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«En el futuro las persistencias de los protectores de la madera serán inferiores”

Josep Sellas, Director Técnico de QUIMUNSA

La madera es un material orgánico y natural, con una serie de patologías, y con efectos perjudiciales provocados principalmente por los distintos fenómenos meteorológicos y por la acción de hongos e insectos. La aplicación constructiva y el diseño de las carpinterías donde es aplicada la madera influyen decisivamente en la gravedad y manifestación en el tiempo de esos perjuicios.

Fuente: Madera Sostenible

ESPAÑA(AGOSTO 2005).- El fuego y los agentes químicos también influyen en la salud y aspecto de la madera como material constructivo. La durabilidad natural de la madera está claramente recogida en las normas europeas UNE-EN 350-1 y UNE-EN 350-2, lo cual permite clasificar qué tipo de madera es la idónea para cualquier modelo constructivo, e indica qué clases de madera han de ser tratadas con protectores o preservantes para alargar su tiempo de servicio, porque estás expuestas a los riesgos bióticos (hongos e insectos) y abióticos (radiación solar y lluvia). Según el modelo constructivo para el que va a ser empleada la madera, existe la norma europea UNE-EN 335-1 en la cual se define la exposición de riesgo de la madera según su situación, su exposición a la intemperie y según su contenido de humedad. Es vital seleccionar adecuadamente el producto preservante para la madera, teniendo muy claro de qué riesgos y patologías la queremos proteger. Asimismo, tal vez un protector funciona muy bien en Finlandia o en Suecia, pero no es suficiente o falla en España. Hay que estudiar bien cada situación y cada aplicación. También debemos valorar en su justa medida la gravedad de los ataques que puede sufrir la madera: un hongo cromógeno no provoca pérdidas significativas en su resistencia, pero la decolora y reduce su valor estético. Por su parte, un hongo de pudrición o un insecto xilófago degradan de forma importante las propiedades físico-mecánicas de la madera. Evidentemente, no nos podemos permitir descuidar esta patología. Por la zona donde se encuentra nuestro país, la termita es una de las plagas más importantes y con mayor desarrollo en los últimos años. Hace diez años estaban muy localizadas, en áreas muy específicas, pero hoy su presencia se ha generalizado en toda la Península. Sus consecuencias se pueden prever y curar, pero son muy graves para una estructura o cualquier otro elemento de madera. Los preservantes de la madera Conocidas las patologías que dañan a la madera y las clases de riesgo a que ésta es sometida en cada aplicación, es posible seleccionar el preservante adecuado a cada caso. Los protectores de la madera pueden ser orgánicos naturales, hidrosolubles, solventes orgánicos e hidrodispersables. Los orgánicos naturales, más conocidos como creosotas, son productos extraídos de derivados del petróleo. En la actualidad, su uso está muy restringido, por una directiva del año 2001. Su alternativa puede llegar de productos naturales extraídos de las propias maderas, pero los costes de elaboración serían muy elevados. En otro orden estaría el grupo de los antiazulantes. Son productos hidrosolubles; esto es, se pueden emulsionar con agua. Garantizan una protección temporal a la madera recién aserrada, de tres o cuatro meses. También son hidrosolubles los productos en base a sales minerales; preservantes muy completos de acción fungicida e insecticida que se emplean generalmente para aplicar en maderas con clase de riesgo 4 (en contacto con el suelo o con agua dulce). Se aplican mediante sistemas de tratamiento en profundidad (en autoclave) y su propiedad fijante se consigue a través de la reacción del cromo con la madera. Básicamente, un protector incorpora un insecticida (arsénico, boro…), un fijante (cromo…) y un solvente (agua…). El mejor fijante con que cuentan los fabricantes de protectores para poder trabajar en base agua es el cromo. En un año, el cromo no se podrá utilizar, con lo cual aumentan las limitaciones y se reduce el abanico de posibilidades para formular estos productos. Será prácticamente imposible garantizar persistencias de más de 25 ó 30 años. El sector investiga y desarrolla nuevos productos con nuevas materias activas, pero con persistencias inferiores. Hoy las sales CCA (cromo, cobre, arsénico) están restringidas, y se está trabajando con sales CCB (cromo, cobre, boro). El boro se ha mostrado como un buen insecticida. Los solventes orgánicos son los productos más desarrollados y utilizados en el presente para las maderas de uso estructural. Son protectores orgánicos derivados del petróleo de aplicación directa, con lo cual su riesgo baja de forma importante (podemos pasar de un producto tóxico a un producto nocivo). Su actividad es fungicida e insecticida, para maderas de clase de riesgo 2 y 3 (sin contacto con el suelo, bajo cubierta o incluso al exterior). A diferencia de las sales hidrosolubles que incorporan el cromo, incorporan resinas como fijantes. Una vez tratado, el producto se seca rápidamente. Finalmente, los preservantes hidrodispersables son los productos más novedosos, y representan el futuro de la protección de la madera. Son productos de diseño que favorecen la dispersión en agua. Fungicidas e insecticidas, se pueden aplicar mediante sistemas de tratamiento superficial y en profundidad por autoclave. Con un mínimo de materia activa, es posible conseguir resultados paralelos a los de los productos orgánicos, sin necesidad de emplear disolventes. Los protectores decorativos Los protectores decorativos son productos orgánicos hidrodispersables, en base a disolventes o en base a agua, que suman a sus propiedades la función de acabado decorativo. Algunos incluso incorporan prestaciones curativas o preventivas. Son barnices peliculares, las pinturas y los lasures o barnices decorativos de poro abierto. La madera, como material vivo, necesita respirar: si tapamos su poro aceleramos y aseguramos un riesgo de degradación. Hoy contamos con extraordinarios lasures en el mercado, que otorgan a la madera acabados perfectos, con una protección interesante y un fácil mantenimiento. Gracias a ellos, la madera puede durar hasta ocho años en condiciones magníficas, con un cuidado muy sencillo. La madera frente al fuego Cierran el círculo de la preservación de la madera los protectores ignífugos y las pinturas intumescentes; un grupo novedoso en el mercado. La madera es fácilmente degradable frente a la acción del fuego. Ante ello se trabaja con secciones anchas, pero también es posible ganar tiempo de combustión mediante estos protectores. Una norma básica de la construcción clasifica en qué situaciones los elementos de madera han de estar ignifugados. En procesos de impregnación profunda se pueden lograr clasificaciones M2 ó M1 en retenciones de 60 y 100 kg/m3 de madera tratada respectivamente. Los protectores químicos biocidas sólo pueden ser comercializados si son reglamentados por el Ministerio de Sanidad y Consumo bajo una directiva europea. Si no han sido clasificados y calificados, no es posible trabajar con ellos. Métodos de tratamiento Los métodos de tratamiento de la madera pueden ser pasivos o superficiales (pincelado, pulverización, inmersión breve o prolongada) o activos o en profundidad (con autoclave o madera termotratada). En los primeros, la propia madera absorbe los protectores. En los segundos es necesaria la intervención de medios mecánicos para garantizar una buena penetración del producto.

Fuente: Madera Sostenible

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