| Artículo publicado en The Wall Street Journal |
En los últimos años, Home Depot ha comenzado a presionar a los gobiernos y madereras de Asia y África hasta el continente americano para que detengan la tala excesiva de bosques. En Chile, Home Depot negoció recientemente un pacto para disuadir a los propietarios de tierras de convertir los bosques nativos en la clase de plantaciones de árboles de las que depende la minorista.
Fuente: Lignum
AGOSTO 2004.- En las colinas de esta ciudad costera un bosque de viejas araucarias mece sus ramas al viento. Los bosques nativos como éste, que antaño corrían el peligro de ser arrasados, tienen ahora muchas más probabilidades de envejecer tranquilamente. Su insólito protector no es otro que Home Depot Inc. La principal minorista mundial de madera compra casi el 10% de las exportaciones de madera chilenas. La mayor parte proviene de plantaciones de especies no autóctonas de pino y eucalipto que las madereras chilenas plantaron en tierras baldías, incluyendo zonas en las que se habían talado o quemado grandes franjas de bosque nativo. En los últimos años, Home Depot ha comenzado a presionar a los gobiernos y madereras de Asia y África hasta el continente americano para que detengan la tala excesiva de bosques. En Chile, Home Depot negoció recientemente un pacto para disuadir a los propietarios de tierras de convertir los bosques nativos en la clase de plantaciones de árboles de las que depende la minorista. Home Depot forma parte del creciente acercamiento entre las empresas estadounidenses y los ecologistas internacionales. Entre 1997 y 1999 los grupos medioambientales organizaron protestas contra la compañía, acusándola de no asegurarse de que su madera no provenía de especies en peligro de extinción. Los activistas formaron piquetes frente a las tiendas Home Depot, colgaron pancartas en su sede de Atlanta y se manifestaron en las juntas de accionistas. Home Depot temía que esto pudiera desencadenar una reacción adversa en los consumidores y un descenso de ventas. Ya había comenzado una campaña interna para mejorar las medidas medioambientales, de modo que la compañía acordó dejar de usar madera de bosques en peligro de extinción. También creó un nuevo puesto directivo: gerente de proyectos medioambientales. La persona designada, Roland Jarvis, tiene autoridad para romper contratos de tala con cualquier proveedor cuyas prácticas amenacen a bosques en peligro de extinción o perjudiquen al medioambiente de otra manera. Jarvis, citando la destrucción del bosque tropical en Indonesia, redujo las compras de madera de Home Depot en la región. También medió entre los ecologistas chilenos y las dos mayores madereras de Chile, Empresas CMPC S.A. y Celulosa Arauco y Constitución S.A., para que superaran años de discrepancias y se sentaran a negociar por primera vez. Muchos ecologistas aplauden este nuevo activismo, diciendo que representa el fruto de las denominadas «campañas de mercado» de la última década. En vez de intentar lograr cambios medioambientales con medidas del gobierno o los tribunales, presionan a empresas específicas por medio de boicots y manifestaciones. A continuación, convencen a estas compañías de presionar a sus proveedores para que cambien sus prácticas, creando un efecto dominó «verde» en la industria. La gigante de material de oficina Office Depot Inc., tras una campaña de los activistas en su contra, canceló su contrato con un proveedor de Indonesia que, según los ambientalistas, usaba madera de los bosques más amenazados de la nación. La empresa dice, sin embargo, que la campaña no fue la causa de su decisión. La minorista de reformas del hogar Lowe’s Cos. se unió a Home Depot y otras compañías de EE.UU. para presionar a Canadá para que declare como zona protegida grandes franjas del Bosque del Gran Oso en la Columbia Británica. »Si uno logra que Home Depot transmita su mensaje, se llega mucho más lejos que actuando simplemente como un grupo ecologista», asevera Randy Hayes, presidente del Rainforest Action Network, grupo ecologista de San Francisco. Las campañas de mercado no funcionan siempre. Incluso sus defensores admiten que los acuerdos generalmente no son vinculantes desde el punto de vista legal. A veces, la presión de las empresas estadounidenses no es suficiente para lograr que los países cambien las prácticas de tala perjudiciales para el medioambiente. Home Depot accedió a las reivindicaciones de los medioambientalistas y dio prioridad a la madera que se había talado respetando el entorno natural. Primero usó las pautas del Consejo de Administración Forestal, un organismo con sede en Bonn, Alemania, que certifica qué árboles se han talado adecuadamente. Pero Home Depot se dio cuenta de que no podía hacer frente a su demanda sólo con madera certificada por el consejo. Necesitaba identificar bosques en todo el mundo y persuadir a sus proveedores de que no los talaran. Fue todo un reto »Si nos hubieran preguntado cuando empezamos este programa qué cantidad de nuestra madera procedía de la selva tropical brasileña, no habríamos sabido responder», recuerda Jarvis. A fines de 2002, un ecologista llamado Aaron Sanger telefoneó a Jarvis. Sanger, coordinador de la campaña maderera chilena de la organización estadounidense Forest Ethics, advirtió que la expansión de las plantaciones estaba eliminando el bosque nativo en Chile. Los activistas chilenos comenzaron a quejarse del declive de éste poco después del fin de la dictadura de Augusto Pinochet, en 1989. En 1974, Pinochet subvencionó las plantaciones para desarrollar una gran industria maderera. Mientras las plantaciones aumentaban hasta generar unos US$2.000 millones al año en exportaciones, los ambientalistas y los indios mapuche, que vivían en zonas afectadas, pelearon por frenar la expansión. Sanger pidió a Home Depot que negociara con las mayores compañías madereras de Chile, CMPC y Arauco, para encontrar una solución. A fines de 2002, Sanger empezó a organizar una campaña para que los compradores estadounidenses boicotearan la madera chilena. Con el tiempo, más de una docena de compañías se unieron al boicot. Jarvis acordó estudiar la situación. Llamó a los directivos de las empresas chilenas y les pidió que le contaran su versión de la historia. Los ejecutivos acusaron a los ecologistas de exagerar las demandas. Jarvis les preguntó entonces si alguna vez se habían sentado con sus detractores a discutir el problema. Se sorprendió al oír que no. «Así que propuse la idea de sentar a ambas partes a hablar de estos problemas», cuenta Jarvis. No fue fácil, pero tras varias reuniones las dos partes hicieron público su acuerdo el 12 de noviembre de 2003. Aunque las madereras insistieron en que no eran responsables de la transformación forestal, accedieron a no comprar más tierras que hubieran sido deforestadas recientemente por sus dueños. Hasta ahora, todos han cumplido el pacto. Jarvis dice que se dispone a difundir el activismo de Home Depot: «Creo que quizás este sea un modelo que podamos utilizar en otros países».


