Valor de los servicios ecosistémicos de los bosques nativos

Por Miguel Sarmiento, profesor de Economía y Política Forestal y de Economía Ambiental, de la Facultad de Ciencias Forestales Universidad Nacional de Santiago del Estero.

 

SANTIAGO DEL ESTERO (Mayo 2020).- La Economía desde sus inicios, ha considerado a los recursos naturales como proveedores de materias primas para los procesos de producción y ha relacionado el medioambiente con un posible límite al crecimiento económico. Es decir, los considera como factores de producción o medios para producir bienes o servicios que pueden satisfacer directa o indirectamente necesidades humanas.

Aquí la noción económica de recurso es estrictamente antropocéntrica, dado que el valor económico de cualquier recurso está definido por las necesidades humanas y nada más, dependiendo únicamente de la naturaleza de la cosa en cuestión.

Todo lo que la naturaleza provee al hombre ha sido útil a lo largo de su existencia ya sea para alimentarse, refugiarse o calefaccionarse. Los bienes y servicios del bosque fueron necesarios para la vida de las sociedades y, en función de ello, tienen un valor atribuido por las personas.

Un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) del año 2012 menciona que los valores de la naturaleza varían según las circunstancias biofísicas y ecológicas locales, así como el contexto social, económico y cultural. Los valores intangibles, que pueden verse reflejados en la voluntad de pagar de la sociedad para conservar una especie en particular o unos paisajes concretos o para proteger los recursos comunes, deben tenerse en cuenta junto a los valores más tangibles; como los alimentos o la madera, a fin de proporcionar una imagen económica completa.

 

Ahora bien, podemos pensar, siguiendo el sentido común, que si tienen un valor, entonces tienen un precio. Pero, ¿es lo mismo valor que precio? La respuesta es no… Asignarle un precio a un bien, como expresión de su valor, significa que hay un mercado que lo consume.

Ese precio que se fija en función de la oferta y la demanda es el precio de mercado, según cualquier texto clásico de Economía.

Esto sucede con cualquier bien o servicio, que ha sido elaborado mediante un proceso de producción y que consumimos a diario (pan, tomates, ropa, teléfonos, servicios de educación, seguridad, transporte, peluquería, etc.) a través de un mercado de transacción.

Existe, entonces, quién lo demanda y quién lo ofrece y, al haber un proceso productivo, al momento de ofrecer ese bien o servicio, se tienen en cuenta los costos de producción del mismo.

Por lo tanto, los bienes y servicios que son producidos por el hombre tienen valor y también tienen un precio, que no necesariamente significan lo mismo, ni tampoco tienen que ser coincidentes ambas expresiones.

Respecto a los bienes de los ecosistemas naturales, no hay oferentes identificables; por ejemplo, las pasturas naturales, agua de un curso de un río, peces, miel, leña, frutos silvestres, etc.

Lo mismo ocurre con los servicios, como el aire puro, oxígeno, belleza paisajística, captura de carbono, absorción de residuos por parte del suelo, entre otros. Ante esta situación no se identifican oferentes precisos, sin embargo los demandantes somos muchos.

Estos bienes y servicios que provienen de la naturaleza misma y, por su propio funcionamiento, son los denominados servicios ambientales o también conocidos como servicios ecosistémicos.

En la literatura científica de inicios de los 2000 referida a los servicios ecosistémicos se enfoca este aspecto de una manera más formal sosteniendo que los servicios ecosistémicos son todos aquellos beneficios que los ecosistemas les brindan a las personas.

Estos Incluyen servicios de aprovisionamiento, como alimento y agua; servicios de regulación, como por ejemplo flujo y control de disturbios; servicios culturales como pueden ser los recreacionales, espirituales y beneficios culturales; y servicios de soporte tales como el ciclo de nutrientes, que mantienen las condiciones de vida sobre la tierra.

La producción científica en esta temática no se ha detenido y actualmente sigue siendo plasmada en artículos, conferencias, libros, tesis entre otras cosas.

 

En un estudio publicado en la prestigiosa Revista Nature por Robert Costanza y colaboradores en el año 1997, se logró asignar, mediante la participación y colaboración de numerosos investigadores de todo el mundo (entre ellos un argentino), un valor de 33 trillones de dólares por año a los bienes y servicios ambientales del planeta, así como al capital natural.

Posteriormente el mismo autor volvió a publicar su estudio con valores actualizados encontrando que a medida que pasa el tiempo los bienes y servicios incrementan su valor expresado en unidades monetarias.

A partir de este estudio se comenzaron a aplicar más frecuentemente diversos métodos de valoración ambiental, con el propósito de encontrar un valor a los bienes y servicios ambientales.

Entre los más conocidos se destacan: el Método de Valoración Contingente, Método de Precios Hedónicos, Método del Costo del Viaje, Método basados en costos o en la producción, y el Método de Valoración Ambiental basado en el Producto Bruto Interno.

La aplicación de estos métodos de valoración ambiental que permiten obtener un valor expresado en unidades monetarias de los bienes y servicios ecosistémicos o ambientales son útiles a los efectos de contar con una medida del valor del bien o servicio. Estas ideas surgen de la Economía Ambiental. Sin embargo, la aplicación de los mismos no significa que se les esté asignando un precio (como se aclaró anteriormente) ya que no están a la venta.

El hecho de poder obtener el valor de los bienes y servicios ambientales permite conocer la importancia que los mismos tienen para la sociedad. Así, un espacio verde en una ciudad, se estima que tiene un alto valor (en lo estético, recreativo, ambiental) pero no se conoce esa cifra.

El valor económico ambiental de los ecosistemas y sus servicios no son adecuadamente reconocidos por quienes gestionan los recursos naturales que en definitiva son bienes comunes.

Por tanto, con frecuencia, se les da una ponderación muy baja en las decisiones de política pública. Este descuido puede, finalmente, comprometer la sostenibilidad del bienestar de la sociedad.

Estos valores (que no son precios) deben ser empleados por los decisores políticos, que son quienes generalmente diseñan, promueven y aplican políticas de conservar o no los recursos, para que puedan decidir en función de la importancia que la sociedad les otorga.

En la actualidad ese enfoque de la valoración del ambiente se ha ampliado incorporando otros aspectos en su análisis.

Trabajos publicados en el 2019 en la revista Ecosystem Services enfocan a la valoración del ambiente desde una visión mucho más completa, compleja y más actual denominándola valoración integral de la naturaleza. Más recientemente se habla de contribuciones de la naturaleza a las personas entendiéndose y reafirmando la estrecha relación entre las personas, la sociedad y el ambiente.

 

En Argentina se valoraron, tanto en montes nativos o en plantaciones forestales, externalidades positivas como servicios ecosistémicos, recreacionales, biodiversidad, aspectos culturales, entre otros, también externalidades negativas como pérdidas de nutrientes de suelos o valoración de la desertificación en cuencas y otras regiones como la selva paranaense en el ámbito binacional entre Argentina y Brasil.

En todos estos estudios se obtuvieron valores de mercado, por lo que los datos obtenidos en cada caso de estudio se enmarcan en la Economía Ambiental.

Si bien se intenta asignar valor a las externalidades generadas por diferentes ecosistemas locales, no con ello intentar “privatizar” el medio ambiente como lo advierten investigadores provenientes de la línea de la Economía Ecológica, sino, más bien, encontrar el valor económico expresado en unidades monetarias que refleje el interés de los mismos por parte de la sociedad.

Como ejemplo de valor económico de servicios ecosistémicos de bosques nativos se pueden mencionar los valores obtenidos en mediciones de disposición a pagar (DAP) mediante el Método de Valoración Contingente en la Región Chaqueña. El método fue aplicado con el fin de obtener el valor (expresado en dinero) que los pobladores podrían llegar a destinar para conservar sus plantas medicinales y tintóreas provenientes de montes nativos en varios sitios de la provincia de Santiago del Estero (figura 1). Con una muestra de 127 entrevistas (de las 300 familias que allí habitan) a usuarios de plantas medicinales en 6 localidades de la provincia se obtuvieron valores promedios de US $34,35 por mes y por usuario que según la población muestreada en las encuestas podría ascender a US $ 82.471 por año para toda esa comunidad.

Figura 1. Servicios ecosistémicos de provisión, regulación, soporte y culturales ofrecidos por ecosistemas de la Reserva Campesina Ashpa Puca en la localidad El Cajón departamento Ojo de Agua en Santiago del Estero. (Foto: gentileza de Eduardo Bustamante)   

 

Por otro lado, un estudio orientado a plantas tintóreas, (figura 2) también provenientes de esos ecosistemas, arrojaron valores medios de encuestas a 35 teleras en una localidad de Santiago del Estero un valor promedio de US $133,44 por mes por telera; lo que expresado en un año y a una población de 35 usuarias de plantas tintóreas da un valor de este bien natural de US $448.382,22. Ambos resultados fueron publicados en Frontiers in Horticulture en el año 2017.

El panorama general de los estudios de valoración muestra que en Argentina se adopta muy poco el estudio de la valoración económica ambiental si se compara con otros países de la región. No se aplican específicamente métodos de valoración como objetivos de investigación, salvo pocos casos. La mayoría de los casos que mencionan la valoración ambiental lo hacen en procesos de planificación de recursos naturales por parte de la gestión pública.

No obstante, no hay unanimidad absoluta y unicidad en la solución del problema de la valoración del ambiente. Más bien, existen una serie de metodologías, que desde otros campos del conocimiento, enriquecen las formas evaluativas de la medición del valor del ambiente y, por lo tanto, múltiples formas de modelar el apoyo a los tomadores de decisiones de una forma más sistémica.

 Figura 2. Variedad de colores naturales obtenidos a partir de plantas tintóreas de montes nativos en Departamento Loreto, Santiago del Estero destinados a para teñir lana de oveja con fines artesanales .(Foto: Miguel Sarmiento).

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores. 

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