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Bonos de carbono: mitos y realidades

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La reciente entrada en vigor del Protocolo de Kyoto (PK), el pasado 16 de Febrero, ha reforzado fuertemente el “mercado de carbono”, tan mentado y poco efectivo durante los últimos años. La búsqueda de alternativas de reducción más “económicas” se ha desatado entre las empresas del hemisferio norte.

Fuente: CAFIDAP

BUENOS AIRES (Marzo 2005).- La reciente entrada en vigor del Protocolo de Kyoto (PK), el pasado 16 de Febrero, ha reforzado fuertemente el “mercado de carbono”, tan mentado y poco efectivo durante los últimos años. La búsqueda de alternativas de reducción más “económicas” se ha desatado entre las empresas del hemisferio norte. Uno de los caminos previstos para ello puede llegar a beneficiar a actores avisados del mercado argentino: el Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL), que contempla la posibilidad de vender las potenciales reducciones de emisiones obtenidas en terceros países mediante proyectos conjuntos de ahorro energético, sustitución de combustibles o secuestro de carbono. Resulta común reducir las ideas sobre el PK y sus mecanismos a la visión de un negocio de compra venta de “bonos de carbono”. Lamentablemente la realidad se aleja bastante de tal simplificación. Cuando hablamos de bonos de carbono, nos estamos refiriendo a los “créditos de carbono” que se otorgan a un proyecto enmarcado en el MDL, los que reciben el nombre de Reducción Certificada de Emisiones (Carbon Emission Reductions: CER’s) y corresponden a una tonelada equivalente de dióxido de carbono (tCO2e). En los últimos años cada CER tuvo un valor de mercado de entre 3 y 6 dólares, aunque se prevé un aumento significativo a partir de la entrada en vigor del PK. Lo cierto es que los proyectos que pueden ejecutarse mediante el MDL y la venta de “bonos de carbono” a ellos asociados, difícilmente resulten un negocio en sí mismo. Se los debe visualizar como una oportunidad para hacer rentables a algunos proyectos y para posibilitar atraer capitales para “cofinanciar” determinados proyectos. Diferentes países, generalmente europeos pero también Japón y Canadá, están explorando raudamente Latinoamérica para identificar posibles proyectos MDL. La alta complejidad establecida para el ciclo de proyectos en el MDL lleva como lógica consecuencia a que la “escala” se transforme en un punto crucial. Los proyectos preferidos son los llamados “grandes”, es decir de cientos de miles de toneladas de CO2 por año. Para pequeños proyectos o para empresas pequeñas, resultará sumamente difícil encuadrarse dentro del mecanismo. Los “costos de transacción”3 implicados para desarrollar un proyecto MDL, resultarán muy elevados. Además de las ventajas comparativas y competitivas que pueda tener nuestro país, emergen dos aspectos cruciales: la seguridad jurídica de las inversiones y los beneficios fiscales que puedan ser otorgados a los proyectos MDL. En la medida que se exploten circunstancias favorables como pueden ser los incentivos de carácter promocional o de imagen que motiven a determinadas empresas, la sustitución de combustibles fósiles por fuentes renovables —en particular la hidroeléctrica y la biomasa— pueden resultar viables. La implementación de los proyectos —como en muchos otros casos— puede verse facilitada mediante la constitución de fideicomisos que permitan nuclear diferentes actores, posibilitando alcanzar una dimensión aceptable a actividades de reducción de emisiones que aisladamente no resultarían factibles. En definitiva, los “bonos de carbono”, sin ser la panacea, seguramente resultarán herramientas útiles para la sustentabilidad de nuestro proceso de desarrollo. Autor: Ing. Carlos Merenson. Ex Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable. Ing. Eduardo Beaumont Roveda. Consultor de la FAO, OEA y CEPAL. cursiva/3 Un proyecto de MDL tiene que pasar por las siguientes fases antes de generar certificados de reducción: Elaboración del “Documento de Diseño del Proyecto” por los participantes; Autorización de las Autoridades Nacionales Designadas (AND) de los países inversionista y receptor; Validación del Proyecto por una Entidad Operacional; Registro del proyecto por la Junta Ejecutiva del MDL; Implementación y Ejecución del plan de vigilancia por los participantes; Verificación y certificación de las emisiones por la Entidad Operacional; Emisión de los certificados de reducción (RCE) por la Junta Ejecutiva del MDL/cursiva (*)Fuente: Boletín Nº 10 de la CAFIDAP Cámara Argentina de Fideicomisos y Fondos de Inversión Directa en Actividades Productivas www.cafidap.org.ar

Fuente: CAFIDAP

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