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Rescatando bosques en los confines del planeta

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Los esfuerzos por preservar diversas especies en el sur de Chile.

Fuente: Lignum

CHILE (29/3/2006).- Cuando Charles Darwin visitó Tierra del Fuego en 1832, sólo una mirada al paisaje fue suficiente para que posteriormente señalara en su diario: «Me demostró cuán inmensamente distinto era de cualquier cosa que hubiera visto». Incluso hoy, más de un siglo después del asentamiento de colonos europeos, la isla de los bosques sub-antártica es un lugar no domado. «No hay nada como esto», dice Lawrence Linden, un director de Goldman Sachs. Normalmente, los puntos de vista de los banqueros son complementarios sobre el mundo natural, y no cortarían mucho hielo entre los conservacionistas. Pero una de las cosas que distingue Linden es su recientemente creada reserva natural Karukinka en la parte chilena de Tierra de Fuego. Y, dado que Goldman es responsable de la existencia de la reserva, escuchar a los banqueros es una habilidad que los conservacionistas tendrán que aprender. La reserva Karukinka comienza su historia en los años 90, cuando Trillium, una empresa norteamericana, trató de talar los bosques de lenga -un árbol típico que sólo se encuentra en el sur de Chile y Argentina- de la isla. El proyecto, de todas formas, tuvo la oposición de grupos medioambientalistas locales y falló. En 2002, Goldman Sachs adquirió los créditos que habían apoyado el proyecto -y con ello la propiedad de 2.750 kilómetros cuadrados- como parte de un paquete de deuda. Dos años más tarde, la empresa donó la tierra a Wildlife Conservation Society (WCS) de New York y nació la reserva. Como parte del arreglo, Goldman puso US$ 6,6 millones de su propio dinero. Alrededor de US$ 1,1 millón de ello es para cubrir los costos administrativos de los tres primeros años de la reserva. El balance, junto a una posterior garantía de US$ 6 millones -parte de ellos de la empresa, parte de sus empleados, muchos de los cuales se han tomado a pecho este proyecto-, junto con US$ 6,3 millones que WCS ha levantado de forma independiente, serán utilizados para establecer un fondo para pagar por la futura protección de la reserva. Inicialmente, el proyecto se focalizará en restaurar el ecosistema a su condición original, particularmente «contener» a los castores que fueron introducidos desde Canadá en los años 50 para la cría de pieles. En la ausencia de predadores, estos roedores han provocado desastres, haciendo diques y causando extensos daños a los árboles. negrita/Activos/negrita Pero esos árboles no son el único activo de la reserva. Los conservacionistas están al menos tan entusiasmados con esto, como con los hongos y líquenes que crecen en los bosques de lenga, muchos de los cuales se cree que son únicos de Tierra del Fuego. Incluso más, la reserva pretende ser un modelo para la conservación de la Patagonia del sur, donde se ubica Tierra del Fuego. Pero aún cuando el área es la más grande de Chile bajo la administración de una organización de conservación extranjera y, posiblemente, la mejor financiada, no es la primera reserva privada de Chile. Esas reservas empezaron a aparecer en pequeña escala a fines de los «80. La mayoría fueron creadas por conservacionistas norteamericanos. Entonces, a principios de los «90, Douglas Tomkins, un multimillonario norteamericano que ayudó a crear Esprit y North Face, dos cadenas de ropa, empezó a comprar las tierras que ahora conforman los 3.000 kilómetros cuadrados del Parque Pumalín en la región de bosques y fiordos al sur de Chile. Pumalín fue controversial, en parte porque se encuentra en un área muy angosta del país (en efecto corta a Chile en la mitad). Pero fue un signo de una tendencia que generó prácticas mundiales en campos como la conservación que se abrió camino en Chile. Esto fue parte de un cambio cultural más amplio en el cual el país, con su recién restaurada democracia, hizo que la integración internacional fuera algo central es su estrategia de crecimiento económico. negrita/Inspiración/negrita Pumalín también inspiró a Sebastián Piñera, un hombre de negocios local y político, a pagar un estimado de US$ 6 millones por 1.150 kilómetros cuadrados de bosques en la isla de Chiloé, un poco más al norte de Tierra del Fuego. En los próximos cinco años, Piñera invertiría US$ 20 millones en la conservación de Chiloé y desarrollar el ecoturismo. Piñera quiere que su parque cubra sus costos administrativos, estimados en unos US$ 500.000 al año. La suspicacia de los banqueros y empresarios sigue ahí, y los medio ambientalistas locales están preocupados por esos proyectos. «Si son sólo iniciativas aisladas, ellas carecen de legitimidad; tienen que ser implementadas en un contexto de políticas de conservación nacionales», advierte Manuel Baquedano, presidente del Instituto de Políticas Ecologistas. Fuente: El Mercurio

Fuente: Lignum

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