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Emilio Rodríguez, director general de Celulosas de M’Bopicuá, la planta procesadora de celulosa que la compañía española Ence levanta en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, señaló hoy que la empresa ha perfeccionado la técnica para provocar el menor daño posible en el medio ambiente.
Fuente: ICI. Servicio de Información Forestal de Uruguay
BUENOS AIRES, 13 Dic. (Del corresponsal de EUROPA PRESS Rafael Saralegui) – Emilio Rodríguez, director general de Celulosas de M’Bopicuá, la planta procesadora de celulosa que la compañía española Ence levanta en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, señaló hoy que la empresa ha perfeccionado la técnica para provocar el menor daño posible en el medio ambiente. «No somos perfectos, pero hemos perfeccionado la técnica. Estamos muy por debajo del límite de impacto ambiental que fijan las normas internacionales», sostuvo. La capacidad depuradora está en un 20% del límite permitido; si permite 10, nosotros estamos en 2″, precisó el ejecutivo en declaraciones al diario La Nacion. La instalación de dos plantas productoras de celulosa en Fray Bentos, la de la española Ence y de la finlandesa Botnia, provocó el rechazó de los vecinos argentinos de la provincia de Entre Ríos, que se manifestaron en contra de esas iniciativas. La oposición a la instalación de las plantas fue encabezada por el propio gobernador de Entre Ríos, Jorge Busti, que presentó un escrito ante el Banco Mundial para pedir que se realice un informe del impacto ambiental de las obras antes de que se libere un crédito destinado a la planta de Ence. Al respecto, el director de Comunicaciones de Ence, Claudio Vallejos, dijo que «estamos tranquilos, haciendo las cosas bien . Nuestros informes son mucho más exigentes que éste.»Rodríguez dijo además que la situación de la instalación de las plantas en Fray Bentos es diferente al conflicto que se generó en la década pasada en Pontevedra, España, donde los habitantes que se sintieron perjudicados demandaron a la empresa. «Aquí hay más de 12 km de distancia con la población, algo que no ocurría en Pontevedra. No hemos empezado las cosas bien, pero hemos perfeccionado la técnica. Si hay 70 plantas de este tipo en países como Canadá, donde los controles son muy estrictos, y nunca hubo problemas, no tenemos por qué sospechar del sistema en sí mismo», explicó Rodríguez. La instalación de las dos plantas en Uruguay, con una inversión de unos 1.000 millones de dólares, la mayor de la historia uruguaya, dará empleo a unas 600 personas.



