoría siendo arbustos, se conocen como plantas “rebrotadoras”, las cuales prefieren quemarse y usar todas sus reservas para re-crearse nuevamente. Algunas otras más específicas, liberan unas sustancias, conocidas como compuestos volátiles, que así como la gasolina, contribuyen a que haya mayor combustión durante el evento. Y se preguntarán, ¿por qué una planta opta por quemarse como estrategia para sobrevivir al fuego? Resulta que éstas últimas realizan un proceso que se llama “quema a tu vecino”, liberan estos compuestos para quemar a las plantas que tienen a su alrededor, así una vez pase el fuego, pueden utilizar todos los nutrientes y recursos liberados para crecer a sus anchas, más robustas y fortalecidas.

El otro grupo de estrategias abarca los trucos para sobrevivir después del fuego. Al hacer un barrido por la composición química de las especies nativas, se encontró que tienen todo un arsenal químico que les ayuda a salir invictas o casi invictas frente al fuego. Unos de los grandes protagonistas son los pigmentos fotosintéticos, como las clorofilas y carotenoides, estos que proporcionan las tonalidades verdes, rojas, amarillas y naranjas a las plantas, también les ayudan a mantenerse en pie y a seguir produciendo la energía necesaria para recuperarse después del disturbio. En las plantas santiagueñas se encontró que un año después del evento, esta recuperación de pigmentos ya se había efectuado. Además, no podemos dejar de lado a los compuestos fenólicos, estos antioxidantes tan famosos y aclamados ahora en la lucha contra las arrugas y el envejecimiento, que estando presentes en las plantas afectadas, las ayudan a defender sus estructuras contra el ataque de herbívoros intrusos o del complicado y poco amigable ambiente post-fuego, incluso dos años después del disturbio.

Observar, conocer e intentar interpretar las estrategias de las plantas frente al fuego, puede contribuir a la formulación de protocolos de prevención de incendios forestales, que consideren los efectos de estos eventos sobre los ecosistemas a largo plazo. Además, aporta información que contribuye al manejo sustentable de los bosques nativos. Yo encontré en Santiago del Estero las respuestas que buscaba; sin embargo, estas respuestas, ahora abren más preguntas, en las cuales, estas asombrosas, resistentes y resilientes plantas nativas de la región chaqueña siguen siendo las grandes protagonistas.

 

 

[1] “Históricamente el fuego ha sido empleado en la Región Chaqueña Occidental de Argentina como una herramienta para el manejo de pastizales desde tiempos precolombinos, también para la guerra, para la caza, para la comunicación entre tribus (Soares, 1990; Kunst el al., 2009).” Bravo et al. 2014. https://fcf.unse.edu.ar/archivos/publicaciones/cap4_bravo.pdf

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

 

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