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Árboles en el campo: una experiencia con algarrobo blanco para generar sombra y fortalecer los sistemas ganaderos del sur de Córdoba

Una experiencia impulsada por INTA, desde la – Agencia de Extensión Rural Laboulaye, junto a una productora del sur de Córdoba, es compartida por las investigadoras Analía Salafia, Sofía Magra y Paola Bianco. La iniciativa busca evaluar la adaptación del algarrobo blanco en sistemas ganaderos, generando información local sobre el potencial de las especies nativas que aportan sombra, bienestar animal y mayor diversidad en el paisaje productivo.

 

CÓRDOBA (Agosto 2026).- En muchas zonas del sur de la provincia de Córdoba, producir en el campo implica adaptarse a condiciones ambientales particulares. Los sistemas productivos conviven con suelos que presentan limitaciones para la agricultura, sectores con problemas de drenaje y veranos que suelen registrar temperaturas muy elevadas.

En ese contexto, los productores buscan estrategias que permitan mejorar la productividad sin perder de vista la sustentabilidad de los sistemas.

Una de las alternativas que está despertando cada vez más interés es la incorporación de árboles dentro de los establecimientos ganaderos. La presencia de los mismos puede generar múltiples beneficios: mejora del bienestar animal, protección del suelo, mayor diversidad biológica y un paisaje rural más equilibrado.

Además, en la provincia de Córdoba la incorporación de árboles en los sistemas productivos también se vincula con el cumplimiento de la Ley Provincial Agroforestal N.º 10.467, que promueve la forestación en los establecimientos rurales.

Con esta mirada, que apuesta a la articulación público-privada entre la Agencia de Extensión Rural Laboulaye del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y el establecimiento “La Belcha”, se inició una experiencia de forestación con algarrobo blanco; una especie nativa reconocida por su rusticidad y su capacidad de adaptarse a ambientes con condiciones difíciles.

El objetivo principal del ensayo es evaluar cómo se comporta esta especie en campos ganaderos del departamento Presidente Roque Sáenz Peña y analizar su potencial para integrarse a los sistemas productivos de la región.

 

El valor de integrar árboles en los sistemas productivos

Durante muchos años, la forestación en la región pampeana estuvo asociada principalmente a cortinas forestales, plantaciones aisladas con fines ornamentales o de protección contra el viento.

Sin embargo, en los últimos años comenzó a crecer el interés por sistemas productivos que integren árboles de manera más activa dentro del funcionamiento del campo.

La incorporación de árboles en establecimientos ganaderos puede cumplir múltiples funciones. Una de las más importantes es la provisión de sombra natural para los animales, especialmente durante los meses de verano, cuando las temperaturas pueden superar ampliamente los 35 grados.

El estrés térmico es uno de los factores que más afecta el comportamiento y el rendimiento de los animales. Cuando las temperaturas son muy altas, el ganado reduce el consumo de alimento, busca refugio y modifica sus hábitos de pastoreo.

Contar con espacios de sombra natural permite mitigar estos efectos y mejorar el bienestar general de los rodeos.

Además de este beneficio directo, los árboles también cumplen otros roles dentro del sistema productivo. Pueden ayudar a mejorar el microclima, aportar materia orgánica al suelo, generar refugio para distintas especies de fauna y contribuir a la conectividad del paisaje rural.

En un contexto en el que cada vez se habla más de sistemas productivos sostenibles, la integración de árboles aparece como una herramienta interesante para avanzar hacia modelos productivos más equilibrados.

Una experiencia en el sur de Córdoba

La experiencia se desarrolla en el establecimiento “La Belcha”, ubicado cerca de la localidad de Rosales, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Laboulaye, en el departamento Presidente Roque Sáenz Peña.

El campo tiene una superficie aproximada de 366 hectáreas y presenta ambientes característicos del sur cordobés. Predominan sectores planos o ligeramente deprimidos donde el drenaje del agua suele ser lento y donde en muchos casos se registran suelos con presencia de alcalinidad sódica.

Estas características hacen que en algunos sectores del establecimiento la agricultura tenga limitaciones importantes, por lo que la actividad ganadera se vuelve una alternativa productiva más estable.

En este tipo de ambientes, evaluar especies forestales nativas que puedan adaptarse a las condiciones locales resulta especialmente relevante.

 

El algarrobo blanco como especie estratégica

El algarrobo blanco es una de las especies nativas más conocidas de las regiones semiáridas y subhúmedas de Argentina. Históricamente ha sido valorado por su madera, sus frutos y su gran capacidad de adaptación a ambientes exigentes.

Una de las características más destacadas de esta especie es su rusticidad. Puede desarrollarse en suelos con distintas condiciones y tolerar períodos prolongados de sequía.

Además, posee una notable capacidad de rebrote cuando sufre daños mecánicos o herbivoría.

Estas características la convierten en una opción interesante para evaluar su integración en sistemas ganaderos del sur de Córdoba.

Otro aspecto importante es que se trata de una especie nativa, lo que significa que puede adaptarse naturalmente al ecosistema regional y favorecer la presencia de fauna asociada, como aves e insectos.

En muchos paisajes agrícolas, donde la vegetación natural ha sido reducida por décadas de uso intensivo del suelo, la incorporación de árboles nativos puede ayudar a recuperar parte de la diversidad biológica.

Diseño de la plantación

La plantación se realizó entre los últimos días de septiembre y los primeros días de octubre de 2021. Durante ese período se implantaron 400 plantas de algarrobo blanco distribuidas en distintos sectores del establecimiento.

Los árboles se plantaron con una distancia aproximada de cuatro metros entre sí, formando líneas que recorren diferentes áreas del campo.

La estrategia utilizada plantea que a medida que los árboles crezcan, estas líneas funcionen como corredores biológicos y espacios de sombra para los animales.

Durante la plantación se aplicaron algunas prácticas sencillas destinadas a mejorar las condiciones de establecimiento de las plantas. En cada pozo se incorporó humus para favorecer el desarrollo inicial de las raíces.

También se utilizó maíz pregerminado, que actúa como estimulante natural del desarrollo radicular. Las plantas de maíz que emergen junto a los árboles ayudan además a generar una pequeña sombra inicial y a identificar más fácilmente la ubicación de cada planta en el campo.

Cada árbol fue protegido con botellas plásticas recicladas. Esta técnica cumple varias funciones: protege las plantas del daño de animales, ayuda a conservar la humedad del suelo y facilita la localización de los árboles entre el pastizal.

Además, se aplicó una cobertura vegetal utilizando moha para conservar la humedad del suelo y reducir la evaporación.

 

Primeros resultados del seguimiento

Las primeras recorridas de seguimiento se realizaron pocos meses después de la implantación. En marzo de 2022 se observó un buen comportamiento inicial de las plantas en el sector evaluado.

En esa primera evaluación se registró un pequeño (%) porcentaje de las plantas secas, mientras que la mayoría presentaba un crecimiento cercano a un metro de altura.

Con el paso del tiempo también se observaron algunos daños asociados a la interacción con la fauna silvestre.

En distintas recorridas se registraron daños ocasionados por liebres, que suelen alimentarse de brotes tiernos durante los meses de invierno. También se detectaron daños producidos por aves, particularmente loros, que en algunos casos cortan las ramas jóvenes de los árboles.

A pesar de estos inconvenientes, más del 90% de las plantas lograron rebrotar y continuar su desarrollo.

 

Evolución de la plantación

Durante los años siguientes se continuaron realizando recorridas para evaluar la evolución de la plantación.

Se observó una gran variabilidad entre los distintos ejemplares. Algunos árboles presentaron un crecimiento sostenido, mientras que otros sufrieron retrasos en su desarrollo debido a factores ambientales o a la deriva de herbicidas provenientes de lotes cercanos.

Los inviernos de 2024 y 2025 se caracterizaron por heladas intensas y prolongadas. Estas condiciones provocaron que algunas plantas que ya habían alcanzado aproximadamente 1,60 metros de altura sufrieran daños en las ramas superiores.

Sin embargo, muchas de ellas lograron rebrotar durante la primavera siguiente desde la base de la planta, lo que vuelve a poner en evidencia la rusticidad de esta especie.

 

Manejo y labores de mantenimiento

Para acompañar el crecimiento de la plantación se realizaron algunas tareas de manejo orientadas a mejorar el desarrollo de los árboles.

Entre ellas se destacan la limpieza de las tazas alrededor de cada planta para reducir la competencia con otras especies vegetales y mejorar la disponibilidad de agua y nutrientes.

Durante el invierno también se realizaron podas de formación y limpieza, con el objetivo de favorecer una mejor estructura de los árboles.

Experiencias como la que se está desarrollando en el departamento Presidente Roque Sáenz Peña buscan aportar conocimiento y abrir nuevas posibilidades para los productores de la región.

Generar conocimiento desde el territorio

Uno de los objetivos centrales de esta experiencia es generar información local sobre el comportamiento de especies forestales nativas en condiciones reales de producción.

Muchas recomendaciones técnicas provienen de regiones con características ambientales diferentes, por lo que contar con experiencias desarrolladas en el propio territorio resulta fundamental.

Los ensayos a campo permiten conocer con mayor precisión qué especies se adaptan mejor a cada ambiente, qué prácticas de manejo son más efectivas y cuáles son los principales desafíos que enfrentan los procesos de forestación.

 

Pensar el futuro del paisaje rural

La forestación en sistemas ganaderos es una estrategia que requiere una mirada de largo plazo.

Los árboles necesitan tiempo para desarrollarse, pero una vez establecidos pueden aportar beneficios durante décadas. Incorporar árboles en los campos no solo permite mejorar el bienestar animal y diversificar los sistemas productivos. También contribuye a construir paisajes rurales más equilibrados y resilientes frente a los cambios ambientales.

Experiencias como la que se está desarrollando en el departamento Presidente Roque Sáenz Peña buscan aportar conocimiento y abrir nuevas posibilidades para los productores de la región.

En un contexto en el que la producción agropecuaria enfrenta desafíos cada vez más complejos, integrar árboles en los sistemas productivos puede ser una forma de combinar producción, ambiente y sostenibilidad en el largo plazo.

 

 

Autoras:

Analía Salafia, Sofía Magra y Paola Blanco

Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria – Agencia de Extensión Rural Laboulaye

 

 

ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DEL ESPACIO MENSUAL DE LA REDFOR.AR, EN ARGENTINAFORESTAL.COM, QUE BUSCA DIVULGAR Y GENERAR DEBATE SOBRE LA PROBLEMÁTICA FORESTAL DEL PAÍS. LAS OPINIONES PERTENECEN A LOS AUTORES.

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