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Stanford Ovshinsky ha obtenido 400 patentes y tiene más de 300 publicaciones científicas que avalan su notable carrera como científico e inventor. Ahora abocado a lograr que la tecnología solar tenga un costo menor que el de los combustibles fósiles.
Fuente: América Económica
(2 de diciembre de 2009).- Es probable que el nombre de Stanford Ovshinsky (86) no diga mucho en estas latitudes, pese a que ha sido calificado como el Thomas Alva Edison de nuestra época, debido a los fundamentales aportes que ha hecho a la industria energética, tecnológica y de comunicaciones, a lo largo de toda su carrera como científico e inventor. Su pelo cano y su hablar pausado son una seña obvia del paso del tiempo, pero las más de 400 patentes que ha obtenido por sus distintas creaciones, y que ha vendido a distintas industrias, además de sus más de 300 publicaciones científicas, hablan con creces de una notable carrera de cuatro décadas que, lamentablemente, en estas latitudes ha pasado un poco inadvertida. Al igual que su compatriota Edison, Ovshinsky es hijo de inmigrantes y nació en Ohio, Estados Unidos, donde tuvo sus primeros acercamientos a la ciencia a través de los libros de una biblioteca pública. En la década de 1950, abrió el campo de la ciencia a los materiales químicos amorfos y desordenados, de los que se creía que tenían escasas propiedades conductivas, pero que gracias a sus investigaciones le permitieron revolucionar varias industrias. Entre los más importantes inventos de Ovshinsky destacan los paneles solares de películas delgadas flexibles; las baterías de hidruro de níquel-metal, que impulsan casi todos los vehículos híbridos que se venden hoy día; desarrolló el almacenamiento de hidrógeno en estado sólido y la memoria de cambio de fase, ésta última, que ha sido ampliamente utilizada en computadores portátiles, cámaras digitales y teléfonos celulares. La generación de energía, a partir de fuentes limpias, para evitar la dependencia de los combustibles fósiles, debido a sus graves efectos en el medioambiente, ha sido una de sus principales motivaciones. Porque no es sólo el interés en la ciencia lo que ha movido su carrera: sus fuertes convicciones sociales han sido un pilar fundamental. “No tiene sentido investigar, si no eres capaz de hacer algo. No quiero criticar solamente, yo quiero hacer algo al respecto y dar soluciones”, afirma. El comienzo de todo. “Lo que he hecho es crear una industria para mejorar los problemas, y al mismo tiempo crear una nueva industria para dar mejores empleos a las personas”, resume. Y agrega que junto a su esposa Iris, tuvieron suerte porque “vimos que había una tecnología disponible, y pudimos masificarla”. Ovshinsky no tuvo educación universitaria, y toda su formación ha sido autodidacta. Antes de graduarse de la escuela trabajó como fabricante de herramientas y maquinista en varias tiendas automotrices. Después de un tiempo, decidió establecer su propia compañía, donde desarrolló y patentó su primer invento, un torno automático de alta velocidad. Continuó sus estudios y reunió distintas investigaciones para ejecutar su trabajo con los materiales amorfos. En 1964, junto a Iris -con quien trabajó codo a codo por más 40 años, hasta antes de su muerte en 2006- funda Energy Conversion Device (ECD Ovonics), una compañía que comenzó a crecer por la venta de licencias y el desarrollo de las baterías de hidruro metal. ECD Ovonics tiene hoy tres áreas de trabajo: generación de energía, almacenamiento de energía y tecnologías de la información, además de una serie de filiales y empresas conjuntas con otras firmas, las que han permitido que ECD Ovonics se haya masificado.



