| Entrevista con la Dra. María Cristina Área |
La directora del Programa de Investigación de Celulosa y Papel de la UNAM, explicó las nuevas tecnologías empleadas en la fabricación de pulpa y de blanqueo.»Finlandia tenía tres plantas ECF, instaló una TCF y posteriormente otra ECF, al comprobarse que el dióxido de cloro no es contaminante, y además es más ventajoso porque produce pulpas más fuertes y necesitan menor cantidad de fibras y, por lo tanto, utilizan menos recursos, lo que equivale a menos costos y tiene más blancura”, dijo la especialista.
Fuente: Diario La República de Corrientes
CORRIENTES (9/12/2005).- Durante la jornada “Hacia el desarrollo de una cuenca forestal”, realizada en la ciudad de Buenos Aires el 6 de diciembre de este año, la ingeniera María Cristina Area, directora del programa de investigación sobre celulosa y papel de la Universidad Nacional de Misiones (Unam), explicó a La República, los ejes de su conferencia sobre las “Nuevas tecnologías de fabricación de pulpa de eucalipto”. “Básicamente el problema de la contaminación de la planta de blanqueo surge de la utilización de cloro gaseoso. El cloro elemental produce compuestos policlorados por reacción química con la lignina, que es el residuo que queda de la pulpa y que es lo que se extrae para blanquear. Cuando se verifica que el cloro produce compuestos clorados y comienza a utilizarse dióxido de cloro, todavía no existía la tecnología adecuada y se trabajaba con un grado de sustitución, es decir, que en vez de utilizar el 100% de cloro se utilizaba 80% y 20% de dióxido”, aclaró Area. En la década del ‘80, los expertos señalan un punto de inflexión en la tecnología industrial de la celulosa. Area explicó que “en los últimos 20 años se fue ajustando la tecnología y, a través de investigaciones y del avance del conocimiento, hoy se trabaja con 100% de dióxido de cloro, que producen componentes monoclorados no contaminantes y que no son bioacumulables como las dioxinas y los furanos. Una empresa como Botnia, por ejemplo, tiene hoy la obligación de duplicar las prevenciones en el tratamiento de sus efluentes. Area aclaró que “el problema son los derrames, porque una fábrica puede tener la última tecnología y funcionar como un reloj los 365 días del año, pero si un accidente en la fábrica produce un derrame y se excede la capacidad de la planta de tratamiento de efluentes, eso va al río. Es lo mismo que puede pasar cuando un barco petrolero tiene un accidente y derrama su contenido en el mar y ocasiona grandes daños al ambiente. Para evitar derrames accidentales, se recomienda, dentro las mejores tecnologías disponibles, duplicar los tanques de almacenamiento en las plantas de tratamiento de efluentes, de tal manera que ante eventuales derrames exista una capacidad adicional para que ese excedente no vaya al río”. Hoy, las plantas de celulosa no son lo contaminante que se cree que son. Es escaso el conocimiento que se tiene de las nuevas tecnologías. Area reflexionó: “Estamos hablando de fábricas nuevas, hay que exigirles que cumplan con las reglamentaciones vigentes. Son normas de 2001 y en la Argentina no hay ninguna planta posterior a ese año. Entonces, hay que ver cuánto es el desajuste entre las tecnologías existentes en las plantas del país y establecer políticas que ayuden, como desgravaciones impositivas o algún tipo de incentivo, para que se adecuen a las actuales exigencias del desarrollo limpio. Y, por supuesto, el control estricto de las autoridades”. La instalación de Botnia genera la sospecha de que vendrán a contaminar acá, mientras en Europa se mantienen limpios y cumplen sus leyes. Area enfatizó: “Me cuesta pensar que una empresa finlandesa se vaya a contaminar a otro lado. Los escandinavos, en general, son pioneros en la utilización de la tecnología TCF (Libre de Cloro Total), cuando se comenzó a saber de la peligrosidad del empleo del cloro, y en los primeros años fueron sus principales defensores porque no se sabía que el dióxido de cloro no era nocivo. Las investigaciones sucesivas demostraron que este compuesto no es contaminante y, comparando los efluentes TCF y los ECF (Libre de Cloro Elemental), se llegó a la conclusión de que en la práctica no difieren”. Finalmente, la investigadora señaló que “Finlandia tenía tres plantas ECF, instaló una TCF y posteriormente otra ECF, al comprobarse que el dióxido de cloro no es contaminante, y además es más ventajoso porque produce pulpas más fuertes y necesitan menor cantidad de fibras y, por lo tanto, utilizan menos recursos, lo que equivale a menos costos y tiene más blancura”.


