La historia de Ricardo Barbetti | Adeuda una fortuna en impuestos y esta en riesgo su casa que convirtió en un jardín botánico donde vive a solo 15 km del Obelisco y conserva más de 250 especies de árboles

Es vecino de Vicente López desde 1976 y en su hogar hay un lago y 250 especies. Como no llega a pagar las tasas, podrían rematar la vivienda. Ricardo Barbetti construyó una reserva natural en su casa, con un jardín de plantas autóctonas del norte de la provincia de Buenos Aires pero hoy no tiene dinero para sostenerla.

Fuente: Diario Clarín

BUENOS AIRES “Ricardo Barbetti, ¡un groso!”, exclama Eliana Sosa. “El primer naturalista en hablar y enseñar plantas nativas”, dice José Luis Pafumi. “Nuestra sociedad está en deuda y pedimos que se reconozca”, levanta la voz el ambientalista Antonio Elio Brailovsky. Todos ellos, y otros 500 vecinos, se unieron con el mismo objetivo: salvar la casa más famosa de La Lucila, que podría rematarse.

Sobre la calle San Lorenzo, en el 874, hay una selva urbana imposible de ignorar, que ahora está en peligro por una deuda que -asegura su dueño- sería millonaria. “Son años de adeudar el ABL, ARBA e incluso servicios básicos que no puede afrontar. Si pago, no puedo vivir ni comprar comida ni viajar en colectivo. Además me llegó una nota diciendo que me iban a rematar la casa”.

Con una edad cercana a los 80, Barbetti trabajó por años en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. Y en su casa de La Lucila, donde vive desde 1976, creó su propio jardín silvestre en el fondo de su hogar. “Es una muestra de cómo se puede convivir al lado de la naturaleza. Casi 200 especies de plantas y más de 50 de pájaros habitan este lugar”, destacó en varias oportunidades.

Su casa de La Lucila, en la calle San Lorenzo, donde vive desde 1976. Actualmente la boleta de ARBA que debe pagar asciende los $30.000 mensuales.

Vecinos, ambientalistas, amantes de la flora y fauna, todos conocen a Ricardo y muchos tuvieron la oportunidad de visitar su casa alguna vez, donde habitan una incalculable cantidad de flores, árboles y plantas, entre ellas helechos, begonias y orquídea. Suelen verse tortugas y oírse colibríes, zorzales, horneros, y loros y tortugas. Un lujo en medio de la ciudad.

Y muchos vienen hace tiempo juntando firmas a través de la plataforma change.org donde piden que por decreto le sea condonada la deuda. “Con dos juicios en su contra, y además el reclamo por el pago del impuesto municipal, Ricardo no cuenta con recursos económicos, ya que recientemente se ha jubilado. ¡Que la legislatura provincial sancione una ley especial que resuelva esta situación!”, esgrimen.

“Lamentablemente hace años que no tengo un ingreso, ya estoy jubilado y la cuota mensual de ARBA es cercana a los $30.000 y la de ABL, ronda los $14.000. Hace años que no puedo enfrentar esos gastos. Muchos dirán, ¿por qué no la vende? Me parece un disparate. Acá tengo mil libros, mi vida, me moriría del disgusto, ni lo considero”, sentencia.

Con una edad cercana a los 80, Barbetti trabajó por años en el Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia.

El rasgo autóctono que Barbetti imprime a sus palabras también se extiende a su parque. “La mayor parte de la flora que nos rodea es originaria de la zona. En la provincia de Buenos Aires existe suficiente vegetación para cultivar cualquier jardín. A pesar de esto, está la costumbre de traer cultivos de lugares externos, más del 90% es de otros continentes”, señala.

El científico permite que en su parque la naturaleza se manifieste tal cual es, sin limitarla. El entorno crece en forma salvaje. No por ello, caótica. “La existencia de las especies es autobalanceada, no existe sobrepoblación de ninguna de ellas. El impacto sobre el ambiente busca ser mínimo, ni siquiera utilizo pesticidas”, detalla. Y agrega: “Como verás, me dedico al cuidado de la naturaleza, no gano una fortuna”.

Hubo una época en la que este vecino ambientalista recibía visitas constantes de amantes de la naturaleza, las flores ostentaban colores brillantes y la pequeña laguna que hay en el interior de la propiedad, todavía lucía transparente. Hoy la imagen es de abandono: el pasto está alto y no se corta hace cinco 5 años . Desde la vereda, la casa -de dos pisos- se ve oscura y caída.

Sin embargo su dueño asegura que es un patrimonio cultural y natural del partido de Vicente López desde 2005. Fue construida en 1925 por un ingeniero alemán de apellido Tumer, empresario de la construcción. Desde la Municipalidad de Vicente López lo que explican es que aunque sea una casa histórica o protegida, no corresponde eximir del impuesto.

Su dueño cuenta que a pesar del deterioro, todavía hay gente que golpea a su puerta para conocer este exótico lugar. “Esta semana vinieron 10 personas, que estuvieron 4 horas recorriendo los lugares y escuchándome a mi. Yo no les cobro, pero les digo que si pueden ayudar con $500 o $600 por persona me vendría bien. Por eso también estaría dispuesto a ofrecer visitas guiadas gratuitas a escuelas del Partido”, asegura.

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