| ENTREVISTA A LA SECRETARIA DE AMBIENTE |
La secretaria de Ambiente manifestó que «no podemos enfrentarnos con los sojeros. Pero sí podemos estimular la forestación. Ahora tenemos un proyecto de ley que crea un fondo de 30 millones de pesos para los proyectos de manejo de bosques sustentables».
Fuente: Clarín
Romina Picolotti tiene la atención puesta en el conflicto de las papeleras y los asambleístas de Gualeguaychú, donde hizo escuela de ambientalista. Pero no puede quitarle la vista a un problema que, a mediano plazo, será mayor. En su despacho, en pollera y zapatillas, la secretaria de Ambiente dice que el futuro es inminente, que las predicciones de los científicos eran acertadas y, lo más importante, que «todavía estamos a tiempo de hacer algo». —Las medidas contempladas en el Protocolo de Kyoto —para intentar disminuir la producción de gases invernaderos— no son suficientes. Nuestra política apuntará a otros instrumentos, como el Protocolo de Montreal sobre la protección de la capa de ozono, que está funcionando muy bien. Si a las acciones contempladas en Montreal pudiéramos agregarles algunas sobre gases, podríamos cuadruplicar las metas de Kyoto. —¿Qué impide el éxito de Kyoto? —La falta de voluntad política. Cuando hay voluntad los daños ambientales se pueden revertir. —¿En Argentina la hay? —Sí. Recibimos una mención como país líder en el tema ozono, por el control de la emisión de gases CFC (los peores para la capa atmosférica). En el cumplimiento de Kyoto también estamos bien, pero no alcanza. —¿El Gobierno tiene una estrategia para evitar el daño al medio ambiente? —En la secretaría creamos y jerarquizamos la Unidad de Cambio Climático, que estudia la evolución y los efectos del fenómeno, pero además hacemos otras cosas. En la lucha por proteger la capa de ozono, redujimos muho las emisiones del gas HCFC22, uno de cuyos derivados afecta 11.700 veces más que el dióxido de carbono el efecto invernadero. Pero hay muchos aspectos que no se pueden calcular. —¿Cuáles? —Hay fenómenos que explotan y cambian todas las proyecciones. Por ejemplo, un glaciar que los científicos calculaban se iba a derretir en 50 años, se derritió en 35 días. ¡35 días! —¿Y los cálculos qué dicen para Argentina? —Que habrá más vientos, muchas más inundaciones y sudestadas fuertes, que cambiarán los patrones de temperatura. —¿Todo esto ofrece alguna oportunidad? —Sí, y eso no se sabe mucho. Argentina tiene enormes posibilidades en las industrias de carbono. Acá hay una enorme oportunidad de negocios. Espero que las empresas argentinas la vean. —¿Dónde estaría el negocio? —Para el año 2012 los mecanismos de desarrollo limpio —cuyas industrias recibirán beneficios— deben compensar los efectos negativos de la deforestación. Invertir en carbono o en forestación será como contraer un plazo fijo. Ya hay empresas que están comprando bosques para vender bonos a los que contaminan. —Pero acá es más frecuente la deforestación para sembrar soja… —No podemos enfrentarnos con los sojeros. Pero sí podemos estimular la forestación. Ahora tenemos un proyecto de ley que crea un fondo de 30 millones de pesos para los proyectos de manejo de bosques sustentables. —La pregunta del millón: ¿cómo tentar a las empresas? —Nosotros las invitamos a venir por el Programa de Ozono, que tiene subsidios para modificar sistemas de refrigeración. Y las que estén en la gestión de vertederos de basura también deberían acercarse. También estamos trabajando duro en un programa de reconversión industrial de todas las pasteras. Porque la mayoría se puede adaptar. Tenemos créditos con tasas subsidiadas para pymes, y proyectos de asistencia técnica. —¿Argentina está lista para afrontar las consecuencias? —Tenemos un plan de adaptación al cambio climático y contención de catástrofes según diversos escenarios, pero no hay billetera que alcance ante la crisis. Mirén lo que pasó en Katrina. Por eso hay que prevenir. Ahora queremos que todas las empresas del Estado «compren verde»: papel libre de cloro, que ahorren energía, agua, etcétera. Hay que evitar que lo peor ocurra


