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Río Negro | «Saber por qué empieza un incendio es el primer paso para evitar el siguiente»: Roberto Molina lleva su experiencia a una cumbre internacional en Bolivia

El fundador del Servicio Provincial de Lucha contra Incendios Forestales (SPLIF) de Río Negro y referente de la ONG SOS WildFire participará en el Encuentro Internacional de Investigación de Causas. Con más de cuatro décadas de trayectoria, promueve la pericia técnica y el análisis histórico para combatir el fuego antes de que se inicie.

 

Fuente: Diario Río Negro

 

RIO NEGRO (4/8/2026).- Con 74 años y más de cuatro décadas dedicadas al combate de incendios en la Patagonia, Roberto Molina continúa siendo una voz de consulta obligada en el ámbito de la protección forestal sudamericana. Fundador del pionero Servicio Provincial de Lucha contra los Incendios Forestales (SPLIF) de Río Negro, Molina fue convocado para disertar en el primer Encuentro Internacional de Investigación de Causas de Incendios Forestales e Intercambio de Experiencias, que se llevará a cabo del 12 al 16 de agosto en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

En el foro internacional —que reunirá a especialistas de Brasil, Paraguay, Costa Rica, México y Bolivia—, el experto argentino expondrá una tesis central que ha guiado su carrera: la prevención no empieza en el equipamiento, sino en comprender los motivos exactos que originan cada foco.

«El fuego no entiende de fronteras y sus causas se repiten de un país a otro. Reunir a quienes lo combaten para compartir método, datos y experiencia es la forma más eficaz de mejorar la prevención en toda la región. Saber por qué se inicia un incendio es el primer paso para evitar el siguiente», sostiene el especialista al diario Río Negro.

Molina, retirado del servicio activo en 2005 pero en constante investigación, integra la ONG internacional SOS WildFire, nacida en España para responder a las megacatástrofes hídricas y forestales que en los últimos años han arrasado millones de hectáreas en Chile y la Amazonía.

En este marco, el experto elaboró el Manual de Introducción a la Investigación de Causas de Incendios Forestales, un documento de 200 páginas con croquis y metodologías de peritaje que presentó recientemente en Bariloche y que sirvió de base para la invitación a la cumbre boliviana.

Según el análisis de Molina, en América Latina existe una grave vacancia en el peritaje posterior a los siniestros: «Por lo general, ante un incendio forestal no se realizan peritajes, excepto en los casos donde se registra alguna víctima fatal. La policía y el Poder Judicial investigan los motivos generales, pero difícilmente se avanza en la prueba técnica de las causas. En este sentido, debemos aportar herramientas científicas a las fuerzas de seguridad y a la justicia».

Para ejemplificar la importancia del peritaje, Molina evoca el caso de California, donde la investigación detallada permitió condenar a prisión perpetua al responsable de arrojar un vehículo en llamas a un barranco, provocando la destrucción de más de 174.000 hectáreas. «En ese camino de determinación de responsabilidades y rigor técnico es hacia donde pretendemos avanzar», plantea.

Molina fue el impulsor de una brigada de incendios forestales en El Bolsón, junto a Felipe Ivandic, del Instituto Forestal Nacional, y Eric van Konijnenburg, director de Bosques de esa localidad. De esta forma, nació el primer dispositivo de protección contra incendios forestales del Estado Provincial.

En 1988 desembarcó en Bariloche para replicar el programa y armar una nueva central que se inauguró dos años después. «En ese momento, los incendios de Chile avanzaban hacia las fronteras nacionales y no había quien los atajara. Así nació el Splif, pero la temporada, en ese momento, arrancaba en diciembre y terminaba en marzo. Solo en esos meses se asignaba personal. Poco después, se creó por ley. Río Negro fue pionera en una institución de estas características, pero se lo debemos a la fábrica sin chimenea de Bariloche y El Bolsón para cuidar los bosques», recordó.

Del origen del SPLIF al trabajo en el Amazonas

La trayectoria de Molina en la gestión del fuego comenzó en 1979, cuando fue designado jefe del cuerpo de Bomberos de El Bolsón en un contexto donde no existía infraestructura, personal ni autobombas. Con los años, esa experiencia derivó en la creación del SPLIF, organismo referente a nivel nacional en ataque rápido y manejo del fuego que el próximo año cumplirá cuatro décadas de operatividad.

Actualmente, a través de SOS WildFire —organización que prestó colaboración en los voraces incendios de los parques nacionales Nahuel Huapi y Los Alerces—, Molina trabaja en capacitaciones en la Amazonía boliviana. En una superficie de 50 millones de hectáreas, la frontera agrícola ha avanzado sobre más de 25 millones, generando un escenario crítico por el uso del fuego en la limpieza de parcelas.

«Muchas veces, para limpiar esos terrenos, las comunidades queman residuos agrícolas. Claramente necesitan capacitaciones en prevención para que el fuego no se descontrole y afecte al bosque nativo. La intención es darles herramientas para que cuiden su entorno», explica.

Para el especialista rionegrino, la política pública frente a la emergencia climática debe trascender la compra de insumos de combate e incorporar una inteligencia analítica de largo plazo.

«No solo hay que invertir en preparación y en equipamiento, sino ir más allá. Se requiere un registro puntilloso de todos los incendios que se generan: evaluar las pérdidas, la cantidad de personal destinado al combate, pero fundamentalmente evaluar qué pasó y cómo se produjo. Hay que armar un historial estadístico para planificar la prevención del futuro», concluyó Molina.

 

 

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