Desarrollo sostenible y educación ambiental: “Cambio de hábitos”

Por Graciela Woronowicz (*),  abogada. Especializada en Derecho Ambiental y Educación Ambiental.

 

 

MISIONES (MARZO 2020).- El desarrollo, en sentido amplio, tiene que ver con el progreso de una región, un país, una ciudad, abarca aspectos sociales, económicos, culturales, ambientales, como ser nivel poblacional, productividad, generación de empleo, riqueza, producción de bienes y servicios, consumo, mejora en la calidad de vida y mucho más, tiene que ver con la utilización de los recursos naturales.

Las actividades humanas siempre generan impactos en el medio ambiente y los recursos. Sin embargo, durante miles de millones de años estos fueron utilizados por las diversas especies que habitan este planeta de manera “normal” -respetando su ciclo de regeneración, se puede decir que existía un “equilibro” en la utilización del recurso y su regeneración, pero esta situación cambió exponencialmente en los últimos 50/60 años por nuestras apremiantes necesidades y el avance tecnológico*.

El uso que debiera ser racional, equilibrado y con posibilidad de regeneración, se transformó en una sobreexplotación sin precedentes en la historia de la humanidad. Mucho se habla, publicita y disfruta de los beneficios a los que accedemos, pero poco se informa, educa y trasmite del costo que genera nuestra actual calidad de vida.

El aumento poblacional, (actualmente somos aproximadamente 7 mil millones de humanos y habitamos el mismo planeta desde los inicios de la humanidad, hace miles de millones de años atrás), la necesidad de alimentos, agua dulce, acceso a bienes y servicios, consumo descontrolado, ha hecho que los procesos de regeneración de los recursos del planeta hayan colapsado y hoy estamos presenciando un “desequilibrio ambiental” sin precedentes.

Este impacto se observa en el clima, erosión de suelos, falta de agua, desaparición de miles y miles de hectáreas de bosque/selva con la consecuente desaparición de flora y fauna, que simplemente se extinguen por falta de hábitat y alimento necesario, contaminación, generación descontrolada de residuos, entre otras incontables razones que  ponen en peligro la propia subsistencia del hombre sobre el planeta, estudiado, analizado, repetido por comunidades de científicos, estudiosos, filósofos, sociólogos,  aborígenes que tratan de enseñarnos los ciclos y las voces de la naturaleza.

Ante esta situación, la comunidad internacional se pone en alerta y luego de varios encuentros, estudios, proyecciones, surge una nueva mirada hacia el ambiente, a la forma de producción promoviéndose la urgente necesidad de modificar el modelo de desarrollo vigente, haciendo emerger el concepto de desarrollo sostenible, entendiéndolo como aquel que satisfaga nuestras necesidades, pero sin comprometer los recursos de las generaciones futuras a que puedan satisfacer las suyas. El desarrollo a futuro, dicen los especialistas, deberá necesariamente ser sostenible, equilibrado – respetuoso del medio ambiente, cambiando o transformando conductas sociales, económicas y ambientales.

Cómo volver al equilibrio? Cómo evaluar los costos? Cómo disminuir el impacto? En principio entendiendo nuestro nexo indisoluble con la naturaleza y el gran impacto que genera la actividad humana en el mundo, en el planeta; conocer y aprehender los procesos de regeneración o nuestra relación con el hábitat urbano o rural, nuestra relación con las demás especies, por aquí se debería comenzar, por la educación ambiental**.

La educación ambiental emerge entonces, como uno de los sostenes de revalorización de nuestro hábitat, de aprendizaje de los ciclos de regeneración, del respeto a las otras especies y comunidades que habitan este planeta, surge como un medio necesario para generar en los ciudadanos valores, nuevos comportamientos y nuevas actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado.

La ley general de ambiente, la enumera como uno de los instrumentos de la política y la gestión ambiental nacional, describiéndola como “el instrumento básico para generar en los ciudadanos, valores, comportamientos y actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado, propendan a la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible”.  En concordancia a este precepto, la provincia de Misiones sanciona la Ley XVI N° 80   -antes Ley 4182 de Educación Ambiental describiéndola como un proceso educativo mediante el cual el educando adquiere la percepción global y pormenorizada de los componentes del ambiente, así como la construcción de valores, compromisos y comportamientos orientados a la defensa y sustentabilidad del mismo.

Este proceso educativo debe abarcar la problemática de la naturaleza, la sociedad, la pobreza, la población, la salud, el trabajo y la cultura, constituyendo un proceso permanente e integrado al sistema educativo, desde una concepción de desarrollo sustentable, abordando al ambiente desde su complejidad. Tienen características propias como el de reconocernos todos actores/educadores ambientales; los ámbitos escolares de todos los niveles como indispensables, pero además, los órganos del Estado, organismos institucionales con competencia en el área ambiental, los medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales, empresas e instituciones públicas y privadas, promoviendo programas de capacitación acordes a su actividad, la sociedad en su conjunto en pos de aumentar una conciencia ambiental ciudadana y un sentido de responsabilidad hacia los problemas ambientales.

Otro de sus elementos distintivos la transversabilidad, ya que atraviesa los diversos ámbitos (educativos, laborales familiares, sociales), con un enfoque interdisciplinario y que no solo pretende sensibilizar sino lograr incorporar, modificar hábitos en pos de la sustentabilidad.

Guillermo Priotta en “la educación ambiental para el desarrollo sostenible” nos enseña que “…Una educación para el desarrollo sostenible nos deberá preparar para recuperar saberes y nos deberá enseñar a leer libros no leídos de nuestros campos y de nuestras calles. Nos ayudará a bucear en nuestra memoria de especie y en nuestros recuerdos personales …” .

La actual pandemia del coronavirus nos obliga a cambiar los hábitos. Observamos cómo el mundo cambia de conductas y hábitos. Nos piden solidaridad, respeto, compromiso, nos exigen cambios, cuidar de nosotros y de los demás, el virus nos transforma, nos  alerta, nos obliga a modificar conductas; el ambiente que nos rodea, nuestro planeta, la tierra nos reclama lo mismo, nos emplaza a un desarrollo sostenible, nos convoca a un   cambio de hábitos, uso y consumo responsable, ahorro y sobre todo nos llama a incorporar, en nuestra esencia, valores de solidaridad, igualdad, compromiso, cooperación, tolerancia, respeto a los derechos humanos, como lo es el derecho a un ambiente sano y equilibrado, como lo es el derecho a la salud.

 

 

Referencias
*Evaluación de los Ecosistemas del Milenio – Programa de las Naciones Unidas Para el Medio Ambiente – 2005.
** Educación Ambiental (Funiber – Fundación Universitaria Iberoamericana) 2016.

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