La investigación, presentada en las JOTEFA 2026 -organizadas por la UNaM, INTA y COIFORM-, determinó que la densidad de apenas un hormiguero activo por hectárea compromete la productividad en etapas juveniles de Pinus taeda y Eucalyptus grandis. El desarrollo de este indicador de daño económico optimiza la toma de decisiones en campo y responde a las exigencias de certificación internacional de los mercados más competitivos.
Fuente: INTA Misiones
Las hormigas cortadoras de hojas representan una de las principales amenazas sanitarias para las masas forestales implantadas en la región. Sin embargo, hasta el momento, el sector carecía de parámetros técnicos estandarizados para determinar con precisión el momento en que el costo financiero de la intervención mitiga eficazmente la pérdida del volumen de madera.
Un reciente estudio interdisciplinario desarrollado en la provincia de Misiones arrojó luz sobre este vacío técnico, aportando por primera vez criterios cuantitativos para definir el Nivel de Daño Económico (NDE) de la plaga. La investigación fue liderada por equipos del INTA, la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM), el CONICET y universidades internacionales, concentrando los ensayos en plantaciones juveniles de Pinus taeda y Eucalyptus grandis, las dos especies de mayor relevancia comercial en la región.
Los resultados del monitoreo revelaron que la vulnerabilidad de las plantas en sus etapas iniciales de desarrollo es crítica. El impacto de la plaga se traduce de forma directa en un menor crecimiento, pérdida de volumen final y, por consiguiente, en una caída de la tasa de retorno de la inversión forestal.
De acuerdo con lo señalado por Abel Scherf, investigador del INTA Montecarlo y uno de los responsables del proyecto, las densidades cercanas a un solo hormiguero activo por hectárea ya son suficientes para desencadenar un perjuicio económico en la plantación.
«En ensayos controlados, se observó que ataques que alcancen el 20% de las plantas ya marcan el umbral a partir del cual las pérdidas justifican financieramente la inversión en el control, aunque este valor puede fluctuar según la especie y la estructura de costos operativos de cada empresa», explicó Scherf.
Asimismo, el investigador añadió que, bajo condiciones reales de campo, el impacto puede ser aún más drástico: a los 30 días de la implantación, un solo nido activo tiene la capacidad de provocar hasta un 40% de plantas totalmente defoliadas, comprometiendo severamente la tasa de supervivencia y el incremento medio anual del rodal.
Eficiencia operativa y exigencias de certificación internacional
El principal aporte de esta investigación es la introducción del concepto de Nivel de Daño Económico como un indicador de gestión. En la silvicultura moderna, la intervención temprana representa un costo inmediato, pero la dilación en el control sistemático deriva en pérdidas patrimoniales severas. El indicador define el punto de equilibrio donde el costo del daño previsto supera el costo de la aplicación del control.
Este enfoque técnico es indispensable en el marco de los sistemas de certificación forestal internacional —como el FSC (Forest Stewardship Council)—, que promueven el Manejo Integrado de Plagas (MIP) y exigen un uso racional y restrictivo de insumos químicos. Al contar con un parámetro científico para decidir cuándo intervenir, las empresas evitan aplicaciones innecesarias, reducen el impacto ambiental y optimizan sus costos, blindando el acceso de la madera misionera a mercados de alta exigencia regulatoria, como el europeo.
«El trabajo proporciona un criterio estrictamente técnico para orientar el monitoreo y la toma de decisiones operativas en el campo», destacaron desde el equipo de investigación.

Respaldo científico en las JOTEFA 2026
Los detalles y las conclusiones de este modelo de manejo sanitario fueron expuestos durante la XX edición de las Jornadas Técnicas Forestales y Ambientales (JOTEFA), que se llevaron a cabo en la ciudad de Eldorado en abril. El evento, que conmemoró sus 40 años de trayectoria institucional, fue organizado de manera conjunta por la Facultad de Ciencias Forestales de la UNaM, el INTA y el Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones (Coiform).
Las jornadas consolidaron su rol como el principal espacio de transferencia científica y tecnológica del sector forestal en el país, reuniendo a más de 400 participantes y registrando la presentación de más de 250 trabajos técnicos y científicos. El foro contó, además, con la intervención de conferencistas internacionales y delegaciones de diversas provincias, quienes debatieron sobre sanidad, mejoramiento genético, cambio climático e innovación en los procesos de transformación mecánica y química de la madera.




