
Empujados por la organización ambientalista WWF, empresas, organizaciones y comunidades están impulsando desarrollos que permiten que las plantaciones forestales respondan a las necesidades de las comunidades y se transformen en un motor de conservación y recuperación de los bosques nativos.
Fuente: El Mercurio
Las externalidades ambientales negativas de las plantaciones forestales como la eliminación de bosques nativos, la aparición del monocultivo y la pérdida de biodiversidad, las ha puesto por años en el centro de la polémica. Asimismo, una problemática aún más compleja es que al instalarse esas plantaciones afectan a las comunidades que habitan en el entorno, impactando sus sistemas de vida y, muchas veces, desplazándolas de sus tierras ancestrales. Pero al mismo tiempo, las plantaciones no solo son fuente de ingresos económicos para la sociedad y muchos productores de distintos tamaños, sino que de ellas surge madera y fibras, que disminuyen la presión por obtenerlas de los bosques nativos.
Ante esta situación la World Wildlife Fund (Fondo mundial para la naturaleza) decidió buscar una forma para minimizar el impacto y las injusticias socio ambientales que se habían generado por el avance de las plantaciones y volverlas sustentables. El resultado fueron las «plantaciones de nueva generación» (PNG), una plataforma en la que empresas, comunidades organizaciones no gubernamentales y también gobiernos se unen para generar discusión e intercambio de experiencias que puedan ser replicables y que permitan que la producción forestal se siga desarrollando pero respondiendo a las necesidades locales y apoyando la conservación y recuperación de los bosques naturales en torno a las plantaciones que puedan ser replicables y, de esa forma avanzar a un sistema forestal más sustentable.
«Es una iniciativa que parte de la WWF internacional, como respuesta a una necesidad de conservación, para trabajar con el sector productivo que a nivel global tenía conflictos con las comunidades. Por ello lo que se comenzó a trabajar fue buscar un espacio común entre los sectores de gobierno, los privados y los que buscan la conservación», explica Luis Neves, de WWF internacional y coordinador mundial del PNG quien recientemente visitó el país para la reunión anual del proyecto.
El especialista agrega que lo que se busca con esto es solucionar un problema «para aprovechar de mejor manera la tierra disponible e integrar a las comunidades para que sean parte de la cadena. Este es uno de los grandes cambios de pensamiento. Se empezó hablando de ambiente y hoy estamos integrando a las personas, porque si ellas no están incluidas no vamos a alcanzar este ideal. Ese es un desafío muy complejo», comenta.
Más elementos de unión que de desunión
Fue al comenzar a analizar la problemática, hace siete años cuando los especialistas de WWF descubrieron que entre las comunidades y las empresas había mucho en común.
«Encontramos que los elementos de unión eran mucho más que los que los separaban. Entonces decidimos construir en conjunto un concepto que ayude a explicar cuál sería el mundo ideal de las plantaciones. No estamos diciendo que las plantaciones forestales son buenas o malas, o mejores o peores que el bosque nativo. Nosotros seguimos trabajando para proteger el bosque nativo pero aquí lo importante es entender que las plantaciones son una realidad y una necesidad y que, entonces, lo que tenemos que hacer es conseguir un desarrollo económico y social en armonía con la naturaleza» comenta Neves.
El resultado de las reuniones fue la creación de esta plataforma que es la forma de «generar una agenda de mejora continua para reunir a los actores privados, a las comunidades para que encuentren la manera de trabajar en conjunto».
Lo están consiguiendo. De hecho, ya se han incorporado muchas de las mayores empresas forestales del mundo.
Es el caso de Fibria, empresa brasileña que es la principal productora de pulpa de eucaliptus del mundo, junto a otras de similar nivel, como Suzano, Stora Enso y Kimberly-Clark, que participan en lo que denominan la «iniciativa forestal sostenible mosaicos en el bosque Atlántico brasileño». Aquí la idea es que se trabaja combinando los distintos usos del suelo, como plantaciones, agricultura y reservas naturales.
«Esto lo que hace es incorporar como prioridades el equilibrio social, ambiental y las necesidades económicas en el paisaje, para lo que se trabaja en forma conjunta con las organizaciones locales de la sociedad civil para restaurar y conectar las zonas del bosque nativo», comenta Neves.
El resultado hasta el momento es que ya se han restaurado 30 mil hectáreas y la apuesta es llegar a 200.000 ha para el 2020. «Tener una mirada a escala de paisaje es clave para mantener la capacidad de resiliencia de los ecosistemas, lo que asegura su continuidad y con ella la entrega de una gama de servicios ecosistémicos, incluso frente a cambios y situaciones críticas como el cambio climático», explica Cecilia Alcoreza coordinadora del Programa de Bosques de WWF Chile.
Brasil también es un ejemplo de trabajos en los que se aporta directo a la economía local a través del uso intensivo del suelo, como ocurre en Mato Grosso do Sul, donde se puede ver ganado pastando entre hileras de eucaliptus. «Aquí los beneficios resultan evidentes: los árboles dan sombra a los animales, aportando a su bienestar y crecimiento; y también favorecen la mejora en la calidad del suelo, ya que reducen la erosión. Gracias a este modelo, la granja es compatible con dos vacas por hectárea -frente a un promedio de 0,3 en tierras degradadas- junto con 400 árboles. Esto permite que los agricultores del sector puedan obtener recursos tanto de la madera como del ganado duplicando sus ingresos en una misma área de terreno.
Siguiendo esta lógica, las empresas participantes de PNG en Uruguay han suscrito acuerdos con productores ganaderos locales para permitir el pastoreo dentro de sus concesiones de plantaciones», comenta la experta.
Otro ejemplo es el de la sudafricana Mondi, que posee cerca de 125 mil hectáreas con plantaciones forestales en Sudáfrica. Aproximadamente, la mitad de ellas han sido objeto de demandas de las comunidades locales que, desde 1913, fueron desalojadas de sus tierras. Desde que en 1994, el gobierno de Sudáfrica aprobó la Ley de Restitución de Tierras —que permite que las personas recuperen sus tierras o que, cuando eso no es posible, reciban tierras alternativas o una compensación financiera—, Mondi ha enfrentado 82 demandas. En un intento de cumplir con la normativa y al mismo tiempo mantener la actividad forestal ha llegado a acuerdo en 19 de las demandas en las que alrededor de 36.000 hectáreas de uso forestal han sido transferidas a las comunidades, por las que Mondi paga un arriendo anual —por 20 años— y un derecho de tala por la madera que cosecha. Pero además, la empresa apoya con recursos para capacitación a las comunidades para que se involucren progresivamente en el negocio y las ayuda a acceder a capital semilla para instalar negocios, incluidos vehículos y equipos.
En Chile, las empresas Masisa, Mininco y Arauco también se han incorporado a la iniciativa.
«En particular, hemos hecho una apuesta en la que esperamos que estas empresas, las más grandes a nivel nacional y con operaciones de alcance regional, puedan liderar un proceso de cambio que permita la implementación del concepto de «nuevas generaciones de plantaciones» en el país y la región, provocando un impacto positivo en términos sociales y ambientales.
La experiencia internacional ha demostrado que las plantaciones forestales pueden ser compatibles con el desarrollo local y el respeto a los derechos de las comunidades aledañas. Creemos que ese es el gran desafío para una nueva generación de plantaciones que la sociedad espera y donde las empresas pueden constituirse en efectivos agentes de cambio» explica Cecilia Alcoreza.
Diálogo y ejemplos como fórmula
La fórmula encontrada por la WWF para empujar estas plantaciones de nueva generación es que las experiencias de prácticas sustentables en plantaciones se compartan a nivel internacional para que otros puedan seguir esos ejemplos. Para ello, realizan reuniones periódicas, la última tuvo lugar en Santiago hace un par de semanas, donde participaron representantes de más de 22 países.
En la reunión las comunidades afectadas por la industria forestal, tanto de Chile como de otros países presentaron sus testimonios e inquietudes, intercambiando puntos de vista con el acento puesto en los desafíos y compromisos que este sector productivo debe asumir para avanzar hacia una verdadera sustentabilidad.
Según explicó Cecilia Alcoreza, «en muchos lugares del planeta, las plantaciones han tenido y continúan teniendo impactos negativos en los ecosistemas forestales y la biodiversidad, así como sobre los derechos y medios de subsistencia de comunidades indígenas y locales. A través de este evento, nosotros queremos influenciar al sector forestal de plantaciones a que, a través de la mirada de las comunidades se desafíen a sí mismos para establecer una nueva generación de plantaciones que beneficie a las personas y la naturaleza que contribuya con el bienestar local de las comunidades y que trabaje en armonía con los ecosistemas naturales».
Si bien la iniciativa nace desde el organismo ambientalista consideran clave incluir la experiencia de los privados.
«A pesar de ser una iniciativa de diálogo, se buscan las experiencias prácticas porque quien planta son las empresas» comenta Neves.
Pero también suman a las comunidades indígenas y locales y a los gobiernos. Así ya están participando con el de China y la comisión forestal del Reino Unido.
«En este tema no hay una solución simple. Por eso el primer paso es reconocer las complejidades y la dificultad. Eso es lo interesante de la participación de los distintos organismos que se integran a este proceso. Lo clave es que estamos trabajando desde cuatro principios que son mantener los altos valores de la conservación; el mantenimiento de la seguridad de las economías; que participen todas las partes interesadas; y que se genere desarrollo económico y trabajo. Ya contamos con cerca de 30 casos para mostrar a todos los que están interesados en trabajar bajo el modelo de la plataforma», enfatiza Luis Neves.
Reconoce que un tema pendiente es conseguir la mayor integración de los gobiernos ya que son claves. «En el caso de Sudáfrica y Brasil, el punto común es que el gobierno ha actuado como facilitador, sin tomar partido. Este no es solo un problema, sino una responsabilidad de los estados».
Si bien en la reunión en Chile contaron con la participación de organizaciones de 22 nacionalidades, para los especialistas el gran desafío es cómo dar el salto de escala. «Reconocemos que ha habido una evolución importante, pero tenemos que ver cómo conseguimos que esto cambie de escala. Y ello podría significar que la iniciativa también pudiera replicarse en otros rubros», indica Neves.




