Restauración ecológica de ecosistemas boscosos nativos de zonas áridas en la Argentina

Un informe que expone la importancia y grafica el estado de los bosques nativos en las zonas áridas de la Argentina. Escribe el Ing. Agr. Mariano Cony (IADIZA-CONICET).

 

¿Estaríamos dispuestos a pagar más por un Kg de leña o carne producido en un bosque de zonas áridas manejado de una manera que favorezca su integridad y perdurabilidad? Y si esta integridad se ha perdido, ¿estaríamos dispuestos a invertir recursos económicos en su restauración ecológica?

 

ARGENTINA (3/5/2021).- En 2017, el último relevamiento realizado por científicos de diferentes países, muestra que 514.000.000 de hectáreas, en el mundo, están ocupadas por bosques de zonas áridas o semiáridas. En Argentina, se localizan en las regiones eco-geográficas del Chaco Árido, Monte y Espinal.

Estos ecosistemas, además de los recursos visibles y tangibles para la mayoría, como la madera, leña o el forraje para el ganado, generan una serie de beneficios ecosistémicos que, lentamente, se están empezando a valorar. Entre ellos podemos mencionar: fijación de CO2;prevención de la erosión y pérdida de suelos; sombra; aporte y ciclaje de nutrientes; favorecimiento del establecimiento de otras especies, conocido como “efecto de planta nodriza”;hábitat para la fauna silvestre y su valor paisajístico.

Si bien no resultaban muy atractivos económicamente, casi la totalidad de los bosques de zonas áridas sufrieron manejoses quilmantes (tala rasa, sobrepastoreo e incendios) que provocaron fuertes procesos de degradación ydesaparición de la cobertura forestal.

 

Restauración ecológica (RE): un concepto más allá del romanticismo

Si bien lo “ecológico”, todavía es asociado por muchos a una visión “romántica” de la vida, la Sociedad Internacional para la Restauración Ecológica (SER), fundada en 1988 por un grupo de científicos, profesionales, técnicos, ecologistas, decisores políticos y líderes comunitarios de todo el mundo, definió en 2004 a la RE como“el proceso por el cual se promueve la recuperación de un ecosistema que ha sido degradado, dañado o destruido”.

También, en la SER, se consensuó que un ecosistema “restaurado” deberá tener los siguientes atributos:

1)    Contener un conjunto característico de especies que habitan en el ecosistema de referencia y que proveen una estructura apropiada y funcionalidad a la comunidad. Serán especies autóctonas hasta el grado máximo factible.

2)    Tener la capacidad de sostener poblaciones reproductivas de las especies necesarias para la continua estabilidad.

3)    Integrarse adecuadamente con la matriz ecológica y el paisaje.

4)    Eliminar o reducirlas amenazas a la salud e integridad del ecosistema.

5)    Tener suficiente capacidad de recuperación como para soportar estrés periódico y normal del ambiente local, manteniendo la integridad del ecosistema.

6)    Ser auto-sostenible.

De acuerdo al umbral de degradación alcanzado, son diferentes las opciones y costos de la restauración. Si se han producido, fundamentalmente, cambios en la composición de la vegetación, los esfuerzos de restauración estarán direccionados a remover el factor de degradación y a favorecer o reimplantar las especies deseadas. En cambio, si la degradación provocó cambios abióticos profundos como la erosión, los esfuerzos estarán orientados hacia la remoción del factor de degradación y a la reparación física del ambiente.

Estrategias de restauración en bosques degradados de zonas áridas argentinas. Especies clave ¿Restauración activa o pasiva?

El objetivo general de la restauración de los bosques de zonas áridas es restituir rápidamente la cubierta vegetal para proteger el suelo de procesos erosivos. Los árboles como Prosopis flexuosa y Prosopischilensis (algarrobos), que dominan estos ambientes, resultan especies claves para lograrlo, dado su rol ecosistémico y sus características de poseer raíces profundas que les permiten utilizar agua subterránea y no depender, únicamente, de las escasas lluvias.

La capacidad de regenerarse naturalmente o no de una especie en un ambiente degradado define la estrategia de restauración. El favorecimiento de la regeneración natural es llamado restauración pasiva, mientras que la restauración activa implica la reintroducción de especies en áreas con baja o nula regeneración natural. Este último es el caso de la mayoría de los algarrobales degradados del Monte.

Estudios realizados en los bosques nativos de Ñacuñán (Santa Rosa, Mendoza),demuestran que son necesarios 25 años para lograr la regeneración natural de, solamente, una planta adulta de algarrobo/ha. Con estas tasas tan bajas de regeneración natural, la restauración activa resulta la mejor alternativa para la recuperación de estos bosques degradados.

 

Consideraciones morfo-fisiológicas y genéticas de las plantas para aumentar las probabilidades de éxito en la RE de bosques de zonas áridas

Las zonas áridas, comúnmente, muestran una altísima variabilidad espacial en las propiedades del suelo y su microclima. Al mismo tiempo, la variación intra e inter-anual de las escasas precipitaciones es tan alta que resulta inviable pronosticarlas anual o estacionalmente.

Esta heterogeneidad espacial y temporal, complica la identificación de los tipos de plántulas más apropiadas para la reforestación. Dadas estas limitaciones, se recomienda: usar plantas con diferentes características morfo-fisiológicas adecuadas para diferentes unidades de paisaje y regímenes de precipitación; identificar sitios apropiados para cada tipo morfo-fisiológico; refinar los métodos de pronóstico de precipitaciones y utilizar las tecnologías disponibles (o generar nuevas) para aumentar la disponibilidad de agua en el terreno definitivo.

Así, genotipos de rápido crecimiento, fundamentalmente, de raíz gruesa que crece verticalmente, facilitaría el acceso a las capas subterráneas presentes en estos ecosistemas  y anticiparía su independencia de las lluvias o de los riegos suplementarios. Dichos genotipos serían los más apropiados para la restauración de sitios en donde se dispusiera de suficiente irrigación, suplementaria que, aunque eleva sustancialmente los costos de la restauración,reduce los efectos de largos períodos de sequía.

En cambio, genotipos de baja tasa de crecimiento aéreo, en los cuales la relación vástago-raíz sea lo más baja posible, enfrentarían mejor las condiciones de sequía extrema, inmediata a la plantación, cuando la irrigación suplementaria fuera escasa.

Queda claro que los criterios para seleccionar genotipos para la restauración de ecosistemas boscosos degradados de zonas áridas, difieren de los normalmente utilizados para producir madera de alta calidad. Los objetivos de la restauración son más amplios y los ecosistemas a restaurar presentan, normalmente, condiciones ecológicas de estrés extremo. La supervivencia de las plantas pasa a ser uno de los parámetros más importantes a tener en cuenta al seleccionar los genotipos apropiados para la RE.

Restauración y cambio climático

Contar con modelos que estimen,escenarios ambientales futuros, frente al cambio climático, permitiría seleccionar material genético intra-específico para dichos escenarios. En muchos casos, las procedencias locales podrían no resultar las más adecuadas para enfrentar condiciones diferentes a las actuales. En otros, se podrían aprovecharcaracteres de los árboles que actualmente no se aprovechan.

Evaluar, para dentro de 50 años, la producción de madera para aserradoen algunos sitios del Monte, utilizando genotipos de las mismas especies que se desarrollen mejor bajo esos escenarios futuros, pasa a tener sentido y pone en discusión el “precepto” de la procedencia local como la fuente de germoplasmamás apropiada para llevar adelante las tareas de RE.

 

Priorización de proyectos de restauración ecológica a mayor escala

Para priorizar las zonas donde se llevarán a cabo estos proyectos se deberá contemplar un análisis de múltiples criterios, sociales, económicos y ecológicos, teniendo en cuenta:

1)    Nivel de degradación del bosque

2)    Población y actores involucrados

3)    Disponibilidad y calidad de agua

4)    Relaciones costo/beneficio (no solamente monetizables)

5)    Disponibilidad de recursos técnicos y logísticos.

6)    Factibilidad de seguimiento y evaluación en el tiempo

7)

Estudios y experiencias de restauración con especies de algarrobos en zonas áridas

Desde 1991, Investigadores del CONICET-Mendoza, vienen desarrollando plantaciones experimentales con P. chilensis y P. flexuosa.

Conjuntamente con la Universidad de Buenos Aires, se vienen realizando investigaciones sobre genética cuantitativacombinados con otros de biología molecular que orientan la selección de los genotipos más apropiados para restaurar los ecosistemas boscosos degradados del Monte, con las dos especies de algarrobo que crecen en zonas áridas argentinas.

A través de la recolección de semillas, dentro de la zona de distribución de ambas especies en la ecorregión del Monte (desde Río Negro hasta Salta), se han evaluado diferentes orígenes genéticos con distintos métodos de plantación e irrigación.

Ensayos familia-procedencia de ambas especies, con árboles que hoy tienen 30 años de edad, requirieron sólo 6 meses para que sus raíces alcancen la capa de  agua subterránea, de 3 m de profundidad. En estos ensayos se encontró, en P. flexuosa, una procedencia catamarqueña del Bolsón de Fiambalá, que se destacó por su mayor crecimiento y que se viene utilizando en casi todas las experiencias de restauración.

Reforestaciones, con ambas especies, en zonas con 110 mm de precipitación mostraron una supervivencia superior a un 80% luego de 18 meses de plantadas, mientras que, en otras de 260 mm, plantaciones con distintos orígenes genéticos de P. flexuosa y P. chilensis, mostraron valores de supervivencia del 68% luego de 17 años.

En todos los casos, los niveles de irrigación suplementarios fueron 70 veces inferiores a los de cultivos tradicionales como la vid (7000 m3/ha/año).

Inclusive, en zonas salinizadas de oasis irrigados de San Juan se están realizando plantaciones exitosas,con estas especies, para su recuperación productiva.Nuevamente, la procedencia Bolsón de Fiambalá de P. flexuosa se destaca por su crecimiento bajo estas condiciones.

Financiadas, recientemente, por la Dirección Nacional de Bosques, se están llevando adelante experiencias piloto de restauración de bosques degradados del Monte (reforestaciones de entre 15 y 20 ha), utilizando procedencias seleccionadas de las dos especies de algarrobos, en campos ganaderos de 3 departamentos de Mendoza. Los resultados, hasta la fecha, resultan alentadores.

Y, finalmente, se han priorizado para la provincia de Mendoza, las áreas boscosas nativas degradadas para llevar adelante proyectos de restauración ecológica.

Restaurar o No restaurar, esa es la cuestión…

Recuperar la integridad de los bosques de zonas áridas no solo recae en un simple análisis económico o en la cantidad de árboles a lograr, sino en recuperar el desarrollo y funcionamiento de todo un ecosistema que estaba brindando recursos madereros y no madereros a comunidades de menores ingresos y también a una ganadería de cría vacuna en franco crecimiento, cuyo éxito está íntimamente relacionado con la salud del bosque. Al mismo tiempo, ofrece beneficios ecosistémicos que son más importantes desde el punto de vista social que individual pero que, hasta hoy, parece que la sociedad no está dispuesta a pagar, tangiblemente por ellos.

¿Estaríamos dispuestos a pagar más por un Kg de leña o carne producido en un bosque de zonas áridas manejado de una manera que favorezca su integridad y perdurabilidad? Y si esta integridad se ha perdido, ¿estaríamos dispuestos a invertir recursos económicos en su restauración ecológica?

 

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

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