Gestionando la biomasa forestal se reduce el riesgo de incendios, se genera energìa limpia y más empleo rural

En España, en los últimos 30 años se ha duplicado la cantidad de biomasa forestal (combustible). “O la gestionamos, o se gestiona ella en base a los incendios forestales que ante las condiciones climáticas se potencia el riesgo y pueden ser de gran magnitud. La realidad es que no nos podemos permitir el lujo de no saber qué hacer con ella”, reflexionaron en el marco del Dìa Mundial Forestal desde el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural

 

Fuente: EXPOBIOMASA

 

ESPAÑA (21/3/2022).-Los ingenieros forestales reclamaron, en el Día Internacional de los Bosques,  que se aproveche la biomasa que se acumula en el medio natural -aumentando el riesgo de incendios-, para generar nuevos empleos en el ámbito rural y producir energía que reduzca nuestra dependencia de países políticamente inestables.

Según datos del III Inventario Forestal Nacional, en España se podrían extraer 46 millones de metros cúbicos anuales de biomasa, pero actualmente se aprovechan entre 15 y 19 millones de metros cúbicos aproximadamente.

El Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales y Graduados en Ingeniería Forestal y del Medio Natural  participa en EXPOBIOMASA desde su primera edición que promueve el uso sostenible de la biomasa con fines energéticos.

 

Cómo proteger los bosques y obtener energía a la vez

El 55% del territorio español está ocupado por superficie forestal. Son 28 millones de hectáreas, de las que 18 millones son arboladas (tenemos alrededor de 7.500 millones de árboles). “Somos el segundo país europeo con más superficie forestal, después de Suecia, y en el que más aumenta cada año, pues sigue creciendo fundamentalmente por el abandono de la actividad en el medio rural”, señala Raúl de la Calle Santillana, secretario general del Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Forestales.

La acumulación de grandes cantidades de biomasa -los residuos forestales y agrícolas que se generan por las limpiezas de montes y las podas de cultivos respectivamente- propician los incendios forestales, que el año pasado arrasaron en España unas 86.000 hectáreas. Todo ese material en el medio natural unido a la sequía que estamos sufriendo es una combinación propicia para el fuego.

“La previsión para 2022 es parecida a la de los últimos años. Hay temor a que haya incendios con mucha potencia y alta velocidad de propagación. El año pasado tuvimos dos muy llamativos, el de Navalacruz (Ávila) y el Sierra Bermeja (Málaga), con momentos en los que no era posible apagarlos por las condiciones climáticas y por esa continuidad de combustible que supone la acumulación de material forestal”, explica en conversación telefónica.

Por eso, con motivo del Día Internacional de los Bosques, los ingenieros forestales reclaman no sólo que España los gestione mejor, protegerlos y hacerlos más resistentes a incendios, plagas y a las consecuencias del cambio climático, sino que aproveche esa biomasa para producir energía renovable y generar nuevos empleos en el ámbito rural.

Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 31% de la superficie terrestre del mundo está ocupada por los bosques, que almacenan 296 gigatoneladas de carbono y albergan la mayor parte de la biodiversidad terrestre del mundo.

“La guerra en Ucrania ha vuelto a poner de manifiesto nuestra dependencia energética de países inestables políticamente. Y no sólo se trata de Rusia, hace unos meses se cerró un gasoducto de Argelia y tenemos que reducir nuestra dependencia de estos países. En los últimos 30 años se ha duplicado la cantidad de biomasa y no nos podemos permitir el lujo de no saber qué hacer con ella, tal y como está la situación geopolítica, y teniendo en cuenta que con la energía producida por biomasa no hay incrementos de precio ni la volatilidad del mercado de hidrocarburos”, argumenta.

Según datos del III Inventario Forestal Nacional, en España se podrían extraer 46 millones de metros cúbicos anuales de biomasa, pero actualmente se aprovechan entre 15 y 19 millones de metros cúbicos aproximadamente.

“Por supuesto, no defendemos una extracción de biomasa masiva con fines energéticos, sino aprovecharla para obtener energía local y generar empleos mientras evitamos incendios y plagas forestales y revitalizamos los montes, que están en decaimiento”, señala De la Calle.

Como detalla el ingeniero, la biomasa puede ser agrícola (restos de cultivos, pajas o los sarmientos cuando se podan las vides), forestal (lo que más se usa son pellets, aglomerados fabricados con estos restos, con certificados de calidad) o proveniente de los residuos de procesos industriales, como cáscara de almendras o huesos de aceitunas (en Andalucía especialmente hay estufas que usan esos huesos).

“La biomasa que no se aprovecha se tritura y queda en los bosques para que desaparezca. Los restos de poda son focos de plagas porque atraen a insectos perforadores y de incendios porque tienen una combustibilidad muy alta”, señala.

Redes de calor

Aunque el material de los bosques más empleado sea la madera, la biomasa también puede procesarse para convertirse en bioenergía para obtener electricidad, biometano y biocarburantes.

El uso térmico es el más conocido, para calefacción o agua caliente sanitaria. Así se calentaban las generaciones pasadas y todavía hoy se usa mucha leña para chimeneas, sobre todo astillas pero también hay estufas de pellets y cada vez hay más redes de calor. Se trata de redes instaladas en ciudades o pequeños municipios por las que circulan tuberías de agua caliente que producen en una caldera que consume biomasa, principalmente astilla forestal”, explica el ingeniero.

En nuestro país hay en marcha alrededor de 450 redes de calor. Entre los municipios pioneros en España figuran Cuéllar (Segovia) y Ulzama (Navarra), donde se emplean para calentar sus edificios públicos. En Pamplona destaca el barrio de Txandrea y en Vitoria, el barrio de Coronación, donde cada vez más vecinos sustituyen sus calderas de gasoil para engancharse a red que consume energía procedente de biomasa. “En ciudades como Valladolid, la universidad o el Hospital Clínico funcionan con redes de calor, y hay municipios como Aranda de Duero o capitales de provincia como Soria donde cada vez se usan más. Son lugares muy fríos donde la demanda térmica es muy importante”, señala el ingeniero.

“La gestión de los montes depende de las autonomías y en España hay comunidades autónomas con más posibilidades de generar biomasa con fines energéticas. Castilla y León y Cataluña han hecho una apuesta fuerte, y en toda la cornisa Cantábrica y Galicia hay gran potencial para su producción”, asegura.

 

Publicado por el diario El Mundo

 

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