El Gobierno nacional oficializó una quita de más de 2.500 millones de pesos que afecta la preservación de 46 áreas protegidas, con un fuerte impacto en el Parque Nacional Iguazú, Patrimonio de la Humanidad. Para el naturalista Claudio Bertonatti, docente e investigador, la medida ignora lo fundamental de la gestión para la protección de estos sitios, territorios que funcionan como inversiones estratégicas que motorizan las economías regionales y atraen a millones de turistas. «Sin fondos, estarán en situación de vulnerabilidad para su gestión y protección», advierte.
Fuente: Misiones Online
A través de la Decisión Administrativa 20/2026, el Gobierno nacional oficializó un recorte presupuestario sobre la Administración de Parques Nacionales que alcanza los 2.557 millones de pesos. La medida afecta a 46 áreas naturales protegidas, entre ellas, en forma directa al Parque Nacional Iguazú, que alberga a las Cataratas y sufrió una reducción en pesos de 41.715.920 en sus recursos.
Esta disposición, que lleva la firma de Manuel Adorni y Luis Caputo, despertó una fuerte controversia tras ser defendida por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, bajo la premisa de reducir el gasto político.
Sin embargo, durante una entrevista con Misiones Online, Claudio Bertonatti, naturalista, museólogo y docente argentino, criticó la determinación oficial y sostuvo que las áreas protegidas representan una inversión estratégica y no un gasto para el Estado.
Bertonatti explicó que el recorte a estas áreas vulnera la infraestructura turística, la seguridad de los visitantes y las obras de prevención y combate de incendios. Además, destacó que los parques cumplen un rol ambiental fundamental para la regulación del clima y el bienestar de la población.
Para Bertonatti, la lógica del Gobierno nacional al recortar el presupuesto de los Parques Nacionales es difícil de comprender y señaló que estas áreas son una inversión, al igual que las escuelas, los hospitales, los museos y las universidades. “Todo indica que nuestros economistas consideran que son áreas ociosas, cuando en realidad son áreas productivas”, afirmó.

El investigador recordó que el año pasado, los Parques Nacionales recibieron casi 5 millones de turistas y generaron un impacto significativo en las comunidades locales, el desarrollo provincial y regional, y la economía nacional. “Recortar esto es como mal alimentar a la gallina de los huevos de oro, o pegarle, o no curarla. No es sensato, sencillamente”, sentenció.
El recorte presupuestario compromete partidas destinadas a la infraestructura turística y, por lo tanto, a la seguridad de los visitantes y a la calidad de los servicios que se brindan. También afecta la capacidad de los parques para prevenir y combatir incendios forestales, un problema recurrente en el país.
“Las ANP son masas forestales que cumplen un rol ambiental importantísimo como regular o estabilizar o intentar estabilizar el clima en un escenario de cambio climático que estamos padeciendo a nivel mundial”, explicó Bertonatti.
El especialista contrastó esta situación con la de otros países que invierten en sus Parques Nacionales, los dotan de mejor infraestructura, desarrollan proyectos de investigación, educación pública y conservación. “Estamos yendo un poco a contramano de lo que se debería hacer”, consideró.
Bertonatti puso énfasis en la necesidad de que la población cuente con funcionarios ambientales formados y experimentados para una gestión eficiente del Estado: “Diría que habría que empezar por designar a funcionarios ambientales con formación o experiencia”, sostuvo.
El investigador criticó la designación de autoridades sin experiencia en el ámbito ambiental. “La máxima autoridad ambiental de Argentina es Daniel Scioli, que de ambiente sabe tanto como yo de deportes. La segunda línea, el subsecretario de Ambiente de la Nación, Fernando Born, es empresario. El presidente de la Administración de Parques Nacionales es un arquitecto que venía desempeñándose en Ferrocarriles Argentinos”, detalló.
Para Bertonatti, el país cuenta con recursos humanos altamente capacitados en universidades y el CONICET, pero no se valora el conocimiento. “Hoy el saber no está ponderado. Hoy hay un culto a la ignorancia, diría yo, y hasta se bastó verlo en la audiencia pública de la modificación de la Ley de Glaciares, las barbaridades que decían los legisladores impunemente. Por ahí hay que recortar”, indicó.

Los Parques Nacionales: más allá de la rentabilidad económica
Bertonatti explicó que los Parques Nacionales son rentables por toda la actividad económica que motorizan. “Mucha gente se convoca, se autoconvoca a conocer estos Parques Nacionales y donde no solamente paga una entrada, donde no es ese el ingreso nada más que provoca el Parque Nacional o la ganancia que provoca un Parque Nacional, sino todo lo que motoriza en materia de transporte, de hotelería, de alimentación o de gastronomía, de venta de souvenir o recuerdos”, detalló.
El investigador sostuvo que estas áreas protegidas funcionan como el principal imán de divisas para el país y señaló que “la enorme mayoría de los visitantes extranjeros viajan a la Argentina con el objetivo principal de conocer sus Parques Nacionales”. Para el especialista, esta afluencia masiva genera una “madeja de vínculos comerciales” que vuelve imposible e insensato que estos destinos queden fuera de la agenda estratégica del Estado.
Además, el experto resaltó el valor de los ecosistemas silvestres en pie, que brindan “contribuciones ambientales o servicios ecosistémicos” esenciales. Estos servicios incluyen el mantenimiento de la estabilidad climática, la regulación hídrica, la producción de fauna y la polinización de cultivos.
En este sentido, Bertonatti citó una investigación mundial que valoró económicamente los servicios de los ecosistemas silvestres en pie para toda América en más de 23 billones de dólares anuales, el equivalente al PBI de todo el continente. “Esos bienes, esos servicios de los cuales estamos hablando, son difíciles de reponer. Si no está la naturaleza en pie y esos servicios no se brindan, no tenemos ni los recursos económicos ni tecnológicos para poder, por ejemplo, para tratar de frenar la crisis climática”, explicó.
Finalmente, el investigador refutó la idea de que el cambio climático es cíclico y no existe, una postura que atribuyó al presidente de la nación. “Esto no es cuestión de creer o no creer porque no es cuestión de fe, es cuestión de ciencia y evidencia”, cerró Bertonatti.


