Las selvas pedemontanas de las yungas

En el umbral de la extinción

Las Selvas Pedemontanas se encuentran entre dos grandes ecosistemas de características contrastantes, como son las Yungas húmedas y el Chaco seco. Constituyen un relicto biogeográfico de inestimable valor por lo que resulta imprescindible encarar su conservación y manejo sustentable.

Fuente: Pymes Digital

TUCUMAN (23/11/2004). Las Selvas Subtropicales de Montaña o Yungas se extienden a lo largo de las laderas orientales de los Andes y de las Sierras Pampeanas y Subandinas. En la Argentina se distribuyen en el noroeste del país, desde la frontera con Bolivia hasta la provincia de Catamarca. La Selva Pedemontana representa la franja altitudinal de bosque más baja, entre 400 y 700m s.n.m., de las Yungas, colindando en líneas generales hacia el este con el Bosque Chaqueño Semiárido en un gradiente húmedo-seco de aproximadamente 10km, de allí su otro nombre de Selva de Transición. La Selva Pedemontana cumple un papel ecológico destacable en el contexto de las Yungas, ya que no solo presenta una alta diversidad biológica, sino que además sirve de refugio a especies de otros pisos altitudinales de la selva de montaña. Estacionalmente numerosas especies de vertebrados descienden por la montaña hacia la Selva Pedemontana durante la época invernal, cuando las condiciones ambientales en los sectores más elevados de Yungas son desfavorables (bajas temperaturas y escasez de recursos alimenticios). Estas migraciones estacionales han sido bien documentadas para aves y en menor medida para mamíferos, como por ejemplo, para el mono caí, pero podrían descubrirse como una estrategia más generalizada a medida que se profundice en el conocimiento del comportamiento de la fauna de Yungas. Si estos desplazamientos fueran una condición necesaria para la supervivencia de muchas especies animales, la protección de las Selvas Pedemontanas podría tener un papel crítico a escala de paisaje (por ejemplo, una cuenca, un valle) o de la ecorregión. Esto se debe a que los esfuerzos de conservación de los pisos de vegetación superiores de Yungas (Selva Montana, Bosque Montano y Pastizales de Altura) podrían ser insuficientes para evitar la disminución o desaparición de poblaciones de muchas especies, si estas no cuentan con amplios sectores de Selva Pedemontana para refugiarse durante épocas desfavorables o incluso durante breves períodos de temperaturas extremas La situación geográfica de las Selvas Pedemontanas entre dos grandes ecosistemas regionales de características contrastantes, como las Yungas húmedas y el Chaco seco, posiblemente fue un factor relevante en el desarrollo de importantes culturas prehispánicas. Hoy esta franja es el eje del desarrollo de la región y del crecimiento de importantes centros urbanos, como por ejemplo Tucumán, Rosario de la Frontera, Metán, Güemes, Libertador Gral. San Martín, San Pedro, Orán, Tartagal, Embarcación, etc., donde viven alrededor de dos millones de personas. La Selva Pedemontana posee un clima claramente tropical con estación seca, con temperaturas elevadas durante gran parte del año, lluvias concentradas durante la época estival (noviembre a marzo), y el déficit hídrico más marcado de las Yungas (junio a noviembre). Debido a esto, la Selva Pedemontana representa el piso altitudinal con mayor riesgo de incendio. En tal sentido, anualmente miles de hectáreas de estos bosques son afectadas por incendios forestales que normalmente ocurren entre agosto y octubre, cuando la vegetación se encuentra más seca y sometida a temperaturas que superan los 40°C. Este riesgo se ve magnificado en la actualidad por la introducción de especies herbáceas exóticas de alta productividad de biomasa (por ejemplo pasto elefante y gattonpanic), que espontáneamente colonizan el interior del bosque y que al secarse en la época seca generan condiciones de óptima combustibilidad. Los incendios son una característica importante a la que posiblemente la Selva Pedemontana se encuentre adaptada; es decir, posee la capacidad de resistir estructuralmente a fuegos recurrentes. Las especies arbóreas de esta franja altitudinal aparentemente también están adaptadas para soportar ciclos climáticos secos-húmedos de gran intensidad. Especie en riesgo Más allá de esta variabilidad climática, en las últimas décadas se ha registrado una tendencia creciente en los valores de precipitación media anual, y ello es una de las razones del incremento de la superficie cultivada de secano en el ecotono de transición entre la Selva Pedemontana y los sistemas ecológicos chaqueños. Este proceso de transformación de selvas a tierras agrícolas avanza a una tasa de miles de hectáreas por año, amenazando con reemplazar la totalidad de las selvas de tierras planas con cierto valor de conservación en los próximos años. El reemplazo masivo de bosques de tierras planas, sin una planificación territorial amplia que contemple tanto aspectos ambientales como sociales, probablemente también tendrá consecuencias negativas para las economías y poblaciones locales. Características estructurales y fenológicas del bosque Un hecho significativo es que en las Yungas argentinas parece no existir una sola hectárea de Selva Pedemontana que no haya estado sujeta a extracción forestal en el último siglo. Las Selvas Pedemontanas que aún se presentan en relativamente buen estado de conservación tienen un dosel casi continuo de entre 25 y 35 metros de altura, con un área basal de 30 a 35m2/ha y alrededor de 30-50 especies arbóreas por hectárea. En general se observan 2-3 estratos arbóreos, siendo importante además el estrato de enredaderas conformado por lianas leñosas. Los epífitos en general son de condición xerófita, dominando orquídeas de gran tamaño, cactáceas, helechos reviviscentes y bromelias, como los claveles del aire, predominantemente del tipo ‘atmosférico’ (plantas que utilizan el agua que captan de la humedad del aire). El suelo se presenta desnudo con reducida cobertura herbácea y escasa acumulación de hojarasca. La fenología de las especies vegetales es marcadamente estacional. Más del 70% de las especies y la mayor parte de los individuos arbóreos pierden su follaje durante la estación seca, entre junio y octubre. Estos rasgos convierten a las Selvas Pedemontanas en uno de los ecosistemas forestales más estacionales de Sudamérica. También es estacional la floración de los árboles, que mayormente ocurre en primavera antes de que comiencen las lluvias. El mecanismo de dispersión de numerosas especies arbóreas y de gran parte de las especies de lianas es el viento, y en tal sentido la maduración de los frutos ocurre también durante el período libre de lluvias, de agosto a noviembre. Las pocas especies con frutos carnosos son dispersadas durante el período de lluvias por aves y mamíferos. Estos bosques son además una fuente importante de alimento para especies granívoras como por ejemplo los loros, las palomas, etc., principalmente durante el otoño e invierno, cuando están disponibles las semillas inmaduras de muchas especies de leguminosas, como el cebil colorado (Anadenantheramacrocarpa), el horco cebil (Parapiptadenia excelsa), la tipa (Tipuanatipu), el ceibo (Erythrinadominguensii), la quina colorada (Myroxylonperuiferum) y el roble (Amburanacaerensis). Una condición general de las Selvas Pedemontanas es haber estado sujetas a una explotación forestal selectiva muy intensa, no planificada con criterios de sustentabilidad económica y ambiental. Esto llevó a que en la actualidad se encuentren estructuralmente empobrecidas y simplificadas, con valores de área basal inferiores a la mitad de sus valores potenciales. En grandes extensiones de selva, los ejemplares con alto valor forestal han prácticamente desaparecido y solo se encuentran ejemplares jóvenes o decrépitos. Biodiversidad El origen biogeográfico de la Selva Pedemontana se relaciona estrechamente con el de otros bosques estacionales de Sudamérica, como los de la Caatinga brasileña y de la Península de Guajira de Venezuela y Colombia. Estas vinculaciones son tan marcadas que se ha postulado (Darién Prado, por ejemplo) una distribución continua de estos bosques a través de Sudamérica en el pasado, durante períodos climáticos con condiciones de intensidad y distribución de las precipitaciones diferentes de las actuales. En este sentido, las Selvas Pedemontanas constituyen un ‘relicto biogeográfico’, y tal condición incrementa su valor de conservación y aumenta la necesidad de considerar los efectos de las variaciones climáticas para lograr su persistencia al largo plazo. La Selva Pedemontana constituye una franja altitudinal con un importante porcentaje de especies exclusivas (alrededor del 30% del total). Si bien no existen listas exhaustivas de la diversidad específica, estimaciones preliminares indican que en estas habitan al menos 278 especies de plantas leñosas (árboles, arbustos y lianas). Solo de árboles encontramos 104 especies, de las cuales 40 (38%) son exclusivas del sector Norte de las Yungas argentinas (Salta y Jujuy). Este sector de Selva Pedemontana es llamado Selva de Palo Blanco y Palo Amarillo (Calycophyllummultiflorum y Phyllostilonrhamnoides, respectivamente) y representa, en conjunto con los restantes pisos altitudinales de las Yungas situados por encima, una de las áreas con mayor riqueza específica exclusiva de Argentina. Tal condición mereció la reciente categorización de esta área, correspondiente a la alta cuenca del Río Bermejo, como ‘Reserva de la Biosfera’ (UNESCO 2002), que con sus 1,3 millones de hectáreas se transformó en la reserva de este tipo más extensa y biodiversa del país. La Selva Pedemontana es el piso altitudinal de vegetación con mayor número de especies de valor maderable, aprovechándose cerca de una docena de especies arbóreas, que incluyen cedro salteño (Cedrelaangustifolia), roble, cebil colorado, palo blanco, palo amarillo, urundel (Astroniumurundeuva), lapacho rosado (Tabebuiaavellanedae), quina colorada, afata (Cordiatrichotoma), tipa colorada (Pterogynenitens), etc. Debido a un uso extractivo no planificado, algunas de estas especies se encuentran actualmente en estado vulnerable, como por ejemplo el roble, el cedro salteño o la quina colorada. Desde el punto de vista de la fauna, la Selva Pedemontana ha sido considerada como un área de elevada riqueza específica, posiblemente debido a su papel de ecotono entre dos grandes regiones biogeográficas como las Yungas y el Chaco. Por ejemplo, la Selva Pedemontana alberga aproximadamente unas 200 especies de aves (20% de las aves argentinas) y alrededor de 97 especies de mamíferos (27% de los existentes en el país). Sin embargo, a nivel de aves y mamíferos existen muy pocos endemismos, y solo han sido mencionados el posiblemente extinto para la Argentina guacamayo verde (Ara militaris) y la mulita de Yepes (Dasypusyepessi). Debido al avanzado proceso de degradación en que se encuentra la Selva Pedemontana, las poblaciones de numerosas especies de aves y mamíferos de mediano a gran tamaño están declinando. Especies que antes eran comunes en el sector comprendido entre los Departamentos de San Martín (Tartagal) y Orán en Salta y el departamento de Ledesma en Jujuy, como pecaríes labiados (Tayassualbirostris), tapires (Tapirus terrestris), monos caí (Cebus apella), tigres (Pantheraonca), pavas de monte (Penelope obscura) y tucanes (Rhamphastos toco), son hoy cada vez más raras o casi inexistentes en muchos sectores de la Selva Pedemontana. Otras especies, como corzuelas (género Mazama), pecaríes de collar o rosillo (Tayassupecari), zorros (Cerdocyonthous), acutes (Dasyproctapunctata) y loros (Ara auricollis, Amazona tucumana, A. aestiva, Phyrruramolinae, etc.), son aún frecuentes de observar o es común encontrar sus rastros. Aunque no existen datos históricos que permitan evaluar el impacto de las actividades humanas en los tamaños poblacionales de las especies mencionadas, información anecdótica y de otras áreas hace suponer que la reducción de muchas de estas poblaciones fue drástica, poniendo en peligro la persistencia de varias de estas especies en la región. Estado de conservación y perspectivas futuras Además del importante proceso de transformación a que están sometidas las Selvas Pedemontanas, las áreas remanentes de bosque presentan un fuerte proceso de simplificación estructural como producto de la explotación forestal intensa y no sustentable. La falta total de una estrategia oficial de ordenamiento territorial para la región y de criterios de aprovechamiento sustentable de la Selva Pedemontana, sumado a la presión de la ganadería extensiva y la caza de subsistencia, están contribuyendo a la degradación y pérdida de valor productivo de estos ecosistemas. En relación con su estado de protección, la Selva Pedemontana presenta una situación actual endeble y claramente insuficiente para asegurar la persistencia de su biodiversidad a largo plazo, a pesar de esfuerzos recientes para revertir esta tendencia, como la creación del Parque Provincial Laguna Pintascayo de 12.000ha, y la implementación de la Reserva Acambuco de 8000ha, ambas en la provincia de Salta, no son suficientes. Los parques nacionales de la región no incluyen sectores de Selva Pedemontana, como el Parque Nacional Baritú en Salta o solo incluyen pequeñas superficies, como el Parque Calilegua en Jujuy, con un 10% de sus 76.000ha ocupadas por pedemonte. En tal sentido, crear y mantener áreas naturales protegidas de Selva Pedemontana es una prioridad tanto regional como nacional. Dadas las características estructurales ya mencionadas de estas selvas, un esquema de protección amplio y eficiente podría incluir niveles adecuados de aprovechamiento forestal sustentable. Los sectores remanentes de mayor valor para la conservación constituyen justamente las áreas sujetas en la actualidad a mayor presión de transformación a tierras agrícolas. Otros sectores se presentan muy fraccionados y vulnerables a factores como el fuego, que justamente se magnifican con el proceso de degradación y fraccionamiento de la selva. Sin embargo, a mediano y largo plazo, las áreas de selva degradada podrían cumplir un papel importante para generar estrategias de manejo sustentable del bosque, y como áreas de valor potencial si se logra recuperarlas e integrarlas a otros sectores de selva. Este es un punto importante si consideramos que toda la Selva Pedemontana remanente presenta algún nivel de disturbio, por lo que incluso áreas fuertemente deterioradas podrían aportar a la conservación si se las incluye en sistemas de reserva o manejo especial que les permitan recuperar su estructura y biodiversidad. Asimismo, estos sectores remanentes degradados de Selva Pedemontana ubicados en las inmediaciones de las áreas cultivadas brindan servicios ambientales al sector productivo, como por ejemplo a través del aporte de polinizadores y control biológico de plagas. Estos sectores también ofrecen recursos alimenticios y medicinales para las poblaciones rurales y periurbanas. Si pensamos en un ecosistema del Noroeste argentino que reúna las condiciones óptimas para el manejo forestal, este es la Selva Pedemontana. Por un lado, en ella habitan al menos 10 especies de interés actual como recurso forestal, desde las muy comunes (cebil colorado, urundel, afata, lapacho rosado, palo blanco, palo amarillo) a aquellas poco frecuentes o raras de alto valor económico (cedro salteño, quina colorada, roble). Estas especies son en general heliófilas, es decir que sus semillas y renuevos se benefician con abundante luz, y por ende responden muy bien a disturbios como incendios y caídas de árboles, siendo estos lugares alterados los ideales para su regeneración. Por otra parte, las altas temperaturas durante gran parte del año y las condiciones de elevada humedad estival posibilitan altas tasas de crecimiento. Estas características positivas se ven potenciadas por una buena accesibilidad y corta distancia a los grandes centros urbanos de la región. En este sentido, los mecanismos de certificación de explotaciones forestales sustentables abren nuevas opciones para la búsqueda de mercados atractivos que permitan lograr una alternativa productiva para la Selva Pedemontana. Sin duda, el manejo forestal es mucho más compatible con la conservación de la Selva Pedemontana que su transformación a plantaciones y cultivos. En ese sentido, conservar una muestra representativa de los sectores de bosque más productivos (sectores con suelos profundos de muy alta aptitud agrícola) es una prioridad, ya que estos sectores permitirán evaluar las máximas tasas de crecimiento de las especies de interés forestal, además de garantizar la continuidad de servicios ambientales, como la polinización. Estos valores podrían evidenciar que el manejo forestal sustentable es más rentable, a largo plazo, que las plantaciones de soja y caña de azúcar que hoy dominan el paisaje. De tal forma, el futuro forestal de Salta y Jujuy podría depender de la información encerrada en estos sectores de selva en vías de perderse para siempre. Fuente: E-campo. Extraído de la Revista Ciencia Hoy, Volumen 14 – Nº 83. Por: Alejandro Diego Brown, Laboratorio de Investigaciones Ecológicas de las Yungas, Universidad Nacional de Tucumán; y Lucio Ricardo Malizia, Centro Internacional para Ecología Tropical, Departamento de Biología, Universidad de Missouri, St. Louis.

Fuente: Pymes Digital

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