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El suministro de madera

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La entidad coincide con Alejandro Larguía y hace un profundo análisis.

Asociación Forestal Mesopotámica. Fuente: El Territorio

En El Territorio del 2 de mayo del 2004 se publica un trabajo del ingeniero Alejandro Larguía titulado ‘¿Dónde está la madera?”. No menciona cifras, sino la “percepción» de que ya empezó a escasear madera gruesa para aserraderos, con sus consiguientes problemas socioeconómicos, mayor concentración del PBI. Se recomienda su lectura. Esto se contrapone a varios informes que cuestionan si es conveniente seguir promocionando las plantaciones forestales, en vista del “enorme excedente de materia prima acumulada». ¿Cuál es la verdad? Aquí se proponen elementos para el análisis. En otros trabajos se argumentó que si se plantaron 10.000 hectáreas en 2002, el balance era positivo, pues sólo se talarían 5000 hectáreas. Desde Afome se manejaban otras cifras: talas entre 18 mil y 22.000 hectáreas. Las estadísticas dieron una tala superior a las 14.000 hectáreas en ese año. Para el 2003 se estimó y admitió una tala de 25.000 hectáreas. Pasar de un promedio de 20.000 a 25.000 hectáreas de un año a otro es factible, pero es difícil desde estimaciones menores. ¿Por qué esta salvedad? En ausencia de estadísticas válidas, las apreciaciones de Afome han sido bastante acertadas. En la jornada forestal del 31 de agosto, organizada por una Fundación, en el primer panel hubo tres expositores sobre este tema. Uno de ellos fue Larguía, quien insistió con sus puntos de vista. Los otros expositores insistieron en que sobraba madera; uno sin datos y el otro con hipótesis descartadas hace tiempo. En esa misma reunión, el ingeniero Ivo Götz coincidió con Larguía. Götz es autor de un excelente trabajo sobre oferta y demanda de materia prima forestal en Misiones y Corrientes. ¿Por qué ese trabajo se ajusta más a la realidad? Proviene de superponerlo con la información de la Sagpya en forma de gráfico de barras (gráfico superior) referida a las plantaciones logradas a través de los planes de incentivo forestal en los últimos años, y se lo desplaza unos 20 a 25 años en el tiempo («turno») para evaluar la producción de madera. Luego se desagregan esas barras en porcentajes de materia prima como “raleo», “rollos», “toras debobinables», y descartes (“astillas”). El resultado coincide con el trabajo de Götz. (ver gráfico de abajo). Cabe acotar que las estimaciones de la Sagpya para 2001 y 2002 deben ser reducidas drásticamente; son para todo el país y están desagregadas por año, mientras que el trabajo de Götz es para Misiones y norte de Corrientes y se refiere a períodos de cinco años. De la información de la Sagpya se debe descontar la estimación del consumo mínimo, trazando una línea en 30.000 a 50.000 hectáreas. El balance es negativo. Pero esto considerando el consumo actual, sin ninguna posibilidad de expansión hacia exportaciones o para abastecer a la actividad de la construcción nacional trabajando a pleno. Volviendo a Larguía, en dicha reunión, le atribuye el faltante de “rollos aserrables» a la falta de raleos a plantaciones en la década de 1980, a la resinación de los Pinus elliottii, a problemas legales de muchas propiedades (sucesiones irresueltas), a la falta de una conciencia forestal para realizar adecuadas prácticas silvícolas en tiempo y forma, y lógicamente, a la adquisición por parte de Arauco-Apsa de las grandes propiedades de Pecom, Safac, Casa, Garumí, etcétera. A nuestro juicio, hay otras dos causas de fundamental importancia: 1) las talas rasas anticipadas de pinares de Apsa autorizadas por el Ministerio de Ecología entre 1988 y 1991, que permitieron a dicha firma en cierta manera prescindir del gran porcentaje del abastecimiento de terceros. Y hubo otras medidas similares negativas que motivaron la desaparición de muchas pymes “contratistas» y desaliento en el sector. (Es necesario aclarar que en esa época, dicha empresa estaba manejada por una razón accionaria, distinta de la actual). En aquel entonces se estimó que con motivo de esas medidas, quedaron mas de 30.000 hectáreas de pinos resinosos sin ralear; pinares que tienen mas de 20 años de edad, y que en vez de producir 400 toneladas por hectárea, sólo tienen entre 120 y 200 toneladas de rollos aserrables, el resto entra en la categoría de “raleos». («Cuando no se hacen los raleos, finalmente toda la forestación se transforma en raleo». Ingeniero Martín Aguerre, gerente técnico de Afoa, Posadas, 2002). Entonces estos pinares puede ser que estén, que existan, que figuren, tendrían unos 25 años, pero su producción de material aserrable es muy baja. En 1989 se advirtió qué pasaría si se dejaban de promocionar las plantaciones forestales. Muy pocos se preocuparon. En 1993 se pronosticó que a partir de mediados de la primera década del 2000 iba a faltar madera. Ese faltante ya es notable, a pesar del relativo bajo consumo actual. No se puede seguir negando lo imposible de ocultar. Entonces, sin discusión, falta o va a faltar madera en el corto plazo. Esa es la realidad. El problema proviene del «bache» de 1989 (cuando se dejaron de promocionar las forestaciones), con efecto hacia atrás hasta la campaña 1987, y hacia delante, hasta 1996. Sólo Misiones se descapitalizó en 60.000 hectáreas; y de las 40.000 hectáreas plantadas en las décadas del 70 y 80 y no raleadas. Estamos empezando a sufrir los errores de haberse dejado de promocionar las plantaciones en 1989. El bache actual de nuevas plantaciones iniciado a mediados de 2001, y con efectos negativos hacia atrás hasta la campaña 1999, y por el momento, hacia delante, hasta la campaña 2005, debería preocuparnos sobre la base de la experiencia de hace apenas 15 años. O mirar lo que pasa en Brasil, por abandonar las promociones forestales en 1988. («El apagón forestal»). Pero dicen que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces.

Asociación Forestal Mesopotámica. Fuente: El Territorio

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