El fotógrafo y conservacionista presentó en Posadas su libro “Iguazú, antigua región del Guayrá” y convirtió la charla en un llamado profundo a proteger la selva misionera y frenar la pérdida de su biodiversidad. Con tres décadas de trabajo en campo, advierte: «Hay más conciencia ambiental, pero también más amenazas».
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
MISIONES (26/4/2026).- No fue solo la presentación de un libro. Fue, más bien, una invitación a mirar la naturaleza con otros ojos. A detenerse. A escuchar ese “silencio lleno de vida” que define a la selva. Y, sobre todo, a asumir una responsabilidad colectiva donde la producción puede convivir en equilibrio con la conservación.
El naturalista y fotógrafo Emilio White presentó este sábado en Posadas su más reciente obra, “Iguazú, antigua región del Guayrá”, en la librería Tras Los Pasos, en una charla moderada por el periodista Carlos Vedoya Recio, generando una conversación con el público presente que combinó relatos de experiencia, emoción y una preocupación que atraviesa toda su trayectoria: la pérdida de biodiversidad del Bosque Atlántico.

Con más de 30 años recorriendo territorios salvajes -desde el Pantanal brasileño hasta África, pasando por el Gran Chaco y la Amazonía- Emilio construyó una mirada única sobre la naturaleza. Su recorrido incluye trabajos con la BBC, documentales internacionales, investigaciones en el Gran Chaco y colaboraciones con publicaciones de la Reserva Forestal San Jorge, de Arauco Argentina.
Sin embargo, su lugar en el mundo sigue siendo el Bosque Atlántico, esa selva que resiste en Misiones y que define tanto sus obras como su vida.
White es conservacionista, y por ello transformó su vida en un proyecto integral. Vive entre Iguazú y Puerto Libertad, donde junto a su esposa impulsa La Lorenza, una reserva privada de 25 hectáreas –a 50 km de Iguazú sobre el Río Paraná- que combina conservación y turismo. Allí recibe visitantes que buscan experiencias auténticas en contacto con la selva y el río, en una propuesta que articula naturaleza, cultura y educación ambiental.

Un libro como excusa para un mensaje mayor
Su nuevo libro recorre un territorio tan fascinante como desafiante: el corredor natural entre los ríos Iguazú y Paraná, abarcando áreas del Parque Nacional Iguazú y su continuidad en Brasil, en Foz de Iguazú.
Pero el enfoque trasciende la geografía. La obra propone una idea central: la naturaleza no reconoce fronteras políticas.
En sus 96 páginas conviven imágenes de yaguaretés, pumas, tapires, hongos y aves, en paisajes dominados por especies únicas, como árboles gigantes palos rosa y palmitos. Es, en palabras del propio autor, un manifiesto visual que busca despertar conciencia sobre la necesidad de conservar la biodiversidad.
Para lograr esas imágenes, White muchas veces se interna durante días -a veces semanas- en la selva, camuflado, esperando el registro que transmita un mensaje. Allí experimenta una sensación que intenta traducir en palabras: “La selva tiene una calma que no es silencio, sino un entramado de miles de voces”, explica.
“De pronto, aparece una especie única. Me ha tocado estar a metros de un yaguareté que disfrutaba en el río. Son momentos que te atraviesan”, relató.
Su nuevo libro combina fotografía con narrativa ilustrada, con obras del artista Tito Sáenz Rozas. Entre ellas, se destaca el mapa del Guayrá y la historia de Atiaia, una cachorra de jaguar.
Aunque puede parecer un cuento infantil, el mensaje es universal: refleja las tensiones, pérdidas y resiliencia del Bosque Atlántico. “Queríamos sumar una capa distinta, darle una identidad propia al libro y la ilustración de Tito fue un gran aporte”, explicó White.

Gratitud y emoción como punto de quiebre
El momento más intenso de la charla -en el marco de la presentación en Tras los Paso- llegó cuando White habló de su propósito con el trabajo que realiza. La voz se le quebró y la emoción invadió a su público presente.
“Me encanta lo que hago, me siento un privilegiado. Pero también siento que tengo que devolver a la sociedad ese regalo que es poder ver y registrar esta naturaleza. Con los libros busco comunicar ese valor ambiental único y amenazado, donde aún hay mucho por hacer para su protección. Ese es el propósito, y ojalá sirva para generar más conciencia, para que se cuide, se valore y se proteja”, expresó, visiblemente emocionado.
Esa idea -la de devolver- atraviesa toda su obra. No se trata solo de fotografiar, sino de comunicar. De incomodar. De interpelar.
“La producción en equilibrio con la conservación es posible, y Misiones –aunque aún muchos no se den cuenta- es un ejemplo de ello con sus paisajes productivos protegidos, sus corredores biológicos, sus reservas privadas”, remarcó en la entrevista con ArgentinaForestal.com

El dolor frente a la pérdida
En la conversión abierta con su público, White compartió uno de los momentos más duros de su carrera. Recordó el registro que logró de la sequía histórica e incendios de 2020-2021 en los esteros del Iberá en Corrientes y en la selva misionera. “Fue la primera vez que vimos incendios en el bosque nativo de Misiones. Fue algo extremo, muy fuerte”, señaló.
Pero lo que más lo marcó no fue solo la destrucción ambiental, sino el impacto humano. “Ver animales morir es durísimo, pero también la impotencia de la gente que cuidaba esos lugares. Gente que lloraba por un yacaré o un zorro quemado, por los humedales perdidos. Fue devastador”, recordó.
Aunque reconoce la capacidad de recuperación de la naturaleza, advierte: “Todavía hay mucho por hacer”.
Más conciencia, más problemas
En la entrevista, el fotógrafo dejó una reflexión incómoda: “Hoy hay más conciencia ambiental que hace 30 años atrás, pero estamos peor”, afirmó.
Para White, el desafío no es solo social, sino estructural: involucra al Estado, al sector privado y a toda la comunidad.
En ese contexto, destacó el caso de Misiones como un territorio singular: “Es una provincia que logró cierta convivencia entre producción y conservación. Tiene agroindustria, yerba mate, turismo, forestación… y aún conserva biodiversidad con especies como el yaguareté, el tapir, la yacutinga, o el águila harpía. Pero siento que nos estamos durmiendo. Y no hay que dormirse ante la pérdida de la naturaleza”.
Un desafío que trasciende fronteras
El libro también pone en evidencia un problema regional: la fragmentación del hábitat en el Bosque Atlántico.
White explicó que, mientras Misiones conserva una matriz forestal, en países vecinos como Paraguay y Brasil predominan sistemas productivos agrícolas y ganaderos que dificultan la supervivencia de especies como el yaguareté.
“Si un yaguareté cruza hacia Paraguay, probablemente no tenga dónde sobrevivir. En cambio, si cruza hacia Argentina, tiene mejores condiciones. Eso muestra la necesidad de políticas regionales”, advirtió.
En ese sentido, insistió en la importancia de los corredores biológicos, la restauración de bosques y la cooperación entre países.
En este contexto es que White se define como naturalista, conservacionista y, sobre todo, comunicador. “Ya sea en una charla, una foto o una caminata por la selva, lo que busco es transmitir algo”, sostuvo.
En tiempos donde la información abunda pero la conexión con la naturaleza se debilita, su mensaje resuena con fuerza: lo que está en juego no es solo la belleza de un paisaje, sino la posibilidad de seguir habitándolo.
Porque, como quedó claro en Posadas, su libro no es un punto de llegada. Es una excusa. Un puente. Una forma de decir —con imágenes y palabras— que aún estamos a tiempo.









