| Un comercio ambiental con futuro |
Chile se inicia en el negocio de vender certificados que acreditan la reducción de contaminantes a los países desarrollados. Ellos pagan para poder emitir gases fuera de la cuota de emisión que les permite el Protocolo de Kioto de 1997.
Fuente: Lignum
CHILE(1/9/2004).- El planeta se calienta. Pero ni la ética ni la presión de los ecologistas han sido suficientes para que las industrias contaminen menos. Se tuvo que crear un negocio para que a las empresas les resultara atractivo invertir en reducir sus emisiones de gases. Es el mercado de los bonos de carbono, un sistema que se elaboró en 1997 y que permite, simplemente, vender descontaminación. O comprar el derecho a contaminar que otra empresa no usa en cualquier lugar del mundo. Se prevé que al año 2010 este negocio moverá US$ 10 mil millones y Chile es uno de los países que actualmente está marcando liderazgo. Ya hay cuatro compañías nacionales que han vendido estos bonos. Agrosuper fue la última y su operación es una de las tres más grandes que se han realizado en el planeta. Para entenderlo bien: las compañías de los países desarrollados que ya cumplieron o sobrepasaron la cuota de emisión de gases a la atmósfera (como carbono y metano) -establecida en el Protocolo de Kioto en 1997- tienen una salida más rentable que mejorar sus propias tecnologías. Pueden comprar la disminución de contaminación que está realizando una industria en otro lado del planeta. Esta transacción se hace a través de la compra y venta de un bono, que en la práctica es un Certificado de Reducción de Emisiones (CER, según su sigla en inglés) que acredita la cantidad de toneladas de carbono que se deja de emitir (ver recuadro). Actualmente el precio de una tonelada de carbono que se reduce varía entre US$ 3,8 y US$ 5,5. negrita/Ejemplo chileno/negrita ¿Cómo lo hizo Agrosuper, por ejemplo?El año 2000 decidió invertir US$ 30 millones en tecnología para evitar que la descomposición de los purines (guano líquido) de los cerdos siguiera emitiendo metano, un gas que es 21 veces más dañino que el carbono para el efecto invernadero. Instaló varios «digestores» que reciben a los purines en un lugar y los tapa con un material sintético. Así no se van a la atmósfera. Pretenden reducir 400 mil toneladas de carbono al año (la equivalencia al metano que producen). Al precio promedio mínimo, la empresa obtendría sobre un millón y medio de dólares. Por eso se lanzaron en este negocio y, la semana pasada, firmaron contratos con dos compañías eléctricas: Tokio Electric Power Company de Japón y TransAlta Corporation de Canadá. »Con esto pretenden financiar parte de la inversión y el resto lo harán con futuras ventas de bonos», explica Sergio Vives, el abogado de Urquidi, Riesco y Compañía, el estudio que ayudó a hacer la transacción. La compañía chilena pionera en abrirse paso en este incipiente mercado fue la central hidroeléctrica Chacabuquito en 2002. Después lo hicieron Watt’s y Nestlé. Según la directora de la Conama, Paulina Saball, «este mecanismo mundial beneficia directamente a Chile, ya que impulsa a las empresas nacionales a cambiar sus procesos productivos». En este mercado, los grandes compradores son Japón, Holanda, Canadá, Estados Unidos y la Unión Europea. Además del Fondo Prototipo de Carbono, una iniciativa creada por el Banco Mundial para impulsar los proyectos que reduzcan los gases. Todos estos países tienen una alta meta de reducción, pero un desarrollo tecnológico tan grande que deberían hacer inversiones casi inalcanzables para mejorar lo que tienen. Si bien aún nadie los obliga a comprar bonos porque el Protocolo de Kioto todavía no entra en vigencia (falta que Estados Unidos o Rusia firmen), estos países se adelantaron. La abogada de la Conama experta en este tema, Marcela Main, explica que en el caso de la Unión Europea se elaboró una norma comunitaria que exige lo mismo que el Protocolo y que entra en vigor el 1 de enero de 2005. Japón y Canadá van en la misma línea de Europa. Además, aprovechan este momento, ya que los analistas prevén que cuando el sistema entre en vigencia el precio de la tonelada de carbono subirá. Entre los vendedores, Asia y América Latina han tomado la delantera. China e India son los que tienen mayor potencial porque son grandes emisores, pero, en contraste con los países desarrollados, tienen espacio para mejorar a bajo costo. En este incipiente negocio no ganan sólo los vendedores y los compradores. También se benefician los que dan servicios tecnológicos (quienes evalúan el proyecto, calculan la rentabilidad y la metodología), los asesores legales y financieros, los brokers o intermediarios (que contactan a las empresas) y las compañías que proveen de tecnología para concretar el proyecto. Incluso, se produce un negocio tras bambalinas. En la Fundación Chile explican que las empresas que adquieren las reducciones de gases compran bonos a condición de que los vendedores usen tecnologías de su país en el proyecto de descontaminación. Tanto así, que Ana María Ruz, ingeniera del área Medio Ambiente de la Fundación Chile, se atreve a decir que «el negocio real de los bonos de carbono está en los servicios financieros y en la provisión de tecnología, no en las transacciones de créditos». Aunque este negocio haga brillar los ojos de muchos, sólo acceden algunos. Los proyectos que buscan financiarse con los bonos deben lograr que las reducciones de gases sean adicionales a las que existen o las exigidas por la norma. O sea, si la regla de un país obliga a capturar el 20% de las emisiones de gas que salen de los basurales, la empresa no puede vender esa cantidad. Sólo lo que haga más allá del piso exigible es lo que puede comerciar. Únicamente tienen posibilidades los proyectos que foresten suelos degradados o que no tenían nada. Por eso los analistas afirman que aunque la venta de bonos es una oportunidad de negocio, no es la panacea. Hay una gran incertidumbre en el mercado y todavía son pocas las compañías que se arriesgan. Marcela Angulo, gerente del área Medio Ambiente y Metrología Química de la Fundación Chile, explica: «Hay una gran desinformación, mitos y asimetría en los precios de las transacciones». Esto, porque no hay obligación de publicar los valores ni tampoco hay un solo lugar que registre todas las transacciones. negrita/Para grandes empresas/negritaHasta ahora, el negocio está reservado en la práctica a las grandes empresas porque son las únicas capaces de enfrentar los altos costos que implica una operación de compraventa. Sólo por la transacción (pago a abogados, brokers y evaluación del proyecto) hay que desembolsar entre US$ 100 mil y US$ 200 mil, afirma el gerente de Medio Ambiente de la Sofofa, Jaime Dinamarca. Además, se necesita reducir como mínimo 200 mil toneladas de carbono para que el proyecto sea viable, agrega el experto. Por esto, Marcela Angulo aconseja que una buena salida es la asociación de proyectos afines. Por ejemplo, que las minicentrales hidroeléctricas se unan y juntas contraten los servicios tecnológicos o legales. En Chile hay varios proyectos en carpeta. Algunos prontos a tener buenos resultados, como rellenos sanitarios que capturan los gases que emiten. Pero mientras no se ratifique Kioto, el mercado seguirá siendo incierto y con grandes lagunas de información. Es un mito que con los bosques existentes en Chile se pueda vender bonos. No se puede, porque no son un aporte adicional a la descontaminación. negrita/La operación del sistema/negritaBonos: Forma de financiamiento en la cual una compañía emite un título en el mercado para que los inversionistas los compren y, a cambio, se compromete a cumplir lo que se especifica en el documento en un plazo determinado. En el caso de los bonos de carbono, los inversionistas compran un certificado que acredita que una empresa redujo la emisión de determinada cantidad de carbono a la atmósfera y eso le permite a la compradora continuar contaminando lo mismo. Efecto invernadero: Estudios realizados por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático establecieron que las emisiones de dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y clorofluocarbonos, derivados de la actividad humana, han aumentado la temperatura del globo y están alterando la atmósfera de tal manera que afectarán el clima. Afirman que en los últimos 100 años la temperatura del globo creció 0,6%. Protocolo de Kioto: En 1997 se estableció que al año 2011, 36 países industrializados deben reducir sus emisiones contaminantes 5,2% por debajo del nivel que tenían en 1990. Como cumplir esa meta significa altos costos, también se creó el Mecanismo de Desarrollo Limpio, en el cual los países industrializados pueden adquirir las reducciones de gases en naciones en vías de desarrollo. El protocolo aún no se ratifica porque falta que Rusia o Estados Unidos lo firmen para que se cumpla el quórum necesario, es decir, al menos el 55% de los países que emiten el 55% de los gases de efecto invernadero. Estados Unidos es responsable del 36% de los gases y Rusia, del 17%. Ambas son cifras muy superiores a las nuestras. América Latina emite el 6% del total de gases y Chile el 0,2%. Fuente: El Mercurio



