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Día Internacional de los Bosques 2026: “La economía mundial depende de los bosques”, asegura el subdirector general de la FAO, Zhimin Wu

El 21 de marzo de cada año se celebra a nivel mundial el «Día Internacional de los Bosques». Este año bajo el lema sobre “Bosques y economías”. Los bosques aportan USD 1,52 billones al año a la economía global y sostienen más de la mitad del PBI mundial, señala el subdirector general de la FAO, Zhimin Wu, quien explica cómo los bosques sustentan la economía global, generando billones de dólares al año y apoyando millones de medios de vida.

 

ROMA (Marzo 2026).- “Bosques y economías” es el tema del Día Internacional de los Bosques de 2026, que celebra el papel esencial de los bosques como motor de la prosperidad económica.

Este papel va mucho más allá de los ingresos y los puestos de trabajo derivados de la producción forestal y el comercio de materias primas renovables y alimentos: los bosques también sostienen la agricultura familiar y comunitaria, mejoran la productividad agrícola y salvaguardan la salud de las cuencas hidrográficas.

En un momento en el que muchos países tratan de avanzar hacia una bioeconomía sostenible, los productos forestales ofrecen soluciones basadas en la naturaleza como sustitutos de materiales intensivos en carbono, al tiempo que generan nuevas oportunidades económicas.

Los bosques son indispensables para economías sanas, hoy y para las generaciones futuras.

Desde ArgentinaForestal.com compartimos el mensaje del subdirector general y Director de la División de Actividad Forestal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Zhimin Wu, quien explica cómo los bosques sustentan la economía global, generando billones de dólares al año y apoyando millones de medios de vida.

También en su reflexión propone acciones para responder a la creciente demanda de productos forestales mientras el mundo avanza hacia una bioeconomía sostenible.

La economía mundial depende de los bosques

El dinero no crece en los árboles, pero gran parte de nuestra prosperidad sí lo hace.

Los bosques contribuyen con discreción a actividades económicas que mueven billones de dólares, sostienen millones de puestos de trabajo y proveen recursos esenciales como los alimentos que consumimos, el aire que respiramos y el clima del cual dependemos. En realidad, la economía mundial no puede funcionar sin bosques sanos.

Los bosques ofrecen mucho más que madera. Estabilizan los suelos, regulan recursos hídricos fundamentales para los sistemas agroalimentarios y la productividad industrial, suministran energía y una gran riqueza de productos forestales; además, crean espacios para el ocio y el ecoturismo.

Se calcula que el sector forestal formal por sí solo aporta 1,52 billones de dólares anuales a la economía mundial, mientras que más de la mitad del producto interno bruto mundial —unos 44 billones de dólares— depende de los recursos naturales, en particular de los bosques.

Para más de 2.000 millones de personas, el combustible producido por la madera es esencial para cocinar y calentarse, y los medios de vida de cientos de millones de personas dependen directamente de los bosques.

Además de la madera, los bosques proporcionan alimentos, medicamentos, resinas, fibras, alimento para animales, y plantas ornamentales que sirven de apoyo a unos 5 800 millones de personas en todo el mundo.

El valor de estos productos forestales no madereros asciende al menos a 9 410 millones de dólares anuales, cifra que podría incrementarse mucho más.

Al almacenar carbono, los bosques ayudan a proteger las economías de las repercusiones del cambio climático, que pueden alcanzar un costo de miles de millones de dólares.

En el Brasil, por ejemplo, se ha demostrado que la transformación de bosques tropicales en tierras de cultivo reduce la evapotranspiración —la transferencia de agua de la tierra a la atmósfera— en un 30 %, lo que eleva las temperaturas locales y pone en peligro la agricultura de secano. Sin los bosques, la producción mundial de alimentos es sencillamente imposible de mantener.

Los bosques también forman parte de la solución natural conforme el mundo inicia la transición hacia una bioeconomía, basada en alternativas respetuosas con el clima frente a materiales que generan más emisiones, como el acero, el concreto y el plástico.

A medida que la población aumenta, la madera renovable y sostenible utilizada en la construcción de viviendas y en la industria puede convertirse en la piedra angular de una economía con bajas emisiones de carbono, mientras que productos innovadores como los textiles y envases alimentarios fabricados a partir de madera, o incluso el “vidrio” transparente, ya son una realidad.

Esto se traducirá en un aumento de la demanda de productos forestales, que ya registra niveles sin precedentes.

Por ejemplo, para 2050, es posible que el mundo necesite 1000 millones de metros cúbicos de madera en rollo industrial adicionales a los 4000 millones de metros cúbicos que se producen actualmente cada año.

Por supuesto, los bosques ya están sometidos a presión. Albergan hasta el 80 % de la biodiversidad terrestre y, pese a todo, se siguen talando con otros fines económicos, aunque la deforestación y la degradación forestal se están ralentizando en todo el mundo.

La economía mundial del futuro deberá adquirir una visión diferente a medida que el cambio climático se intensifique: más sostenible, más circular y más estrechamente vinculada a la naturaleza.

Para lograrlo, debemos conjugar la protección y la producción, en lugar de tratarlas como antagónicas.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) está trabajando con el fin de promover las medidas concretas necesarias para hacer realidad la visión de unos bosques sanos que respalden los medios de vida y proporcionen servicios ecosistémicos, por ejemplo, a través de productos sostenibles.

En primer lugar, dar respuesta a una demanda creciente no implica tener que extraer de la naturaleza más de lo que puede regenerar.

Utilizar la madera de forma más eficiente, reciclar de forma más inteligente y reutilizar los productos madereros puede reducir la presión sobre los bosques.

Los usos de larga duración, como los edificios de madera, almacenan carbono durante decenios, “estirando” más cada tronco talado.

La gestión forestal sostenible es vital para garantizar que la tala de madera y la recolección de productos forestales no madereros respeten los límites ecológicos y que los ecosistemas forestales se mantengan saludables.

El comercio internacional también puede ayudar a equilibrar la oferta y la demanda mundiales, y así hacer posible que las regiones con abundantes recursos forestales apoyen a las que tienen menos.

Ahora bien, para evitar la deforestación y la sobreexplotación de los productos forestales no madereros y garantizar que las comunidades locales se vean beneficiadas, el comercio debe basarse en unas normas de sostenibilidad y una gobernanza sólidas.

Los sistemas de incentivos y la financiación innovadora también pueden ayudar mediante recompensas a quienes protegen los bosques y los gestionan de forma responsable, desde los pequeños agricultores hasta los grandes productores.

Por último, es necesario concienciar a la opinión pública sobre la manera en que los bosques pueden utilizarse de forma sostenible como solución climática.

Por eso, el año pasado, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la iniciativa “Grow thesolution” (Cultivar la solución) de la Asociación de Colaboración en materia de Bosques lanzó la campaña “Wood you?”, en la que se mostraban seis usos de la madera sostenible respetuosos con el clima.

La bioeconomía, que no deja de crecer y se basa en materiales renovables como la madera y el bambú, está lista para ampliar su escala y ofrece un futuro prometedor, siempre y cuando se mantenga asentada con firmeza en actividades forestales sostenibles. Para ello, es esencial contar con salvaguardas, normas claras y una buena gobernanza.

El 21 de marzo, con motivo de la celebración del Día Internacional de los Bosques, una conclusión destaca con claridad: sin bosques, no hay economías. Las decisiones que se tomen ahora determinarán si podremos proteger los bosques y, al mismo tiempo, construir economías fuertes y resilientes para las generaciones venideras.

 

(*) Por el Sr. Zhimin Wu, Subdirector General y Director de la División de Actividad Forestal de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura

 

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