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Esta semana se conoció la compra del 0,5% de Inversiones Angelini por parte del ex gerente de Arauco y brazo derecho del patriarca del segundo grupo empresarial más rico del país
Fuente: Lignum
CHILE (30/5/2006).- Su ingreso representa mucho más que una simple adquisición: es el corolario de una larga relación de confianza y lealtad y el reflejo de que Pérez -después del caso Celco- nunca perdió poder dentro del conglomerado. Cuando el 5 de abril pasado Alejandro Pérez Rodríguez, el ex gerente general y hombre fuerte de Celulosa Arauco y Constitución (Arauco), concretó su ingreso como socio a Inversiones Angelini mediante la compra del 0,5% de esa sociedad en poco más de US$ 6 millones, no era sino la formalización por escrito de un acuerdo que ya estaba cerrado de palabra desde principios de año. «En marzo ya sabíamos de la transacción», confidencia un ejecutivo que conoció del tema. Fue el propio Anacleto Angelini, con el acuerdo y concurrencia de su sobrino Roberto Angelini, quien invitó a Pérez a participar en la propiedad de la compañía madre donde se deciden los destinos del segundo mayor conglomerado empresarial del país, con una fortuna que en marzo pasado fue valorada por la revista Forbes en US$ 2.900 millones. Para el mercado y la opinión pública al menos, Pérez pudo haber dejado de ser el hombre clave del grupo en el negocio forestal el 8 de junio de 2005, día que tras las fuertes presiones políticas -a raíz de la crisis ambiental que enfrentó Arauco en Valdivia- decidió dar un paso al lado y renunció a la gerencia general de esa empresa. Pero como dice un hombre que trabajó largos años con el conglomerado, «en realidad, él nunca se fue». Pese a que se alejó del cargo gerencial de primera línea que le valió fama de ejecutivo estrella del grupo, Alejandro Pérez (ingeniero, casado, cuatro hijos) retuvo su posición como director de Inversiones Angelini, sociedad dueña del 57,9% de Antarchile, que a su vez es propietaria del 60,7% de Empresas Copec. Desde allí, siguió siendo un colaborador permanente del grupo, participando en todas las decisiones estratégicas que ha tomado Angelini en el último año. La decisión de incorporarlo como socio representa mucho más que el casi simbólico 0,5% que acaba de adquirir. Junto con la transacción, el empresario de origen italiano decidió impulsar un cambio estatutario en Inversiones Angelini, lo que convierte a Pérez en un miembro permanente de lo que podría denominarse el círculo de hierro del conglomerado. «Después de uno de sus directores más cercanos, el abogado José Tomás Guzmán (quien tiene cerca del 1,9% de la mencionada sociedad), ésta es la primera vez que don Anacleto abre la propiedad de su compañía matriz a otro ejecutivo», dice un hombre que conoce al grupo y para quien este cambio representa un premio a las habilidades gerenciales y a la lealtad de Pérez. En efecto, Inversiones Angelini tiene tres tipos o grupos de directores. El primero está conformado por Anacleto Angelini Fabbri, patriarca del conglomerado, y su esposa, María Noseda Zambra. En el segundo grupo participaban hasta ahora su sobrino Roberto Angelini Rossi, José Tomás Guzmán y el abogado Arnaldo Gorziglia en representación de un conjunto de sociedades extranjeras dueñas de un porcentaje de la compañía. Y el tercero estaba compuesto por dos ejecutivos: el abogado Manuel Bezanilla y Alejandro Pérez. Sin embargo, tras la compra del 0,5% y los recientes cambios de los estatutos, Pérez ascendió al segundo grupo de directores, cargo que en la práctica es casi vitalicio y que, en caso de la muerte del ejecutivo, podrá ser ocupado por uno de sus cuatro hijos. Juntos desde Soprole El reconocimiento que recibió Pérez no es fruto de la casualidad. Hombre de pocos amigos y más bien reservado, ha cultivado la misma sobriedad y bajo perfil que ha sido el sello de Anacleto Angelini en su gestión empresarial. Ambos se conocieron cuando este último era dueño de Soprole, allá por los años «80, y Pérez se desempeñaba como ejecutivo de esa firma. En 1990 el empresario de origen italiano se lo llevó a trabajar como gerente general de Celulosa Arauco y Constitución, donde Pérez fue el responsable de situar a esta empresa entre las dos mayores productoras de celulosa del mundo. Obsesionado con bajar costos, en su administración Arauco se transformó en uno de los productores de celulosa más eficientes a nivel mundial, lo que explica en parte por qué esta compañía aportó el 67% de las utilidades de Copec en el ejercicio 2005. Trabajador como pocos -nunca dedicaba menos de doce horas diarias a la compañía-, un cercano que lo conoció durante sus años en Arauco afirma que «tuvo la habilidad de gestionar y defender los intereses de la empresa casi como si fueran los propios, pero nunca perdiendo de vista que toda su lealtad se la debía a don Cleto», como llaman en el grupo a Anacleto Angelini. Un punto de inflexión en su carrera lo marcó el conflicto que tuvo el conglomerado con la neozelandesa Carter Holt Harvey, con la que controlaba Copec en los «90. Tras un largo proceso de arbitraje entre ambas partes, Pérez fue uno de los negociadores clave en el acuerdo que a fines de 1999 permitió a Angelini comprar el porcentaje que tenían esos socios en Copec. En el mercado cuentan que el ejecutivo pasó la primeras horas de su cumpleaños en las negociaciones finales para poner término a un conflicto que se extendió por casi seis años. «Se convirtió en un factótum del grupo», recuerda un abogado que participó en el proceso. El caso Celco Lejos de lo que apareció públicamente, el conflicto ambiental de la planta Valdivia de Arauco y la salida de Pérez de la gerencia general a mediados del año pasado no vino sino a fortalecer aún más el estrecho vínculo que ya tenía el ejecutivo con Anacleto Angelini. En el punto más álgido del conflicto, cuando en mayo de 2005 La Moneda presionaba para que Arauco tomara medidas drásticas en su manejo de la crisis ambiental y el presidente Lagos señalaba que «el caso Celco afectaba la imagen país», Pérez comentó a sus cercanos que él sabía que el gobierno quería su salida. Pero si bien Angelini rechazaba esa opción, fue el propio ejecutivo quien en una reunión el lunes 6 de junio de 2005 convenció al nonagenario empresario de que ésa era la única solución. «Siento demasiada admiración por usted don Cleto para ver cómo lo ofenden y maltratan», fue uno de los argumentos de Pérez, quien también enfatizó que no quería que se le hiciera más daño a Arauco. Dos días después, la decisión se hizo oficial. «Si mi salida sirve para calmar las aguas, me doy por satisfecho», comentó Pérez pocas horas más tarde a sus cercanos. Y aunque por esos días partía a Estados Unidos para visitar a su hijo Alejandro Pérez Marchant -quien estaba terminando un MBA en Chicago, la misma universidad donde estudió él- y hacer una pausa antes de decidir su futuro profesional, ya desde ese minuto la alternativa de seguir junto al grupo estaba presente. «Tengo vínculos personales muy fuertes con don Cleto y estoy dispuesto a seguir ayudándolo», comentó a su círculo más íntimo poco antes de partir al extranjero. Visitas semanales Sus palabras no fueron casuales. Tras dejar la primera línea gerencial del grupo -y con ello su exposición pública-, en los últimos doce meses, junto con rearticular su carrera profesional esta vez como empresario independiente, Pérez ha fortalecido su relación con Anacleto y Roberto Angelini, siempre eso sí con el bajo perfil que lo caracteriza. Hoy es socio junto a Ignacio Fernández, Marcelo Ruiz, Andrés Navarro y Luis Cordero de Inmobiliaria Andrés Bello, una sociedad que administra los bienes inmuebles de la universidad del mismo nombre y que tiene en carpeta otros proyectos en el rubro inmobiliario y educacional. Además, ingresó como director a Clínica Indisa. Sus cercanos afirman que dedica prácticamente todas las mañanas a estos negocios, mientras que las tardes las reserva para sus actividades como asesor de Inversiones Angelini. Como estrecho colaborador del grupo, visita semanalmente a Anacleto Angelini en su casa, donde el empresario pasa la mayor parte de su tiempo, debido a una enfermedad que lo aqueja y que lo ha tenido retirado del día a día de sus negocios. Si bien desde que dejó Arauco no ha vuelto a visitar sus oficinas, ubicadas en el piso 14 de El Golf 150 -edificio corporativo del grupo Angelini- sigue yendo con frecuencia al piso 19 del mismo inmueble, donde al menos una vez al mes se realizan las reuniones de directorio de Inversiones Angelini. Allí está, por llamarlo de alguna forma, el cuartel general de las cabezas del grupo: una al lado de la otra se ubican las oficinas del propio Anacleto y de su sobrino Roberto, el miembro del grupo que después de «don Cleto» lleva las riendas del conglomerado. Mientras que la vinculación de Pérez con el grupo se desarrolló originalmente con su patriarca, en las empresas del holding afirman que el ejecutivo y Roberto Angelini han construido una buena relación. El propio Pérez afirma hoy que «sigo relacionado fuertemente y, diría yo, semanalmente con don Anacleto y Roberto Angelini». Y agrega que si bien cuando estaba en Arauco «el contacto era permanente y personal (y) las conversaciones versaban sobre los negocios» hoy «ese vínculo se ha mantenido con don Cleto y con Roberto». Más aún, cuando ocurrió la crisis de Arauco, era con este último con quien Pérez se entendía para definir el manejo diario del caso. «Subía mucho al piso 19 a conversar con él (Roberto Angelini) por el tema» confidencia un cercano. Patrimonio personal De allí que para los ejecutivos del grupo no resultara sorpresiva la invitación que le cursara el empresario de origen italiano a principios de este año para integrarse como socio y director permanente de la matriz de las empresas de Angelini. Como tampoco lo es el que Pérez haya podido desembolsar los US$ 6,2 millones que requirió la compra del 0,5%, porcentaje que Anacleto Angelini cedió de su participación directa que tenía en la sociedad y que hoy alcanza a 20,7% (su esposa, María Noseda, tiene el 15,8%, mientras que Roberto y Patricia Angelini poseen el 12,2% cada uno) . «Pérez tiene un patrimonio importante», dicen sus cercanos. Una parte de éste proviene de una herencia familiar por la línea materna. Su padre, Raúl Pérez, en tanto, es dueño de varios fundos (que sumarían más de 20.000 hectáreas) en la zona sur del país (VIII Región), dedicados preferentemente a la producción de trigo y a las plantaciones forestales. La mayoría de las tierras están ubicadas en Huépil, zona cercana a Los Angeles. A ello suman una compañía maderera y otra molinera, que operan bajo el nombre Monteverde. Según quienes conocen la zona, la familia es uno de los grandes productores de trigo a nivel nacional. Hoy, Alejandro Pérez dedica parte de su tiempo a ayudar a su padre en el manejo de estos activos. Este ingeniero de vida austera, quien por mucho tiempo prefirió volar en turista antes que en clase ejecutiva, también fue capaz de ahorrar y «hacer buenas inversiones», dice un amigo. Una de ellas, agrega otro ejecutivo, fue apostar al olfato de Anacleto Angelini y comprar acciones de Copec y Antarchile, las que hasta hoy mantiene. «En definitiva, hizo su fortuna con ahorros personales, herencia y austeridad para vivir», concluye este conocido. Pero sin duda su mayor fortuna consistió en haberse ganado la confianza de uno de los empresarios más destacados del país. Fuente: Revista Qué Pasa



