Osvaldo Vassallo: “Estamos en un proceso de mejorar el régimen de promoción forestal argentino, y lograrlo con eficiencia es responsabilidad de todos los que somos parte del sector”

Convencido de que el desarrollo de la actividad forestal es estratégico para el futuro del país y una aliada para atraer inversiones sostenibles, el profesional marcó su posición personal respecto a la actualidad del sector y, entre otros temas, reflexionó sobre el escenario de la actividad con la prórroga por 10 años de la Ley 25.080 de Inversiones para Bosques Cultivados al 2029. En las últimas semanas el régimen está inmerso en críticas que lo colocan en la agenda de los medios nacionales que denuncian “conflicto de intereses” en la gestión del área forestal en Agricultura de la Nación, a cargo de Nicolás Laharrague.

 

Por Patricia Escobar 

BUENOS AIRES Y MISIONES (16/5/2019).- Con una trayectoria de más de 40 años en la industria de celulosa y papel -en proceso de retirarse del cargo ejecutivo en Celulosa Argentina-, Osvaldo Vassallo (70) es reconocido como un activo dirigente gremial argentino que participa en diferentes espacios políticos e institucionales en defensa del sector privado de la cadena de la foresto-industria. Licenciado en Administración de Empresas y Licenciado en Organización de Empresas, el profesional presidió la AFCP (Asociación de Fabricantes de Celulosa y Papel) y en la actualidad preside la AFoA (Asociación Forestal Argentina) y CADAMDA (Cámara de la Madera).

Este miércoles respondió a una entrevista telefónica con ArgentinaForestal.com en carácter personal con opiniones sobre diferentes temas. El profesional no esquivó responder respecto a la polémica en medios nacionales que cuestionan conflictos de intereses en la gestión de Nicolás Laharrague al frente de la Dirección Nacional de Foresto-industria de la Secretaria de Agricultura de la Nación –motivo que también derivó en una investigación de la Oficina Anticorrupción-, y por su cercanía con el sector privado por su activo pasado dentro de la AFoA.

Sumado a ello, desde el sector forestal de Misiones expusieron esta semana el reclamo de los pequeños productores  ante lo que consideran existe “falta de información clara” del estado de planes de la operatoria de la Ley 25.080 y, piden además, retomar las reuniones de Comisión Nacional Asesora, como establece el instrumento legal vigente.

 

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AF: ¿Cómo toma el tratamiento en los medios nacionales donde se cuestiona a Nicolás Laharrague por ética pública y conflictos de intereses?

OV: Duele. Como profesional de tantos años y conocedor del sector forestal argentino, preocupa tanta desinformación, o el total desconocimiento en la prensa de cómo funciona el régimen, no sabría realmente a que atribuirle esta situación. Al aceptar el cargo, Nicolás (Laharrague) lo hizo con total responsabilidad, cumpliendo los requisitos que exigen en estos casos. Sin dudas se intenta dañar al sistema de promoción forestal argentino, porque no hay verdad en las irregularidades que plantean en el manejo o desvío de fondos públicos para favorecer a nadie,  porque el régimen tiene sus circuitos de contralor para que no sucedan justamente situaciones de ningún “desvío” posible.

Sigo prefiriendo que ese lugar lo ocupe una persona idónea que sabe del sector, que entiende del tema. Eso siempre será mejor, que en funciones públicas exista una persona conocedora del sector. El conocimiento de Nicolás (Laharrague) permitió avances rápidos en este año en el cargo, tanto para la Ley 25.080 como para los temas de la Mesa de Competitividad, es decir que su acompañamiento colabora como facilitador entre el sector público y privado.

El proceso de discusión del proyecto de prórroga y modificación de la Ley 25.080 fue coordinado por la Secretaría de Gobierno de Agroindustria, y fue resultado del diálogo sectorial, para avanzar después en el apoyo amplio al régimen y aprobación por parte de todas las fuerzas políticas, tanto en la Cámara de Diputados como de Senadores. Por eso me preocupa el desconocimiento de la prensa respecto al régimen.

Sí por lo menos lo publicado colaborara en algo para que ayude al desarrollo del sector, pero no hay verdad, no hay irregularidad. No hay nada oscuro en la gestión realizada en el área y mucho menos en el régimen de promoción forestal.

Desde que fue propuesto en ese cargo estas críticas se plantearon. No son nuevas. Pero la verdad es una sola, las cosas se acomodarán. Esto me lo dice la experiencia en cargos en el ámbito privado donde también transité momentos que, ante el desconocimiento de quien llega y el cambio que uno genera, provoca juzgamientos apresurados o prejuicios. Fue cuando me propusieron asumir en una institución forestal y maderera, siendo que yo provenía del rubro de las empresas celulósico-papeleras.  Al principio se plantearon recelos y desconfianza que ponían en duda mi posible accionar, pero los resultados y la gestión disiparon las dudas, ya que 4 años después fui reelecto en la presidencia gremial sectorial  y sigo asesorando en la actualidad en forma externa en algunos casos.

Sí me preocupa la Argentina que se está viviendo. La que en lugar de trabajar en  construir, destruye. Esto ya no es una “grieta” sino que hay una suerte de apertura constante de “varias grietas”, y donde todo vale aparentemente.

Claro que como sector foresto-industrial tenemos muchos temas a mejorar. Somos como un gigante dormido, falta mucho por hacer y en ese camino vamos, para algunos muy lentos y para otros con importantes logros alcanzados en este último tiempo. Pero para lograr realmente desarrollar la actividad hay que compartir una visión común y marcar el rumbo hacia dónde vamos. En lo personal, no tengo dudas que estamos bien encaminados.

Si vas en avión, lo único que importa es la seguridad. Eso no implica que el vuelo no tenga turbulencias en el trayecto, hay temores lógicos por percepciones y por desconocimiento técnico. Pero si uno observara en la cabina al piloto, seguro, sin dudas, que conduce con una tranquilidad absoluta, con el monitoreo y destreza para lo cual fue entrenado, los miedos se disipan. El vuelo sería más tranquilo.

En resumen, traslado este ejemplo a la actividad forestal, es el desafío que tenemos como sector cada uno de los que somos parte de la cadena de la foresto-industria ante la sociedad, para que la gente o los medios de prensa conozcan de la actividad y su potencial estratégico. Estamos seguro del camino tomado. Hay que dar a conocer más nuestra realidad, como trabajamos, cual es la manera en la que operan las empresas, de las prácticas de manejo de plantaciones que se llevan adelante en los establecimientos de provincias forestales, sus procesos tecnológicos, como funciona un régimen promoción forestal y con qué objetivos, de lo que se plantea en la Mesa Nacional de Competitividad sectorial, y todo lo hacemos. Y lo que no está bien, habrá que mejorar, revisar, corregir, dialogar. Creo que solo la información y la apertura hacia la comunidad logrará disipar las dudas y percepciones sobre esta actividad, de la cual no tengo dudas es estratégica para el país.

En Celulosa Argentina aplicamos esta experiencia, de abrir la planta industrial a la comunidad con visitas guiadas para delegaciones de escuelas, y los resultados obtenidos en el tiempo fueron altamente positivos.

AF: ¿Pero actores del mismo sector reclaman información más clara al régimen de promoción forestal?

OV: Estamos colaborando de alguna manera, todos los que estamos en el sector, en abrir nuevas grietas, cuando debiéramos colaborar en mejorar la capacidad de diálogo, porque los canales hoy están abiertos. Hay cosas a mejorar o hay fallas, en eso coincido. Pero no por falta de transparencia, sino por estar en un proceso de cerrar una etapa de años anteriores en los que ya había problemas y de todo tipo. Si estamos reclamando planes forestales del año 2003 que se pagaron en 2018, esto quiere decir que antes no se pagaba, que fondos para el sector no había, que la operatoria no marchaba o que la falta de transparencia ya existía en la operatoria. Estamos en un proceso de mejorar el régimen, y lograrlo con eficiencia en esta nueva etapa de prórroga del régimen es responsabilidad de todos los que somos parte del sector.

En la actualidad, “entre todos” hemos alcanzado corregir algunas situaciones de la operatoria, su prórroga, o exigiendo a las autoridades del organismo lo que corresponde, pero también en un trabajo conjunto público-privado donde las provincias, los técnicos, los productores tienen su parte. Ahora se están pagando planes forestales, en proceso lento, de a poco, pero se están pagando.  Además, se logró incorporar fondos extrapresupuestarios al ejercicio anual, son fondos genuinos (Seguro Verde) que ingresarán al régimen para consolidar la actividad hacia esta nueva etapa que estamos transitando a partir de la prórroga obtenida.

Pero igual (desde el propio sector) estamos cuestionando, comparando meses de gestión sobre años de arrastrar problemas. En mi opinión, Argentina está encaminada en su proyección forestal. La operatoria de la 25.080 es una parte de la actividad.

Si el problema es la falta información o mejorar la comunicación, tenemos los canales abiertos con la DNFI para ir resolviendo los inconvenientes. Hay mesas de trabajo vigentes. Ese será en todo caso en lo que se deberá revisar y ver qué esta sucediendo para mejorarlo.

Venimos de un año 2018 en que hubo una lucha de “locos” de todos los que conformamos el sector forestal argentino para lograr la prórroga de la Ley 25.080 en el Congreso Nacional en diciembre. Esta es una herramienta jurídica de beneficios para hacer posible que en el país se plante árboles, se incremente la superficie forestada al 2030, que se otorgue previsibilidad al productor que apuesta por una actividad sostenible y de largo plazo, entre otras metas.

Entonces, mi reflexión es que los actores del sector tendrían que reconocer que el país está en un proceso de construcción y todos tenemos que tirar hacia una meta en común, para no debilitarnos, para ser fuertes, dinámicos, inteligentes, estratégicos como sector. El país está en crisis, lo poco que logremos no lo destruyamos.

Lamentablemente, en el país se vive un clima social que desconcierta por momentos y duele por otros. Por apetencias personales, movilizadas por intereses políticos partidarios, por desconocimiento o desinformación, realmente no lo sé, pero están afectando a toda la sociedad, en todos los ámbitos. El sector forestal no es ajeno a esta realidad. Estamos resquebrajados de alguna manera en la actividad con todo esto, pero saldremos adelante, porque estamos encaminados.

El sistema de promoción forestal argentino está en un proceso a ser cada vez más transparente por medio de la sistematización y digitalización de los expedientes de planes forestales. En eso entiendo se está trabajando en Agricultura y permitirá superar burocracias administrativas actuales en el corto o mediano plazo.

Desde mi experiencia profesional, que trabajé en Misiones en la década del 70 para la ex Alto Paraná, durante 14 años viví en la provincia, en la época que se desmontaba la selva, se robaba madera, se veían en las rutas camiones y camiones que extraían madera nativa. No había una ordenación en el sector forestal, se extraía palo rosa y especies nativas que hoy están en extinción. Pero con los años, el conocimiento y la visión de la provincia llevaron a que la realidad en la actualidad sea otra en su desarrollo forestal, en su legislación, en su visión. ¿Pero igual se sigue robando madera?, si. ¿Hay aspectos que mejorar?, si. Eso no quiere decir que no estén trabajando para mejorar. No le fue fácil tampoco al Estado Provincial lograr el sistema actual con los actores. Lleva un proceso de construcción y muchos años. Pero están encaminados.

 

AF:¿ Y en este escenario, es factible plantearse atraer inversiones a la Argentina?

OV: Desde el sector foresto-industrial se está trabajando en forma público-privada para sentar las bases que son necesarias para dar previsibilidad y seguridad jurídica al inversor. Si hoy no vienen las inversiones, cabe preguntarse si el problema no es porque los esfuerzos están puestos en colaborar solo en mostrar hacia el mundo que nos falta credibilidad tanto institucional, económica y política. El sector forestal argentino tiene una cuota de responsabilidad también en revertir esto.

El escenario para las inversiones forestales en la Argentina es otro en estos últimos, nos permite pensar en atraer proyectos de envergadura, como se concretaron en los países vecinos de la región. Creo que es factible atraer inversiones si hacemos las cosas bien. Las ventajas naturales, el recurso humano, la disponibilidad de tierras, una base forestal consolidada en el NEA, todas esas condiciones tenemos. Además de ser para la humanidad una actividad que necesita ser desarrollada por el rol de los bosques en reducir los efectos extremos del Cambio Climático y dar cumplimiento a los Objetivos de Desarrollo Sostenible hacia la Agenda 2030.

 

AF: El consultor Daniel Maradei consideró en una entrevista reciente con ArgentinaForestal.com que los esfuerzos para atraer inversiones a la Argentina deberían estar más orientados a concretar la instalación de aserraderos más tecnológicos para procesar madera de calidad para exportar al mundo productos con valor agregado,  y no tanto en fábricas de celulosa y papel. Esto en un contexto de análisis de la región ante la inyección de cerca de 14 millones de toneladas de pasta de celulosa que ingresarán al mercado en el corto o mediano plazo, porque ya las nuevas mega fábricas se han decidido por Uruguay, Brasil o Chile y se podrán en marcha. ¿Qué opinión tiene al respecto?

OV: En la actualidad, por el contexto económico del país no es un escenario competitivo para la industria de la madera y los productores forestales tienen un excedente de materia prima sin poder colocar en los aserraderos.

Ante la sobreoferta, por medio de varias gestiones y medidas solicitadas en los últimos años, se logró en los últimos meses comenzar a exportar rollos a China, y esto es criticado también.

Lo que se debiera ver como positivo, pareciera que no lo es. Cuestionan porque falta más o porque debiera ser el avance por otro lado. Pero la realidad es que lo que podemos hacer hoy es exportar rollos de madera, el contexto en que estamos insertos como país, como mercado y como sector que está en un proceso de reconstrucción. Esto es lo que debieran reflexionar.

Con la exportación de rollos se está movilizando la materia prima de alguna manera, mientras se sigue trabajando para construir las bases para mejorar el escenario para toda la cadena de valor de la foresto-industria.

Pero este país no es fácil, y el sector está dentro de un contexto país con todas sus fortalezas y debilidades.

Mientras no se concreten inversiones, ya sean de fábricas de Celulosa y Papel,  de aprovechamiento de la materia prima con la instalación de mas plantas de generación de energía de biomasa forestal, con aserraderos tecnificados, con más industrias como la que se pondrá en marcha próximamente en el Parque Industrial de Posadas, con la mayor fábrica de viviendas de madera, se van buscando las alternativas que movilice la forestación. El productor forestal, chico o mediano, de alguna manera tiene que buscar rentabilidad. Puede ser que hoy el mercado le diga que exporte rollos, hasta que el precio mejore en el mercado interno y la demanda comience a mejorar los precios, que la economía se reactive, que las inversiones lleguen, y que la producción con valor agregado sea lo que se exporte. Todo es viable.

Hacia esa meta estamos trabajando, o con ese compromiso. Ahora, en lo personal considero que todos en el sector debiéramos empujar hacia el mismo objetivo.

La última inversión importante en la industria de Celulosa y Papel en el país fue hace casi 40 años atrás.

Sobre la opinión de (Daniel) Maradei, colega que conozco y respeto, coincido en parte. Pero le preguntaría. ¿Por qué no los dos proyectos de inversión? Si hay madera para aserradero de calidad, y se instalarán mega- aserraderos, habrá desperdicios, y eso perfectamente puede ir a una planta de celulosa o bioenergía. Así es la competitividad del negocio forestal, y la rentabilidad se logra cuanto más eficiente es el aprovechamiento del árbol. Sin desperdicios, sin pérdidas en toda la cadena de valor de la foresto-industria.

¿Si en el país tenemos la oportunidad de hacer ingresar a una planta industrial más de 4 millones de madera por año, que va producir celulosa o papeles marrones, que hacemos? ¿Le decimos que no al proyecto?. En eso de un proyecto u otro es en lo que no coincido.

Creo que todo es parte de la eficiencia de la cadena de valor de la foresto-industria. Ni un proyecto es mejor ni peor que otro. Si se foresta pensando en una pastera o un aserradero, igual quedará material para aprovechar en bioenergía, tableros, papeles, o manejar para además destinar a una fábrica de viviendas de madera. Pero hay movilizar todo esta cadena.

El desafío es desarrollar en forma eficiente a toda la cadena de valor. Lugar hay para todos. Falta consolidar el marco que brinde garantías en seguridad jurídica a los capitales y mejorar la logística e infraestructura, todo lo que se avance en ambos aspectos también será un beneficio para todos.

Si hay mercado, y las proyecciones indican que el mundo demandará más productos de base forestal, tenemos la oportunidad de ser un país productor de celulosa, papel y madera como Brasil, Chile y Uruguay, porque disponemos de todas las condiciones para ello. Faltan otras cosas, pero si no trabajamos para eliminar las trabas y nos ponemos en la “fila” para captar a quienes tienen los capitales para concretar proyectos competitivos en Sudamérica, nunca lo vamos a lograr. Somos forestales, buscamos el desarrollo de nuestra actividad.

Desde la polémica con Botnia-UPM con Uruguay  ya paso más de 10 años y el perjuicio causado a la actividad sigue hasta el presente.

 

AF: ¿Pero qué hicieron en la industria de Celulosa y Papel de la Argentina para cambiar los temores o prejuicios ambientales que tiene la comunidad respecto a estas fábricas? A 14 años de la polémica, por ejemplo ¿cuáles son las prácticas o tecnologías que cada empresa incorporó en sus procesos para reconvertirse y mitigar sus efluentes? ¿Cómo las fábricas de Celulosa y Papel pretenden alcanzar la licencia social en la comunidad donde operan si no dan a conocerse?

OV: Si. La licencia social es lo más importante en todo esto que estamos conversando. Diría que un punto fundamental para el sector forestal.

Hay un concepto vinculado a la contaminación, y por eso tenemos que darnos a conocer a la sociedad, porque nuestra realidad es otra. El desarrollo de la foresto-industria no es solo estratégico para el país, sino para la humanidad. Es sostenible desde todo punto de vista, de un material renovable, de aporte la reducción de emisiones de efecto invernadero para mitigar el cambio climático.

En el país el problema de los cuestionamientos a la industria de Celulosa y Papel nació por la intencionalidad de un ex gobernador de Entre Ríos (Jorge Busti) que inició una causa nacional sustentada en la desinformación ambiental, sin medir el impacto negativo que esto provocaría, no solo hacia el sector sino en la mirada de los inversores hacia el país.

Si hay parámetros ambientales, tecnologías, y control industrial sobre los procesos, con una legislación vigente adecuada, la ciudadanía tiene las herramientas para exigir que las cosas se hagan bien cada proyecto.

Pero será muy difícil revertir prejuicios y percepciones. Durante más de una década mucha gente y otros tanto jóvenes solo han recibido mensajes que relacionan a la industria de celulosa y papel con la contaminación. Hay nuevas tecnologías que permiten mitigar los daños, y en la que se puede convivir en un ambiente sano para las personas y como fuente de empleo y desarrollo local. Se está trabajando desde el sector para dar a conocer estas realidades.

Las bases forestales de la Argentina, en números

En el país se dispone de una superficie de 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales, principalmente de pino, eucalipto y salicáceas, según datos oficiales de Agricultura de la Nación.

Más del 40% de estas plantaciones se encuentran certificadas por sellos de gestión sostenibles y proveen de materia prima al 95% de las industrias de base forestal del país, que incluyen a más de 2.700 PyMES, generando empleo directo a 100 mil personas, informan desde AFoA.

Con las condiciones ideales, el país podría captar 3.000 millones de dólares en inversiones, triplicar sus exportaciones y revertir el déficit comercial.

En el marco de las Mesas de Competitividad Foresto-Industrial público-privada que impulsan con el Gobierno nacional, trabajan en temas de logística, puertos, aduanas, bosques nativos, bioenergía, construcción con madera, industria de la madera y mueble y de celulosa y papel con el objetivo de abordar las posibles mejoras que apunten a la recuperación de la competitividad sistémica de la actividad y que no atraviesa su mejor momento.

“Los bosques además de contribuir al empleo y bienestar a múltiples economías regionales, son una poderosa herramienta para combatir el cambio climático”, remarca Osvaldo Vassallo.

La forestación es considerada la herramienta más adecuada para absorber los gases que provocan el calentamiento global y tanto su expansión como el uso de la madera en reemplazo de combustibles y materiales no renovables es promovido por las Naciones Unidas, FAO y ONGs ambientales como una estrategia de mitigación y para lograr productos para un mundo más sostenible. Llegar a 2 millones de hectáreas en 2030 implica incorporar unas 62.000 hectáreas de patrimonio forestal adicional por año.

Se estima que esto permitirá absorber alrededor de 15,6 millones tn de CO2 equivalente. Para poner la contribución en perspectiva, la absorción anual de CO2 de ese incremento forestal permite compensar el consumo anual de electricidad de alrededor de 1,5 millones de viviendas o el uso anual de 564.000 vehículos.

Cadena de valor 

La foresto-industria es una cadena de valor que tiene un efecto multiplicador desde la semilla, la plantación, resina y todos sus derivados, manejo forestal, cosecha de rollos, destino de rollos finos para celulosa y papel y de rollos para madera aserrable, aprovechamiento de desperdicio como chip y viruta para generación de energía renovable, maderas y molduras con destino para la construcción y viviendas con madera y muebles, entre otros usos.

En el caso específico de la construcción con madera, la Argentina cuenta con un gran potencial para colaborar en la reducción del déficit habitacional debido a su velocidad de respuesta, la capacidad disponible del recurso forestal y el procesamiento industrial, que permite dinamizar el empleo y las economías regionales, agregando valor a la materia prima proveniente de bosques cultivados como también por los claros beneficios ambientales, económicos y constructivos de los sistemas utilizados.

La madera es un material renovable, reciclable y carbono neutro. Esto contribuye a la mitigación del cambio climático y del calentamiento global, siendo el material de menor demanda energética para su fabricación. Debido a su capacidad aislante superior a cualquier material de uso tradicional en el país, promueve un bajo consumo energético que implica ahorro para el usuario y la sociedad, en un contexto energético deficitario.

 

 

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