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Industrias y ambiente: un debate social que no puede esperar

Argentina presenta gran precariedad en la normativa vigente para el control de efluentes de fábricas de celulosas

La normativa vigente en el país –así como en Uruguay- es obsoleta, y mientras se cuestiona la radicación de nuevas inversiones no se pone en el plano de discusión la ley ni las reformas o mejoras en los organismos de contralor. La región avanza hacia una cuenca foresto-industrial, ¿impedimos su concreción, o bregamos para que se desarrolle con responsabilidad?

Fuente: Pymes Digital. Por Federico Ullrich

BUENOS AIRES(7/12/2005).- . Para el desarrollo de una cuenca foresto-industrial es necesaria la inversión de capitales intensivos, como son los emprendimientos celulósicos papeleros, dado que por su absorción de material de descarte tanto de plantaciones como de aserraderos generan mayor aprovechamiento de la materia prima y repercute generando un sector con mayor rentabilidad y competitividad. Sin embargo, al plantearse este tipo de desarrollo es necesario tener bien en claro primero las reglas del juego, sólo para empezar nos encontramos con una Argentina que presenta gran precariedad en la normativa vigente para el control de efluentes de fábricas de celulosa y papel, con falta de organismos de contralor eficientes, un gran nivel de desinformación en la sociedad y en las autoridades competentes, más la necesidad de una comunicación eficiente por parte del propio sector forestal. Estas fueron parte de las conclusiones del seminario “Hacia el Desarrollo de una Cuenca Foresto-industrial”, que se llevó a cabo ayer en el Alvear Palace Hotel de la Capital Federal, y que reunió a especialistas locales e internacionales de primer nivel. El seminario comenzó a las 9 y se extendió hasta las 16, y aunque hacía referencia al desarrollo de una cuenca foresto-industrial, las disertaciones giraron en torno a las industrias de celulosa y papel como materia pendiente para lograr este objetivo, a través de un desarrollo sustentable y de tecnologías limpias, poniendo en escena al mega-emprendimiento de la finlandesa Botnia en Uruguay. De la jornada participaron referentes del sector foresto-industrial de la región y periodistas de medios provinciales (entre ellos Entre Ríos, Misiones y Corrientes), nacionales y regionales (también había prensa de Uruguay), y sirvió como base para discutir las nuevas tecnologías disponibles en los procesos de blanqueado de la celulosa y papel, así como para debatir la necesidad de que la región adecue sus leyes a los nuevos parámetros internacionales. En tanto, en forma paralela, representantes de organizaciones ambientales y sociales de Entre Ríos, acompañados por dirigentes de Green Peace realizaron una movilización por el centro porteño contando en su itinerario las sedes diplomáticas de Uruguay, España, Finlandia y la entrada principal del Alvear Palace Hotel donde se estaba realizando el seminario. El desarrollo de Corrientes En realidad el primer orador de la jornada fue el director de Recursos Forestales de Corrientes, Luis Mestres, quien con mucha claridad expuso las ventajas de su provincia para la instalación de proyectos foresto-industriales, e hizo un rápido repaso por las leyes sancionadas en los últimos años por la Legislatura correntina con el objetivo de propiciar aún más este tipo de emprendimientos. “Es que el desarrollo del sector no depende sólo del privado, es necesaria una gestión estratégica por parte del Estado provincial”, enfatizó el funcionario, y comentó que el desafío que persiguen es el de “fortalecer la cadena de valor”. Sólo para mencionar algunos datos respecto al posicionamiento de Corrientes, basta con aclarar que cuenta con 320 mil hectáreas de bosques implantados, una tasa de plantación de 25 mil has./año y otros tres millones de hectáreas aptas para forestación sin competir con otras prácticas agropecuarias. Sin embargo, mantuvo la misma claridad para reconocer las cuentas pendientes que aún tiene su provincia, pero vistas por Mestres como una oportunidad para el desarrollo, entre ellas enumeró las de generar y mejorar las capacidades técnicas en toda la cadena de valor, inversiones en nuevas industrias y en mejorar la tecnología en las plantas ya existentes; nuevas industrias proveedoras de insumos y servicios directos y la mejora de la infraestructura eléctrica, vial y logística. Dinámica y eficiencia de las Cuencas forestales Por su parte, el lic. Gustavo Braier (de Braier & Asoc.) disertó sobre la Dinámica y Eficiencia de las Cuencas Forestales, refiriéndose a la cadena de valor, el aprovechamiento de la madera y sus ventajas. De esta manera, planteó como fundamental para llegar a este objetivo la necesidad de un planeamiento territorial, la fijación de los objetivos sectoriales adecuados, estudios de impacto ambiental y la atracción de inversiones industriales, entre otros factores. Así, se debería llegar a la conformación de polos industriales sobre la base de recursos renovables y la utilización en forma eficiente de los recursos naturales, el desarrollo de las economías regionales, el incremento de la demanda de empleo con diferentes grados de educación; la generación de divisas para el país y un mayor reciclaje de productos (Nd.A: según la AFCP, Argentina recicla el 40% del papel que se consume), y la fijación de carbono por medio de las plantaciones. Al respecto, sostuvo que un eslabón fundamental para la creación del cluster son las fábricas de celulosa (dado que aprovechan no sólo los residuos de las plantaciones como el material de raleo, sino también de los aserraderos), haciendo que el negocio sea mucho más eficiente, rentable y competitivo. Sin embargo, estas inversiones (las de celulosa y papel) son las más difíciles de captar dado que se tratan de capitales intensivos. Como es habitual en sus presentaciones, Braier hizo un llamado de atención, y esta vez fue para la sociedad en general al sostener que “el consumidor debe asumir los mayores costos del impacto ambiental que pueden generar las industrias de celulosa y papel”. En este sentido explicó que esto se debe a que “el mayor efluente generado por este tipo de industrias se da en el blanqueado de la pasta”, entonces, preguntó “cuántas personas comprarían pañales descartables cuyo material sea de un color marrón, cuántas personas comprarían papel de impresión en un color no tan blanco…” De esta forma, trató de explicar que gran parte de los efectos contaminantes del mundo (ya no sólo de la industria forestal) provienen de las propias demandas del consumidor, quien luego no quiere asumir el costo que esto implica, y enfatizó en que ni siquiera se hace un aprovechamiento responsable de los recursos. Tecnologías limpias En tanto, la docente de la Universidad Nacional de Misiones, María Cristina Area, expuso a cerca de las “Nuevas Tecnologías Limpias para la Producción de Celulosa de Eucaliptos”, en su introducción enumeró los distintos procesos para la extracción de la fibra de la madera, el rendimiento de cada uno de ellos y los principales usos que se le da a la celulosa que se obtiene de los mismos. Posteriormente, se refirió a los sistemas de blanqueado que es el punto crítico, dado que es en este proceso donde se utilizaban históricamente los químicos que mayor impacto tienen sobre el ambiente. Area explicó que en la actualidad existe una tecnología que permite la eliminación del cloro, que es la principal fuente de contaminación, “se trata de los procesos conocidos como ECF y TCF, el primero es del libre de cloro elemental y el segundo es el libre de cloro total”. Por esta razón, las nuevas industrias que se instalan en el mundo lo hacen, en su mayoría bajo sistema ECF, mientras que las ya existentes se están adaptando a estos procesos, “esta es una tecnología que tiene aproximadamente una década, y desde entonces las fábricas están cambiando hacia estas modalidades de blanqueo, que ahora además son exigencias propias del mercado y conforman las restricciones ambientales de los principales países productores como Escandinavia, Estados Unidos y Canadá”, explicó Area. La tecnología ECF (al igual que la TCF que es menos utilizada por su gran costo y escasa diferencia con la anterior) es lo más avanzado que hay en el mundo, llevando a niveles no contaminantes ni peligrosos los residuos generados por los procesos de blanqueo. Sin embargo, ya existe un nivel superior de protección del ambiente que es el denominado “Efluente cero” que consiste en el cerrado total del proceso, por ejemplo los gases en vez de ser liberados a la atmósfera, son derivados a la caldera para su incineración, y así de da utilidad a cada uno de los residuos generando procesos de reciclaje continuo, “hasta el momento sólo existe una industria, ubicada en Canadá, que ha aplicado este método”, remarcó la especialista. El espacio de Botnia Otro de los expositores fue el ing. Carlos Faroppa, responsable del proyecto Botnia Uruguay, quien últimamente viene desarrollando una fuerte agenda pública, en esta oportunidad volvió a presentar los alcances que tendría la planta proyectada en la localidad uruguaya de Fray Bentos, su incidencia sobre la economía del vecino país (el aporte al PBI sería del 1,3%), la generación de empleo director que rondaría los 300 empleos directos y otros nueve mil indirectos en toda la cadena productiva, entre otros aspectos. Pero, fundamentalmente, hizo hincapié en la moderna tecnología que utilizaría la planta de Botnia para sus procesos industriales así como para la mitigación del impacto ambiental. De tal manera, explicó que, salvo al inicio de la puesta en marcha de planta donde se utilizaría un mínimo de combustible fósil, una vez que la fábrica esté funcionando se alimentaría de energía generada de biomasa, es decir del propio residuo que genera la proceso de desfibre de la madera. También señaló que el consumo de agua sería mínimo al igual que la generación de residuos gaseosos, líquidos y sólidos, “es más, ni siquiera se sentirá el olor típico que generan las plantas de celulosa, porque los gases recircularán a las calderas donde son quemados, como mucho habrá un momento al año en el cual pueda sentirse algo de olor”, enfatizó. Asimismo, señaló que la fábrica, que debería estar en funcionamiento para 2007, utilizaría tecnología ECF, por lo cual tampoco generaría dioxinas ni furanos, “no produciría lluvias ácidas (años atrás hubo un problema de este tipo en la zona de Puerto Rico, Misiones), no desechará efluentes tóxicos, no utilizará cloro elemental, y por lo tanto no afectará la producción apícola, agrícola, pesquera ni el turismo”. Cambio total de visión Quien vino a complicar las cosas en el seminario fue el especialista Fernando Raga Castellanos, vicepresidente de la Corporación Chilena de la Madera (CORMA) y ejecutivo de Forestal Mininco (CMPC), y es que para sorpresa de todos los presentes partió su exposición de una estadística reciente realizada por especialistas de Europa, en la cual se prevé que el comportamiento de demográfico a nivel mundial no irá en ascenso, sino que presenta una tendencia a disminuir, con lo cual dio un giro de 180 grados en la perspectiva para analizar el consumo, sus desarrollo y el comportamiento de la población. De esta manera, comenzó a fundamentar los diferentes datos sobre demanda de productos maderables, entre ellos mostró por ejemplo el estudio realizado por la FAO (Food and Agriculture Organization), en la cual se demuestra que el nivel de consumo de productos de madera en el mundo previsto para 2010 no alcanza a los niveles consumidos en 1990, desmitificando de esta manera las proyecciones que señalaban niveles de demanda que serían alarmantes a futuro. Por otra parte, resaltó la importancia de la generación de bosques implantados de calidad para evitar la presión sobre los bosques nativos. En tal sentido indicó que de acuerdo a las proyecciones realizadas por la WWF y el Banco Mundial, para abastecer a futuro la demanda de productos de base forestal a nivel mundial alcanzaría con el aprovechamiento de alrededor de 500 millones de hectáreas de bosques secundarios (lo cual representa el 17% de los bosques totales) -de los cuales se podrían obtener 1.250 millones de metros cúbicos de madera-, más otros 100 millones de hectáreas de especies implantadas de rápido crecimiento, de las cuales se podrían obtener más de 1.250 millones de m3 de madera más. Manejo responsable De esta manera, Raga Castellanos remarcó las bondades de contar con plantaciones de especies de rápido crecimiento, y remarcó que la existencia de estos cultivos significa un gran alivio sobre la presión contra los bosques naturales. \»Una hectárea implantada con estas especies, rinde tanto como diez hectáreas de bosques nativos\», enfatizó, relación que se profundiza aún más en la Mesopotamia argentina donde las especies implantadas obtienen los mejores crecimientos a nivel mundial. \»Este crecimiento acelerado también significa una mayor captación de carbono lo cual es otro gran beneficio, además las especies como el pino permiten la recuperación de suelos degradados e improductivos, y esto significa a su vez una contribución al paisaje, tal es el caso de la VIII Región de Chile, donde existen suelos arenosos de origen volcánico, lo cual antes era un paisaje árido, ahora son tierras productivas\», continuó. También señaló otras ventajas de este tipo de plantaciones, como ser que por las características del desarrollo del complejo forestal, se recupera la población rural, \»contrarrestando la concentración demográfica en las grandes ciudades\». Sin embargo, sostuvo que todo esto debe darse en el marco de un desarrollo responsable, por ejemplo se deben evitar impactos negativos como la concentración de plantaciones en un área determinada, porque entonces se estaría atentado contra la biodiversidad. El especialista de reconocimiento mundial, concluyó entonces que el desarrollo forestal debe efectuarse en forma planificada utilizando un manejo adecuado de las plantaciones para lograr que sea ambientalmente sustentable, económicamente rentable y socialmente responsable. El ejemplo canadiense Finalmente, cerrando la lista de oradores se presentó al consultor canadiense Douglas Pryke, quien expuso sobre el sistema ECF: la teconología sustentable. En realidad Pryke volvió sobre la mayoría de los conceptos ya tratados por la especialista Cristina Area, sin embargo su disertación sirvió para evidenciar aún más el nivel de precariedad de la legislación Argentina en materia de mitigación del impacto ambiental y los controles necesarios. El canadiense explicó las exigencias que existen en la actualidad en el continente norteamericano para las plantas productoras de celulosa y papel, remarcó que la gran mayoría de las plantas existentes están transformando sus sistemas de blanqueo al proceso ECF, en tanto que esta es una condición obligatoria para las nuevas industrias. Asimismo, señaló que permanentemente están sujetas a controles y que cada tres años las industrias deben realizar, contratando a terceros, un minucioso estudio de la biodiversidad en la zona de influencia para detectar si hubo algún tipo de alteración o impacto. Hacia dónde vamos? Inexorablemente, por sus condiciones comparativas y competitivas, la región (Chile, Brasil, Argentina y Uruguay) avanza hacia la conformación de una cuenca foresto-industrial, proceso que necesita para su concreción de inversiones de fábricas de pulpa y papel. Esto toma una vigencia especial en la agenda pública a partir del caso Botnia, empresa que por la envergadura de su proyecto y la inversión que significa es hoy eje de un debate político-social. Es muy importante que la sociedad toda tome conciencia de lo que sucede a su alrededor, que al momento de plantearse una inversión discuta si es conveniente, analice los beneficios y desventajas. Pero esto debe darse en un marco serio y con una verdadera visión de futuro, para lo cual es necesario contar primero con una planificación adecuada… ¿hacia dónde queremos llegar y cómo hacerlo? ¿Qué tipo de economía queremos, cómo pensamos el desarrollo, y qué se necesita para lograrlo? Sin embargo, en los últimos tiempos nos hemos encontrado con una discusión más que un debate, basado en el escaso nivel de información y sin contemplar una política de Estado tanto a nivel nacional como de las economías regionales. En este marco, el gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, con la aprobación de la Legislatura local, declaró a esa provincia \»libre de fábricas de celulosa y papel\», cuando su obligación -en un debate serio donde se contemplen los derechos sociales y el resguardo ambiental- pasaría por impulsar en el ámbito nacional una legislación moderna que actualice los parámetros de exigencia para la emisión de efluentes (líquidos, sólidos y gaseosos) pero para todo tipo de industrias -analizando caso por caso-, tomando para esto los últimos parámetros establecidos en Europa y América del Norte, y generando el suficiente fortalecimiento institucional para instrumentar los controles necesarios para el cumplimiento de estas reglamentaciones. Sin embargo, en vez de tomar una posición que mejore la calidad de vida de la población a través de un desarrollo sustentable (en lo económico, ambiental y social), en los últimos años se ha tendido a demonizar al sector privado y el continuo ataque del actual presidente Néstor Kirchner al empresariado ha incrementado esta percepción en el imaginario colectivo, llamando después -paradójicamente- a los grandes inversores del mundo a que pongan los ojos en Argentina. Es cierto que, en este proceso de demonización del sector privado hay empresariados que han colaborado mucho -los cuales siguen estando y muchos de ellos muy afines al actual gobierno-, pero el rol del Estado (nacional, provincial y municipal) no es atacar mediáticamente a las empresas, sino generar las normas de convivencia, las leyes que establezcan las reglas del juego, y los controles y sanciones para que esto se cumpla en forma eficiente. Un claro ejemplo de que el sistema no funciona es que, mientras hay empresas de celulosa que están produciendo en Argentina con las mejores tecnologías exigidas a nivel mundial (ECF), pese a que la ley en nuestro país no las obligue, hay fábricas como la de celulosa de Benfide SA (ex PCP) que con una tecnología totalmente obsoleta, liberando cloro al río Paraná, sigue contaminando bajo la mirada permisiva tanto de las autoridades competentes a nivel provincial como nacional, quienes sólo mostraron una tibia reacción al hacer un leve llamado de atención a la empresa, pero sin tomar medidas determinantes al respecto. Entonces, el debate debe ser mucho más profundo, en principio tendríamos que plantearnos qué modelo queremos: un país productor de materias primas o industrializado con una cadena de valor integrada y clusters sectoriales, y pensar cuál de los dos modelos va a generar un mayor beneficio económico y social para las economías regionales… Pero recordemos, que en cualquiera de las dos alternativas debemos tener en cuenta que el desarrollo debe ser responsable, en armonía con el ambiente, controlado, con sustentabilidad económica y derrame de los beneficios en toda la sociedad. De otra manera seguiremos creando un país para unos pocos, con un futuro limitado y la añoranza de un pasado glorioso.

Fuente: Pymes Digital. Por Federico Ullrich

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