Las plantaciones de eucalipto no solo producen madera, también almacenan carbono

Por María de los Ángeles García, del INTA Concordia, Entre Ríos.

ENTRE RÍOS (Abril 2020).- El cambio climático y sus efectos sobre los procesos naturales y la vida en el planeta son temas que preocupan a los pueblos y sus gobiernos. A partir de acuerdos internacionales los gobiernos de muchos países asumieron compromisos para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, con políticas que promueven y apoyan proyectos para el desarrollo sostenible.

Un ejemplo de ello es el Acuerdo de París, firmado por 175 países y que entró en vigor en 2016. La conservación y restauración de los bosques nativos y el aumento de la superficie forestada se destacan entre las iniciativas propuestas por la Argentina para cumplir con el compromiso asumido con la firma y ratificación de ese acuerdo.

Así como los bosques nativos fijan carbono en la biomasa y en el suelo, las plantaciones de eucalipto también fijan carbono en sus distintos componentes. Para cuantificar este aporte se estimó el carbono fijado en rodales de diferentes edades  de Eucalyptus grandis en suelos arcillosos (Vertisoles), marginales para forestación de la provincia de Entre Ríos. El  carbono total estimado en el suelo, la biomasa (aérea y subterránea) y los detritos varió entre 73 y 265 toneladas por hectárea, dependiendo de la edad y del manejo de los rodales.

Carbono en el suelo

Diversos estudios mencionan las alteraciones que pueden causar las plantaciones forestales en la cantidad y calidad del carbono edáfico, principalmente por procesos asociados a la labranza, a la incorporación de carbono de la hojarasca y al manejo de las plantaciones. Los cambios asociados a la preparación del suelo o a las podas y raleos pueden permanecer durante mucho tiempo, hasta que la cantidad, calidad y distribución del carbono en el suelo se estabilizan.

Por otra parte, en las plantaciones de eucalipto la hojarasca se descompone lentamente, lo que favorece la formación de humus.

En las plantaciones de eucalipto estudiadas se encontraron variaciones en el carbono orgánico del suelo (COT) hasta los 50 cm de profundidad según el manejo (Cuadro 1).

Al comparar el COT en los primeros 25 cm de profundidad del suelo se observa una disminución significativa en las plantaciones adultas sin raleo, en comparación con plantaciones jóvenes y el pastizal, cambios que no fueron significativos en las plantaciones raleadas.

Además del carbono total del suelo, se analizó la fracción orgánica más estable del suelo: los ácidos húmicos. Esta fracción se asocia a la calidad del suelo y de la materia orgánica, y a la nutrición a largo plazo.  Cuanto mayor es la proporción de ácidos húmicos, más estable es el C y más difícil de descomponer. La proporción de carbono de las sustancias húmicas y de los ácidos húmicos en el COT hasta 50 cm fueron significativamente mayores en las plantaciones adultas.

Estos resultados sugieren que a medida que crecen las plantaciones aumenta la fracción estable de la materia orgánica del suelo, en concordancia con numerosas investigaciones realizadas con diferentes especies y climas, que destacan el rol de la permanencia del cultivo (longitud de la rotación) sobre las reservas de C y la capacidad productiva de los sitios.

Carbono en la biomasa forestal y detritos

El secuestro de carbono en la biomasa de las plantaciones forestales se produce durante todo el periodo del cultivo, pero la cantidad de C almacenado puede sufrir cambios temporales debidos tanto manejo aplicado como a los propios de la dinámica de la masa forestal. Además de la biomasa de los árboles, la hojarasca y los detritos leñosos también aportan a la dinámica del carbono.

En cuanto al componente arbóreo, en suelos arcillosos de Entre Ríos se encontró que el fuste representa el 32% de la biomasa total (BT) de individuos de 1-3 años,  y aumenta al 73% de BT del árbol en individuos de 6 a 10 años. La raíz es un componente importante en el ciclo del C, ya que permanece en el sitio luego de la cosecha.

Hasta 1 metro de profundidad este componente representa el 65% de la biomasa del fuste en árboles de 3 años y el 18% de BT en individuos de 6 a 10 años. Esto muestra, por un lado las diferencias en particiones de la biomasa aérea y radicular con la edad, por el otro la importancia de incluir las raíces al estimar el carbono en la biomasa forestal y el rol del componente comercializable (fuste) en el almacenamiento del C.

El carbono en la biomasa total varía entre 59 – 82 t/ha en rodales de 8 años raleados, con  densidades de 700 a 500 plantas por hectárea  y entre 67 – 92 t/ha en rodales de 9 años sin raleo, con densidades iniciales entre 1111 y 850 plantas por hectárea.

Es importante destacar que producto del estudio se disponen de funciones de biomasa total (BT) validadas para suelos vertisoles y permiten estimar la biomasa a nivel de rodal (fuste, copa y raíces gruesas hasta 1 metro de profundidad) en plantaciones con  edades de 6 a 10 años y DAP entre 8 y 28 cm.

Por último, la presencia de mantillo en los ecosistemas forestales es fundamental para muchos de los procesos físicos y químicos que ocurren en el suelo. Actúa como una capa protectora del suelo mineral, constituye una importante fuente de C para el suelo, de nutrientes de liberación lenta y una fuente de energía para los organismos del suelo. Al mismo tiempo, lo protege contra la erosión, temperaturas extremas, escurrimiento superficial, etc.

En plantaciones de eucalipto la hojarasca se va incorporando al suelo lentamente por descomposición, mientras que los restos leñosos gruesos, como tocones, ramas gruesas y partes de fustes pueden permanecer durante muchos años; estos procesos a su vez están fuertemente condicionados por el clima, siendo más rápido en climas cálidos. Los valores estimados de carbono en la hojarasca y restos leñosos variaron de 12 – 16 t/ha1 para las edades 8-9 años.

La edad del rodal,  la edad de corta y el manejo forestal poscosecha que se aplique al lote afectarán la cantidad de mantillo y residuos, y con ello los procesos antes mencionados.

 

Conservar y aumentar el carbono fijado en las plantaciones : un desafío del sector forestoindustrial

Aunque el principal objetivo de las plantaciones es la producción de madera, será  cada vez más importante considerar su multifuncionalidad, ya que además cumplen otras importantes funciones como protección  del suelo, almacenamiento de carbono, regulación el ciclo del  agua y el clima, protección o refugio de la fauna, espacios para la recreación, entre otras.

El desafío es diseñar proyectos y definir manejos que permitan obtener bienes y de servicios para satisfacer las necesidades sociales y conservar la integridad de los sistemas.

El manejo sostenible de las plantaciones no debe considerar solamente la producción de la madera, sino también su uso y durabilidad. Cuando la madera se utiliza en productos como muebles, pisos, casas, el carbono fijado permanece durante muchos años.

Para ello se deben integrar la producción primaria y las industrias; esto implica que el manejo de las plantaciones debe estar orientado a obtener madera de la calidad demandada por esas industrias de transformación y a garantizar la oferta sostenida de materia prima.

Un paso positivo en este sentido son las reuniones que se desarrollaron  entre todos los actores del sector forestoindustrial, y algunas propuestas  acordadas, como el compromiso de aumentar el uso de la madera proveniente de las plantaciones de eucalipto en la construcción de casas, uno de los usos que permite conservar el carbono y contribuye a solucionar en parte el déficit habitacional del país.

Del mismo modo, para maximizar la eficiencia del uso de los resursos y mejorar la rentabilidad de los procesos, se debería incorporar o aumentar el uso de los residuos forestales para elaborar otros productos o como fuente de energía. En esta línea también hay iniciativas como la promoción y la asistencia pública para proyectos de generación de energía térmica y eléctrica a partir de biomasa,  las experiencias de venta de residuos de cosecha para leña, e industrias forestales que utilizan aserrín en calderas, comercializan chips para cubierta de otros cultivos, o elaboran productos de remanufactura de alto valor, como tableros de listones, vigas multilaminadas y decks, aumentando el rendimiento y reduciendo los residuos de la industria maderera.

 

 

(*)  Silvicultura y Manejo, Departamento Forestales de INTA Concordia,  Entre Ríos.
Contacto: garcia.mariaa@inta.gob.ar

 

Este artículo forma parte del espacio de la REDFOR.ar en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores. 

 

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