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España: el alto precio de la madera nacional, pieza clave en el auge de los incendios forestales

Internacionales

Una mano de obra más cara y la nula capacidad española para gestionar los enormes recursos forestales ha provocado que el monte carezca de valor económico, lo que provoca su pésimo estado de conservación y la impunidad ante los 20.000 incendios que tienen lugar todos los años.

Por Rafael Pascual. Revista Capital/MADRID.

ESPAÑA (miércoles, 11 de julio de 2007).- Increíble pero cierto. España importa dos terceras partes de la madera que consume, porque le sale más barato. «La mano de obra en España es más cara», añade Félix Romero, responsable de bosques de la ONG WWF/Adena. Pero no todo es culpa de los trabajadores, ya que cerca del 20% de la madera importada proviene de talas ilegales, especialmente de Rusia. Esta tendencia a traer de fuera lo que ya se tiene aquí supone un duro varapalo a las empresas del sector, pero la consecuencia más trágica no se da en el terreno económico, sino en el medioambiental y en el de las vidas humanas. Y es que el hecho de que no se aprovecha la principal materia prima de nuestros bosques origina que estos pierdan valor, lo que a su vez genera que nadie esté interesado en cuidar el monte. ¿Resultado? Más de 21.000 incendios al año en España, algunos de ellos con víctimas mortales. Esta es la verdadera tragedia que genera importar la madera desde el exterior. Gracias a este tipo de medidas, el fuego arrasa cada año más de 120.000 hectáreas, que generan más de 1.800 millones de euros en pérdidas económicas. Pero hasta el momento, tamaño despilfarro de dinero y de vidas humanas (más de 60 en diez años) no ha originado un cambio en los planes de gestión del bosque. «Se dan casos como el de Extremadura en el que sólo el 0.6% de la masa forestal tiene algún plan de conservación», añade Romero. «Que las Comunidades Autónomas no gestionen de forma eficiente el monte es negativo para la lucha contra incendios», concluye Romero. En definitiva un desastre que se repite todos los años y que encierra una curiosa paradoja. En los últimos años de la dictadura franquista se eliminó una inmensa superficie de bosques autóctonos (hayas y encinas) para sustituirlos por eucalipto y pino pinaster, entre otras. La sustitución se llevó a cabo porque las nuevas especies tenían la ventaja de sólo necesitan 15 o 20 años para volver a crecer, una vez que ya han sido taladas o quemadas, mientras que las autóctonas tardan en recuperarse más de 100. Este dato las convertía en pocos aprovechables si se quería extraer beneficio de la madera. Pero los nuevos cultivos trajeron otro problema: el fuego. Y es que un mera chispa sin control lanzada dentro de un bosque de eucalipto se convierte en un infierno de fuego que se extiende a un ritmo vertiginoso, mientras que en un monte con especies autóctonas, la superficie arde a un ritmo lento, lo que permite una extinción más sencilla. La consecuencia del cambio está clara. Hoy en día España está repleta de árboles que favorecen la propagación del incendio y, además, ni siquiera sirve la madera que se extrae de ellos. Está claro que Spain is different .

Por Rafael Pascual. Revista Capital/MADRID.

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