Los tableros derivados de la madera forman parte de muebles, cocinas, placares y numerosos objetos de uso cotidiano. Pero existe una característica que no puede reconocerse a simple vista: sus emisiones de formaldehído. Desde la Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA) y a través del Centro Tecnológico de la Madera (CTM) en Cañada de Gómez, uno de los principales polos muebleros del país, un laboratorio especializado permite medirlas y certificar aquellos materiales que cumplen con los parámetros establecidos.
Fuente: FAIMA
BUENOS AIRES (Septiembre de 2026).- Elegimos un mueble por su diseño, su funcionalidad, su resistencia, su terminación o incluso por cómo combina con nuestra casa. Sin embargo, hay características vinculadas con su calidad que no pueden verse, tocarse ni reconocerse a simple vista.
Una de ellas es la emisión de formaldehído de determinados tableros derivados de la madera, un aspecto que cobra relevancia tanto para la industria como para los consumidores y que hoy puede ser medido y controlado mediante ensayos específicos.
El formaldehído es un compuesto presente en múltiples ámbitos de la vida cotidiana. Puede encontrarse en el aire y en los alimentos, se genera naturalmente en pequeñas cantidades durante el metabolismo humano y también puede liberarse a partir de la combustión, las emisiones de vehículos, pinturas, barnices, humo de tabaco, ciertos desinfectantes y acabados textiles. En la industria de la madera y el mueble, su presencia está asociada principalmente a determinados adhesivos utilizados para fabricar tableros derivados de madera. Por eso, la cuestión no pasa simplemente por determinar su presencia, sino por conocer cuánto formaldehído puede emitir un material.
Lo que no se ve también se puede medir
Los tableros de partículas —habitualmente conocidos como aglomerados— y los tableros de fibras, como MDF y HDF, se producen mediante procesos de encolado y prensado de partículas, fibras, chapas o listones de madera. Entre los adhesivos tradicionalmente utilizados se encuentran formulaciones a base de urea-formaldehído y urea-melamina-formaldehído, entre otras.
Ante determinadas concentraciones y niveles de exposición, el formaldehído puede provocar efectos adversos como irritación de ojos, nariz y garganta, tos o dificultades respiratorias. Sin embargo, esto no significa que todo producto fabricado con tableros derivados de madera represente un riesgo. La clave está en medir las emisiones bajo condiciones controladas y determinar si se encuentran dentro de los parámetros establecidos.
En Argentina, la Resolución 313, actualizada y publicada en agosto de 2025, establece el nivel máximo permitido de emisión de formaldehído para los tableros derivados de madera comercializados en el país. Para la metodología de análisis del gas contemplada por la normativa, el valor correspondiente a la Clase E1 es de hasta 3,5 mg/m²h, de acuerdo con la información técnica del Laboratorio CTM.

De una preocupación invisible a un dato concreto
¿Cómo se determina algo que el consumidor no puede detectar mirando un mueble? El proceso comienza con la recepción e identificación de una muestra del tablero. El material se prepara de acuerdo con las condiciones requeridas y posteriormente se somete a un ensayo normalizado, durante el cual se generan condiciones controladas que permiten medir la cantidad de formaldehído que libera.
El resultado transforma así una característica invisible en un dato objetivo, medible y comparable, que permite conocer el comportamiento del material y verificar su cumplimiento con los parámetros correspondientes.
Y para realizar ese trabajo la industria argentina cuenta con infraestructura tecnológica especializada.
En Cañada de Gómez, Santa Fe, el Centro Tecnológico del Mueble (CTM) dispone de un laboratorio creado para brindar servicios de análisis sobre tableros derivados de madera y contribuir al fortalecimiento de la calidad de la industria maderera y del mueble.
El laboratorio trabaja bajo un sistema de gestión que contempla los requisitos de la Norma ISO/IEC 17025 y los criterios del Organismo Argentino de Acreditación (OAA). Además, se encuentra acreditado por ese organismo como Laboratorio de Ensayo LE 308, con alcance para la determinación de emisiones de formaldehído por el método de análisis del gas según IT17-01, basado en la norma IRAM 9712 ISO 12460-3:2024.

Un sello para hacer visible lo invisible
A partir de esta capacidad de análisis, el CTM desarrolló además el Sello Apto Formaldehído (SAF), una distinción destinada a identificar tableros derivados de la madera que se encuentran dentro de los valores permitidos de emisión. El objetivo es trasladar un resultado técnico complejo a una herramienta fácilmente identificable para los distintos actores de la cadena y, al mismo tiempo, ofrecer a las empresas una posibilidad de diferenciación y valorización de sus productos.
La iniciativa adquiere especial importancia en un mercado en el que consumidores, compradores profesionales y empresas demandan cada vez mayor información sobre el origen, los materiales y las características de los productos que utilizan.
Tecnología argentina para producir mejor
El control del formaldehído es, además, parte de un desafío mucho más amplio para la cadena de valor de la madera y el mueble: avanzar hacia mayores niveles de profesionalización, calidad, innovación y capacidad técnica.
Contar con infraestructura especializada dentro de una de las principales regiones productivas del país permite acercar estas herramientas a las empresas, facilitar el análisis de materiales, mejorar procesos y desarrollar productos bajo estándares cada vez más exigentes.
El Centro Tecnológico del Mueble fue creado precisamente con ese objetivo: brindar soporte técnico a las fábricas de muebles y a toda su cadena de valor, promoviendo investigación, desarrollo, innovación y transferencia de conocimiento y tecnología. La iniciativa es impulsada por CIMA, el Centro Económico de Cañada de Gómez, FUDECA y la Municipalidad de Cañada de Gómez.
Para una industria que busca consolidar su presencia en el mercado argentino y ampliar sus posibilidades de inserción internacional, la calidad ya no es solamente algo que se percibe: también es algo que puede medirse, demostrarse y certificar.
Desde Cañada de Gómez, el Laboratorio CTM permite justamente eso: transformar ciencia y tecnología en una herramienta concreta para producir mejores muebles, brindar mayor información y fortalecer la competitividad de la industria argentina.




