La resina de pino, una excepción entre los productos forestales ante la crisis argentina: se exporta, tiene buen precio y demanda sostenida

Así lo aseguró el empresario Joaquín Basconcel, titular del grupo Consul Forest SRL y Resina Agarapé, que opera entre Misiones y Corrientes. Si bien analizó en una entrevista radial la burocracia que aún existe en el país para lograr que las Pymes forestales puedan exportar desde la región, diferenció el mercado favorable que atraviesa en el contexto actual la exportación de resina de pino. “Al ser un commoditie escapa a la situación general de los vaivenes macroeconómicos de la Argentina”, explicó. 

Por Patricia Escobar

MISIONES (19/6/2019).- En Argentina, las empresas que desean exportar aún sufren las reglas del propio Estado, en particular de la Aduana, una de las más lentas y burocráticas de la región. Según una publicación de El Economista, “las exportaciones están estancadas, en volúmenes, desde 2004. Así lo documenta el INDEC en su informe de Índices y Cantidades del Comercio Exterior”.

Sobre estas dificultades para exportar -que desanima a numerosos empresarios- se refirió el empresario Joaquín Basconcel, titular del grupo Consul Forest SRL y Resina Agarapé, en diálogo radial con Antena Uno. “Si no tenemos un plan de crecimiento no vamos a salir adelante. Para que la gente viva bien al que brinda trabajo le tiene que ir mejor, sino se va a otro lado”, consideró Vasconcel.

La PyME que conduce se dedica a la explotación forestal, industrias vinculadas y comercialización inmobiliaria entre el norte de Corrientes y sur de Misiones. También explota una fábrica de carbón en base a bosques certificados con una capacidad de producción de 500 toneladas mensuales en 120 hornos. La empresa administra 5.000 hectáreas de plantaciones certificadas entre las ciudades de Ituzaingó y Posadas.

Con una larga trayectoria en el desarrollo de negocios, cuenta en primera persona los avatares de las empresas regionales que intentan -pero no logran- convertirse en exportadoras de productos con valor agregado.

Una de las actividades comerciales que desarrollaron en la región es la exportación de resina de pino que “al ser un commoditie escapa a la situación general de los vaivenes macroeconómicos de la Argentina”.

Según Basconcel, este producto en el mercado “tiene un buen precio, una buena demanda y no hay inconvenientes para exportarlo”.

La madera aún sin “competitividad” para exportar

Distinta es la situación de la industria de la madera, que en general no se pueden  exportar sus productos desde que comenzó la “guerra comercial entre Estados Unidos y China”. En Argentina, la particularidad de la comercialización de madera industrializada es que está vinculada a la construcción, que también ha registrado valores mínimos de actividad en los últimos dos años.

El gobierno nacional, sobre todo desde el Ministerio de la Producción, impulsan a las PyMEs a abrazar el cambio de paradigma, mirar a los países emergentes, buscar mercados no atendidos dónde se es competitivos y exportar. Para Basconcel, “exportar sería una salida” pero advirtió que al momento de iniciar los trámites surgen aún innumerables inconvenientes que echan por tierra esa posibilidad.

En la búsqueda de una alternativa al resinado de pino, el grupo empresario misionero hizo contactos comerciales con Taiwán y Vietnam, que requieren de madera aserrada de baja calidad para el embalaje de productos electrónicos. “Esa madera no es de primera calidad, sin embargo el valor que nos pagarían es el doble del que nos pagan en el mercado interno”, explicó.

En ese camino contactaron con aserraderos de Ituzaingó, parados por falta de capital y con capacidad para fabricar productos exportables. “Esta alternativa no prosperó”, relató Basconcel,  debido “al enjambre de trámites del circuito de exportación, que incluyen los costos de logística, operatoria de puertos, la burocracia de la Aduana y la AFIP y el cobro posterior de las facturas por medio de un banco”, precisó.

A esas cuestiones, según Basconcel, se agrega que hay entidades bancarias que solicitan que la empresa tenga una sucursal en el país a donde se exportará para “salvar” las políticas internacionales de control de lavado de dinero. La mera idea de comenzar a pensar en normas de otro país para abrir una empresa y cobrar por productos que se exportaron desde la región produce desánimo. “Éstas cosas no suceden en Estados Unidos, Europa o Centro América, mucho menos en el sudeste asiático”, aseguró el empresario misionero.

Si bien la inscripción como exportador no es un trámite costoso ni imposible, como primera experiencia en el ámbito aduanero resulta desalentador para muchos descubrir que los directivos deben ir personalmente a hacer trámites, y que se les pide documentación y datos que ya están en poder de la AFIP.

 

 

Fuente: Radio Antena Uno (Posadas), Programa Negocio Creativo

 

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