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CHILE.- Se trata del gerente general de Celulosa Arauco, quien forma parte el «círculo de hierro» del empresario de origen italiano. ¿Qué ha marcado la gestión de Pérez en Arauco? En los años ’80 la firma incrementó el patrimonio forestal, pero «en los años 90, más o menos con mi llegada», dice, «se inició la gran etapa de desarrollo industrial y ahí se construyó Arauco II, todos los aserraderos, todas las plantas de terciados o de MDF».
Fuente: Lignum
CHILE(16/8/2004).- Camina rápido, suele trabajar 10 horas diarias y por mucho tiempo prefirió viajar en clase turista a lugares distantes, ocupando a veces los fines de semana para trabajar. Aunque administra una de las tres mayores empresas mundiales de celulosa, por casi una década se movilizó en su Honda Accord, que sólo cambió este año. Así es Alejandro Pérez, el ingeniero civil industrial de la Universidad de Chile que en sus 14 años en la gerencia general de Celulosa Arauco le cambió la cara a la mayor fuente de ganancias del grupo de empresas de Anacleto Angelini, patriarca del mayor conglomerado empresarial del país y con quien tiene una relación tan cercana que forma parte del «círculo de hierro». ¿Qué ha marcado la gestión de Pérez en Arauco? En los años ’80 la firma incrementó el patrimonio forestal, pero «en los años 90, más o menos con mi llegada», dice, «se inició la gran etapa de desarrollo industrial y ahí se construyó Arauco II, todos los aserraderos, todas las plantas de terciados o de MDF». Esta etapa culmina ahora, con el complejo industrial Valdivia, que supuso US$ 1.300 millones de inversión y su homólogo en Itata, «posiblemente el último gran proyecto forestal en Chile», opina Pérez. Ahí se invertirán US$ 1.400 millones y, cuando finalice, Arauco analizará su expansión en Brasil y la industrialización de los bosques que tiene en Argentina y Uruguay. Con estas «megafábricas», la empresa -que en el primer semestre ganó US$ 266 millones- se consolida a nivel mundial. «Con Valdivia quedamos entre los tres primeros de celulosa del mundo y, si consideramos Itata, hoy día seríamos los primeros», dice Pérez. negrita/Racionalismo global/negritaLo que sorprende de Arauco es que siempre es más grande de lo que parece ser. Una muestra: la oficina de Alejandro Pérez es relativamente pequeña. Lo único que delata su status de ejecutivo top del grupo es un plateado y minúsculo computador, cuya potencia se revela, precisamente, con su extrema sencillez. Este estilo está patente en todo el negocio. Y no significa que sea quedarse atrás. Ejemplo: China. Todos los inversionistas en el mundo están ávidos por ingresar a este mercado. Arauco está hace 25 años y, según Pérez, es la principal compañía del sector forestal internacional allí, «donde es una empresa conocida, una marca respetada, y parte de la lógica de nuestras inversiones fuertes en Valdivia y ahora en Itata es por el dinamismo del mercado chino». Ese conocimiento detallado de los mercados y su capacidad para anticiparse -Itata se concibió en 1997 y Valdivia mucho antes- también hace de Arauco una empresa del «poco a poco», sin grandes revoluciones, como también lo es su gerente. Aunque a éste no le guste reconocerlo, con Itata y Valdivia el brazo forestal aumenta su peso en Copec, el holding industrial de Angelini, que hoy representa el 79% de sus activos, pero que hace siete años era menos de la mitad. La mayor presencia de Arauco también se nota en el creciente protagonismo de Alejandro Pérez en el grupo Angelini. Hoy es director de Empresas Copec y un muy cercano colaborador del patriarca. Quienes conocen a ambos dicen que son parecidos. Buenos para trabajar y sobrios. Pérez y Angelini se conocieron a inicios de los ’80, cuando el empresario de origen italiano controlaba la firma láctea Soprole, que vendió en 1986 a una cooperativa neozelandesa. Cuatro años después, Angelini se llevó a Pérez a Arauco. Le gustaba su estilo, trabajador y «mateo» y su certeza en los negocios. El gerente de Arauco habla de Anacleto Angelini con cariño. Claro, es su jefe, el dueño que a los 90 años sigue pendiente de sus negocios y que si bien puede no participar en asuntos operativos, «no hay aspecto estratégico de nuestro desarrollo que no esté muy extensivamente conversado con don Anacleto». Además del trabajo, el mandamás de Arauco tiene un vínculo personal con el millonario. «Me siento uno de sus colaboradores y uno de sus amigos. Tengo una relación no sólo de trabajo, sino de amistad con él», dice. negrita/El gran salto/negrita Si hay un día que marca un antes y un después en la gestión de Alejandro Pérez en Arauco, su mayor cercanía con «don Cleto» y su ascensión al círculo de poder del grupo, es el 18 de diciembre de 1999. Ese día sábado -más bien, esa noche- los ejecutivos del conglomerado y los de la neozelandesa Carter Holt Harvey (CHH) terminaron una disputa de seis años, cuyo corolario fue que el control de Copec pasaba al conglomerado local por US$ 1.233 millones, en una operación que hasta ahora es la mayor realizada por una empresa chilena en el país. ¿Por qué Pérez ganó? Como conocedor del sector forestal, negoció mano a mano con la multinacional que controla CHH, International Paper. Se lució, dicen, aunque él precisa que sólo «aporté mi granito de arena». Y así empezó a ascender en la escalera del poder del grupo, gracias en parte a una sangre fría que marcó ya en ese entonces una diferencia con el estilo extravertido de Felipe Lamarca, el actual presidente de empresas Copec, el mismo que en 1996 había declarado «persona non grata» en Copec al representante de CHH en Chile, Máximo Pacheco Matte. Ahora, como director de Copec, también adelanta que les sigue interesando el sector eléctrico, pese a que vendieron hace tres años las distribuidoras Saesa y Frontel. No venderán activos, ya que «para nosotros, en general, los grandes sectores son interesantes» y, por lo mismo, «el grupo va a seguir en su misma trayectoria de sobriedad, de ahorro e inversión, que es el sello de don Anacleto». Fuente: La Tercera


