La parálisis de la obra pública y la caída de la construcción interna provocaron una contracción del 40% en la producción de madera aserrada de eucalipto. Con costos en dólares al alza y precios estancados, el valor del rollizo en pie cayó a la mitad en moneda dura, explica el ingeniero forestal Fernando Dalla Tea, especialista de la región de Concordia, quien en su análisis de la coyuntura económica sectorial revela que la rentabilidad de las plantaciones de eucalipto se desplomó de niveles superiores al 15% anual a menos del 4% en el presente ejercicio, en un contexto de fuerte pérdida de incentivos para la actividad que explica la drástica caída en las tasas de forestación.
ENTRE RÍOS (Mayo 2026). — El negocio forestal en la cuenca del río Uruguay, que históricamente atrajo a cientos de pequeños inversores con tasas de retorno atractivas, enfrenta uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas.
Un análisis de la coyuntura económica sectorial revela que la rentabilidad de las plantaciones de eucalipto se desplomó de niveles superiores al 15% anual a menos del 4% en el presente ejercicio, en un contexto de fuerte pérdida de incentivos para la actividad que explica la drástica caída en las tasas de forestación.
Según el ingeniero forestal Fernando Dalla Tea, especialista de la región de Concordia, el mercado interno de madera aserrada de pino y eucalipto arrastra una marcada retracción que se profundizó a partir del cierre definitivo de 2023.
Este proceso responde de forma directa al freno total de la obra pública y al fuerte declive de la construcción civil privada.
La ausencia de créditos hipotecarios, el incremento de los costos de construcción medidos en dólares y el enfriamiento del consumo general completan un cuadro macroeconómico marcado por el severo plan de ordenamiento fiscal del Gobierno Nacional.
Si bien la actual administración logró estabilizar la inflación en un dígito mensual, el acumulado de los últimos dos años (tomando como base la estabilización de precios relativos) alcanza el 112%. Sin embargo, el impacto hacia el interior de la cadena productiva ha sido profundamente desigual.
Mientras que los costos operativos de los proveedores de servicios escalaron con fuerza —el índice de fletes de FADEEAC registró una suba del 130% y la mano de obra de la categoría CAR 3 aumentó un 91%—, el sector de la madera fue uno de los eslabones con menor capacidad de traslado a precios debido a la parálisis de la demanda.

Contracción industrial en la cuenca del Río Uruguay
La menor actividad en los centros urbanos impactó de forma directa en los niveles de procesamiento de los aserraderos de Entre Ríos y el sudeste de Corrientes, registrándose caídas en la producción de madera de eucalipto superiores al 40% en comparación con los máximos históricos de la pospandemia.
Estimaciones indirectas basadas en la tasa de extracción primaria indican que se han dejado de cosechar unas 4.000 hectáreas en la cuenca regional. Esta falta de fluidez comercial se traduce en plantas industriales operando a esquema reducido de pocos días a la semana o produciendo estrictamente bajo pedido.
«Al caer la demanda de rollos se afectaron los precios de toda la cadena de producción primaria. Las tarifas de flete aumentaron un 75% y las de cosecha forestal un 66%, ambas muy por debajo de los aumentos de costo de estas actividades», detalla el ingeniero forestal.
«Por supuesto, el eslabón que más sufre el ajuste es el productor forestal que no ha podido trasladar a precios ningún aumento y lo que viene haciendo es sacrificar su inventario de madera a precios reales fuertemente depreciados», señala dalla tea.

El comportamiento de los precios: la paradoja de los subproductos
Al analizar la evolución de los valores nominales reportados por el INTA Concordia en los últimos dos años, se observa una fuerte dispersión de precios según el destino final del producto:
Madera para construcción: La tabla verde de eucalipto, ligada directamente a la obra tradicional, mostró un rezago crítico al pasar de $340 a solo $400 por pie cuadrado ($pie^2$). Los aserraderos orientados a este segmento absorben las mayores pérdidas del período.
Madera para logística: El pie armado para pallets, traccionado por el consumo de bienes intermedios, mostró mayor dinamismo al pasar de $600 a $992.
Biomasa y subproductos: El chip de madera saltó de $6.000 a $15.600 por tonelada. Este incremento, que supera el promedio inflacionario, responde a la escasez de oferta (al aserrarse menos madera, se genera menos residuo) y a la demanda firme de industrias energéticas y agropecuarias, muchas de ellas de extrazona, que consumen biomasa.

El productor forestal como fusible del ajuste
Como suele ocurrir en las cadenas de valor primarias ante crisis de consumo, el productor forestal se consolidó como el eslabón que absorbe el mayor peso del ajuste macroeconómico. Ante la imposibilidad de defender el valor de su producción, las empresas agrícolas y forestales se ven obligadas a liquidar existencias a valores reales depreciados para mantener niveles mínimos de liquidez.
En la zona núcleo de Concordia, el precio nominal del rollizo en pie de diámetros mayores a 18 centímetros se mantuvo prácticamente congelado, lo que implica una licuación real frente a la inflación de costos. Esta situación fuerza a las grandes empresas integradas a competir por volumen mediante agresivas bonificaciones, deprimiendo aún más el piso de precios del mercado.
«Un mercado que históricamente validaba cotizaciones de 40 dólares por tonelada de madera en pie hoy opera por debajo de los 20 dólares, con costos fijos y de extracción que no detienen su escalada. La realidad del eucalipto no es ajena a la de otras economías regionales del país; incluso aquellos sectores forestales con perfiles exportadores enfrentan serias inconsistencias de competitividad cambiaria. Bajo estas condiciones financieras, el desincentivo a la inversión de largo plazo explica de forma matemática el freno en la reposición de los bosques implantados», concluye Dalla Tea.


