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Álvaro Roza Vega, Presidente de la Asociación de Empresarios de Silvicultura de Asturias, destaca en este artículo la importancia de las inversiones en repoblación forestal y en tratamientos silvícolas para para mitigar el cambio climático a través de la fijación de CO2.
Fuente: Portal Forestal
ESPAÑA (15/9/2004).- El pasado 9 de marzo asistí en el Colegio de Ingenieros de Montes de Madrid a la jornada «Los bosques como sumideros de carbono: una necesidad para cumplir con el Protocolo de Kioto». El principal objetivo de dicha jornada es el reflexionar sobre el papel que juega y debe jugar la actividad forestal en el cumplimiento de los compromisos asumidos por España en el marco del cambio climático global, el cumplimiento de la directiva europea de Comercio de Emisiones y el Protocolo de Kioto, y la necesidad que tiene el sector forestal de concienciar e informar sobre la destacada función de los bosques y la actividad forestal al respecto. Mi mayúscula sorpresa fue comprobar cómo por parte del Principado sólo nuestra asociación estaba presente, demostrando el interés que desde ésta se tiene por el sector y todo aquello que guarde relación con él. En este foro quedó claro que no es lo mismo cambio climático que Protocolo de Kioto. Cambio climático: ya no hay duda de la existencia de alteraciones climáticas propiciando catástrofes con consecuencias devastadoras. Según el panel intergubernamental de expertos en cambio climático, integrado por 2.000 científicos de más de 100 países, la temperatura mundial se elevará entre 1,4 y 5,8 grados durante el período 1990-2100, creciendo el nivel del mar entre 15 y 95 centímetros, causando inundaciones en zonas bajas, con un cambio en el régimen de distribución de precipitaciones y un endurecimiento de las sequías y los fenómenos meteorológicos extremos. Ello nos viene dado por la emisión de gases efecto invernadero, siendo éstos los reconocidos y que citamos por orden de importancia: dióxido de carbono (CO2), cuyo origen está en la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo) y la deforestación, contribuyendo con un 55%; los clorafluoruros, carbonos y gases afines, derivados de usos industriales como refrigeradoras, aerosoles, etcétera, y la agricultura intensiva, con una contribución del 24%; el metano (CH4), cuyas fuentes están en la minería del carbón, fugas de gas, fermentación entérica, respiración de plantas y suelos por efecto del calentamiento y deforestación, con una aportación de un 15%, y el óxido nitroso, por la quema de biomasa, uso de fertilizantes, agricultura intensiva y quema de combustibles fósiles, con una aportación del 6%. Protocolo de Kioto: ante la necesidad de dar una solución nace la respuesta internacional, primero mediante el Convenio de Cambio Climático (1992), estableciendo un marco de acción para estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero y evitar que la actividad humana interfiera peligrosamente con el sistema climático. Incluye a 188 estados, entrando en vigor en marzo de 1994, y sus principios son la protección del sistema climático para futuras generaciones, responsabilidades comunes, pero diferenciadas, la precaución y el desarrollo sostenible, con unos compromisos generales para todos los países desarrollados, y para los países OCDE. En diciembre de 1997, en Kioto (Japón), después de intensas negociaciones, se culmina la III Conferencia de las partes, con el acuerdo de un protocolo que lleva el nombre de la ciudad donde se desarrolla, con el compromiso de alcanzar objetivos de reducción de emisiones tomando como base el año 1990 y un primer período de dicho compromiso que va desde el año 2008 al 2012, estableciendo mecanismos para lograr esos objetivos. ¿Cómo lograr esos compromisos? A través de políticas y medidas, de mecanismos de flexibilidad, de la protección y mejora de sumideros y de la promoción de prácticas sostenibles de gestión forestal. En el año 2001 se desarrollan las normas del Protocolo de Kioto mediante los acuerdos políticos de Bonn y Marrakech, donde se traducen los acuerdos políticos a decisiones jurídicamente vinculantes. La respuesta europea se fija mediante la ratificación del Protocolo de Kioto, el Programa Europeo de Cambio Climático y una directiva sobre comercio de derechos de emisión de gases efecto invernadero, así como la propuesta directiva de mecanismos, donde se opta por la inclusión de sumideros con la definición de bosque, forestación y reforestación, admitiendo las actividades adicionales. En la IV Conferencia ministerial sobre protección de bosques en Europa (Viena, abril de 2003), la CE se comprometió a: -Promoción de uso adecuado y eficiente de la madera, de forma que sustituya a recursos no renovables y a técnicas de producción energéticamente muy intensivas. -Aumento significativo de la generación y uso eficiente de la bioenergía a partir de recursos procedentes de bosques gestionados sosteniblemente, así como de residuos de madera. -Prácticas de gestión forestal sostenible, programas forestales nacionales que den directrices apropiadas para que las forestaciones y reforestaciones se efectúen con el debido respeto por los valores ambientales. -Apoyo a la investigación y análisis sobre el ámbito posible y los métodos de captación de carbono en los bosques y su almacenamiento en forma de productos forestales. Ello nos lleva a una potenciación del sector forestal con: -aumento del área arbolada que supone, sin lugar a dudas, un incremento de la capacidad de fijación y del ecosistema en que se actúa. -silvicultura y gestión forestal, siendo evidente que las labores silvícolas suponen una regeneración, aumento de la vitalidad y de vigor vegetativo de las masas arbóreas, incrementando su producción y fomentando su capacidad de sumidero. Obviamente, las masas jóvenes tienen una mayor capacidad de crecimiento que las masas maduras e incluso, fisiológicamente, se da el caso de que en masas sobremaduradas la respiración es mayor que la capacidad de fijación. Por tanto, la regeneración de las masas mediante las oportunas cortas, sean de la naturaleza que sean dentro del planeamiento silvícola y la plantación de especies de crecimiento rápido, deben ser dos opciones más. -aprovechamiento y fabricación de productos de madera. Los proyectos no deben involucrar solamente a las plantaciones, sino también a los usos de la madera, siendo extremadamente elevado el volumen de carbono que permanece secuestrado en ella (muebles, estructuras, marcos y molduras), siendo estos productos de durabilidad ilimitada. -sustitución de combustibles fósiles por biomasa para la obtención de energía. Según el grupo de investigación de la Universidad de Vigo, incluso en el caso de utilizar la biomasa extraída del monte mediante combustión directa para la producción energética, con el consiguiente retorno del carbono fijado a la atmósfera, el efecto puede ser positivo si se está sustituyendo la combustión de combustibles fósileis no renovables. La unidad de superficie forestal tiene a partir de ahora un mayor valor, si cabe, que no se puede despreciar, y Asturias tiene 765.000 hectáreas de terreno forestal, de las cuales el 45% están improductivas. Independientemente de lo deficitaria que es Asturias en madera (la muestra la tenemos en las importaciones que se están realizando) y de la riqueza y el valor de los bosques, tanto en el aspecto económico como en el social o medioambiental, éste último queda claro que es de suma importancia para mitigar el cambio climático y cumplir con la directiva de Kioto, que ya deja de ser recomendación para ser obligación. Asturias es, además, una comunidad con un alto nivel de industrialización y, por tanto, de emisiones de CO2, lo que a corto plazo supondrá un elevado gasto económico, ya que se prevén multas que rondarán los 40 euros por tonelada de CO2 excesiva, siendo además de obligar a adquirir los llamados bonos de carbono, que pueden suponer un coste de otros 12 euros por tonelada. Sale infinitamente más barato (económica y ecológicamente) reforestar y gestionar nuestros bosques que contaminar. Los bosques asturianos, dentro de la UE, son de los más ricos en biodiversidad y son una potente herramienta para mitigar el cambio climático a través de la fijación de CO2. Para ello es necesario que la Administración lleve a cabo un plan de choque urgente para la adopción de una estrategia autonómica ante el cambio climático, basada en el sector forestal. Todo esto genera unas exigencias al sector forestal tales que el hipotético cumplimiento al 100% del plan forestal se hace insuficiente. La magnífica oportunidad para mitigar el cambio climático exige un mayor esfuerzo inversor por parte del Principado, dado que el actual sigue siendo muy reducido. No se debe perder más tiempo en dar el impulso que el sector necesita para cumplir todas las expectativas que se ciernen sobre él. Como conclusión, puede decirse que una buena y excelente política forestal protege a la industria.



