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Lavagna sostuvo que un dólar alto no significa salarios bajos

Foro nacional de la UIA: respaldo de dirigentes industriales

Dijo que un tipo de cambio sobrevaluado sería el peor de los errores que se podría cometer

Fuente: Diario La Nación

CORDOBA.(10/8/2005).- En un discurso que pareció diseñado a medida para la Unión Industrial Argentina (UIA), el ministro de Economía, Roberto Lavagna, volvió a defender el dólar alto, de manera categórica, en nombre de todo el Gobierno. «Un tipo de cambio sobrevaluado sería el peor de los errores que el país podría cometer», dijo, durante un almuerzo con dirigentes fabriles en el hotel Sheraton de esta ciudad, en el cierre del Foro Nacional de la Industria. Eligió para graficar su idea un ejemplo emblemático que aprovechó, de paso, para criticar la década del 90: «Hay que rechazar el concepto simplista, incorrecto, de que el dólar alto significa salarios bajos. Eso es sólo para quien gana en pesos y consume en dólares en Miami, Punta del Este o París; lugares que, por ahora al menos, no son frecuentados por los trabajadores y el grueso de la sociedad argentina. A un trabajador o a un profesional local, que están en la parte inferior y media de la pirámide de ingresos local, que consumen el ciento por ciento en el país, lo que les interesa es el poder de compra en moneda local». La sentencia desembocó en un aplauso entusiasta de los dirigentes industriales, aprobación que se convirtió luego en elogios en persona hacia el ministro. El primero de todos, Héctor Méndez, presidente de la UIA, el hombre que había protagonizado con Lavagna la reciente controversia por los acuerdos de precios. Méndez se le acercó y le dijo, en privado, después del segundo plato: «Es muy bueno que haga docencia, porque el hombre común, a veces, no tiene respuestas para lo que hablan los especialistas». El ministro se había dedicado, durante su exposición, a destacar las bondades del actual modelo sobre el de los 90, al que comparó, en todo momento, con la «tablita cambiaria de Martínez de Hoz», concepto que también recibió un beneplácito generalizado. José Luis Basso, fabricante de válvulas para automotores, fue otro de los que mostraban conformidad y también se sumó al debate por el tipo de cambio. «No hay un dólar alto, sino uno netamente competitivo. A nosotros, apenas si nos ayuda. De hecho, estamos perdiendo clientes a manos de Corea y la India», afirmó después. Ajenos a la euforia manifiesta, algunos empresarios pertenecientes a la línea más ortodoxa de la UIA intentaron evitar pronunciarse. Cuando Cristiano Rattazzi se retiraba rápido del recinto porque perdía su vuelo, LA NACION lo consultó sobre qué le había parecido el discurso de Lavagna, y el presidente de Fiat Auto, siempre locuaz, fue brevísimo esta vez: «Normal». Pero en la mayoría, más expresiva, había alivio. Por ejemplo, entre quienes reconocen en Lavagna a un hombre de personalidad complicada y que esperaban, casi como inevitable, alguna reprimenda sutil, como aquella vez en que los responsabilizó, en Mar del Plata, por la quiebra del Banade. Pero no hubo ayer ni siquiera una ironía hacia el sector. negrita/Cumplidores con el Fondo/negrita Existieron, en cambio, referencias hacia otros sectores, como el agro y los gobernadores José Manuel de la Sota (Córdoba) y Jorge Obeid (Santa Fe), que habían pedido menos retenciones a las exportaciones. El mandatario cordobés había hablado aquí, 24 horas antes, de ciertos impuestos «inmorales». Hacia allí apuntó Lavagna; dejó de leer el discurso y miró al auditorio para improvisar: «Si alguien les dice que quiere un tipo de cambio alto y, al mismo tiempo, que se eliminen retenciones, o se engaña a sí mismo o los está engañando a ustedes. Una de las dos opciones: o que pidan un tipo de cambio más bajo o que acepten que una política fiscal sólida incluye retenciones». El ministro defendió, además, la decisión oficial de disminuir la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), iniciativa que ha convertido a Néstor Kirchner, más allá de los discursos, en el presidente que más le ha pagado al organismo multilateral de crédito desde el retorno de la democracia. Ya Méndez había valorado, a su turno, esa manera oficial de negociar, a la que definió como firme. «Desde el inicio del programa -sostuvo- tuvimos que reducir la deuda, y ganar grados de libertad era esencial para el país. Por eso hemos hecho pagos a los organismos internacionales por cerca de 13.000 millones de dólares, más de la mitad al Fondo. Que el FMI acepte hoy que la Argentina no cambiará lo esencial de su programa económico, como no lo ha hecho hasta ahora, y se conforme con cobrar, no es más que un reconocimiento de que no ha sabido, no ha querido o no ha podido apoyar el proceso de recuperación argentina.» Por Francisco Olivera Enviado especial

Fuente: Diario La Nación

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