Un equipo de dasonomía y fisiología vegetal de la Facultad de Agronomía de Azul (UNICEN) compila años de ensayos para determinar qué especies nativas son aptas para forestar, identificando las problemáticas y beneficios de cada ejemplar frente a las condiciones climáticas locales. A continuación, el artículo de Germán Marcelo Milione y María Cecilia Acosta, de las cátedras de Dasonomía y Fisiología vegetal e integrantes del Vivero de Nativas de la Facultad de Agronomía de Azul.
BUENOS AIRES (30/4/2026).- Este artículo tiene la finalidad de señalar y destacar algunas de las especies de árboles nativos de Argentina presentes en el partido de Azul, en la región centro – sur de la provincia de Buenos Aires. Se busca compilar observaciones de campo y ensayos, realizados por el equipo del Vivero de nativas de la Facultad de Agronomía de Azul (UNICEN), sobre su comportamiento en la región y usos locales.
Se pretende resaltar las virtudes y problemáticas que surgen o pueden surgir, por su utilización en los espacios verdes rurales o urbanos.
a información presentada puede aportar a la toma de decisiones, permitiendo seleccionar especies para implantar tanto en espacios públicos como privados con condiciones de suelo y clima similares.
Descripción de la región
El partido de Azul se encuentra en el centro – sur de la provincia de Buenos Aires, emplazado sobre la ecorregión “Pampa” donde la vegetación original era el pastizal. La región cuenta con una amplia variedad de suelos que van desde arcillosos hasta francos, de pH neutro hasta alcalinos, bien drenados o no, profundos o limitados por tosca, napa o roca.
De la mano con esta variedad de suelos, existe una multiplicidad de ambientes llanos, serranos y periserranos, surcados por cursos de agua tanto temporales como permanentes.
Según el Centro Regional de Agrometeorología dependiente de la Facultad de Agronomía de Azul (UNICEN), el clima es templado con una temperatura media anual de 14,4 °C, existiendo un promedio de 87 heladas anuales y una mínima absoluta de -12,5 °C. El régimen de precipitaciones posee una distribución más o menos uniforme a lo largo del año, con una media de 848,3 mm. Bajo este marco, redescubrir el potencial de nuestros árboles nativos es una deuda y una oportunidad para construir una infraestructura verde más sostenible y resiliente.

Especies presentes en la región con un destacado potencial como proveedoras de servicios ecosistémicos
A continuación presentamos algunas especies nativas históricamente cultivadas en la región, pero que por distintas causas no se han difundido en mayor proporción:
- “Aguaribay” (Schinus areira / Schinus molle): Especies cultivadas hace muchos años en la región, presentes con ejemplares añejos en la zona urbana y campos. Son muy valoradas por su excelente sombra, crecimiento relativamente rápido y por sus drupas habitualmente usadas como condimento. Se adaptan muy bien a distintos tipos de suelos, prefiriendo los profundos y sueltos, resistiendo muy bien las heladas, aunque es recomendable protegerlas durante el primer año de plantación. Su porte en estado adulto y su follaje persistente hace que en zonas urbanas sean recomendadas para parques y grandes espacios verdes. Sin embargo, en localidades vecinas como Tapalqué, se los usa ampliamente en el arbolado de alineación.
- “Molle rastrero” (Schinus longifolia): Se la encuentra cultivada tanto en zonas rurales como urbanas y también naturalizada (probablemente diseminada por pájaros) en algunos bordes de caminos y alambrados, sin evidenciar un comportamiento invasivo significativo. Es una especie de un tamaño moderado con una copa amplia capaz de brindar un excelente reparo y sombra, pero además se adapta muy bien a condiciones climáticas de la zona, tolerando sequías, inundaciones y creciendo en suelos pesados, someros por roca y tosca (carbonato de calcio cementado). Si bien es una especie que posee ramas que terminan en una espina y un crecimiento medio a lento, se la ha incorporado recientemente en parques, plazas y cortinas forestales aprovechando su rusticidad y enorme potencial para brindar sombra y reparo.
- “Tala” (Celtis tala): Es una especie muy valorada y reconocida a nivel ecológico y cultural, también por su leña y madera. A pesar de su excelente adaptación al suelo y clima de la región, su difusión en el casco urbano es muy limitada. Esto probablemente se deba a su lento crecimiento, lo cual extiende el cuidado post plantación por varios años, incrementando la mortalidad ante vandalismo. Actualmente, se han incorporado nuevos ejemplares en algunos sectores de la ciudad con buenos resultados y se la encuentra frecuentemente naturalizada en la zona serrana sobre alambrados, dado que es dispersada por aves que aprovechan su fruto. Junto al “aguaribay” se las utiliza mucho como cortina en zonas de canteras, dado que crecen muy bien en suelos pobres y disturbados.
- “Pezuña de vaca” (Bauhinia forficata): Se encuentran ejemplares en distintos sectores de la ciudad. Recientemente se la ha incorporado en bulevares, plazas y parques, costa del arroyo Azul y arbolado de alineación, mientras que rara vez se la observa en zonas rurales. Es una especie que muestra una moderada sensibilidad a las heladas de la región siendo necesaria la protección en los primeros años de vida. Se adapta muy bien a todo tipo de suelos, tiene un crecimiento moderadamente rápido, porte mediano y floración sumamente vistosa. Sus hojas son usadas por algunos conocedores locales por sus propiedades medicinales.
- “Acacia visco” (Parasenegalia visco): Esta especie se encuentra bien adaptada al clima y suelos de la región, prefiriendo los suelos francos, fértiles y profundos. Se la observa incorporada en espacios verdes y arbolado de alineación con éxito, aunque no responde bien a las podas severas. Tiene una floración muy vistosa hacia el final de la primavera y un tamaño moderado a grande. Sin embargo, hay que mencionar los problemas sanitarios causados por la chicharrita de la espuma. Esto hace dificultosa su utilización, ya que los exudados ensucian autos, veredas y zonas de descanso.
- “Pino Paraná” (Araucaria angustifolia): Esta araucaria nativa ha mostrado un excelente comportamiento en la región. Destaca por su gran porte y silueta, por lo que se encuentra habitualmente distribuida en plazas, parques y espacios públicos urbanos, así como también en zonas rurales. Prefiere los suelos profundos y ricos en nutrientes pero crece con frecuencia en suelos someros sobre roca y tosca. Lo habitual es que se la use con fines ornamentales y culinarios (aprovechando sus piñones comestibles) además de su conocido potencial como proveedor de madera de calidad.
- “Falso cafeto” (Manihot grahamii): Es una especie con un gran potencial para el arbolado de alineación, con buena adaptación a cualquier tipo de suelo. Además, es capaz de resistir podas severas, crecer muy rápidamente y brindar una buena sombra. Sin embargo, presenta inconvenientes en su adaptación cuando los inviernos son particularmente fríos, requiriendo protección en los primeros años de vida y llegando incluso a perder parte de sus ramas y follaje en plantas adultas. También presenta cierta capacidad de expansión espontánea, encontrándose de forma natural en baldíos, terrenos antropizados, edificaciones abandonadas y bordes de caminos.

Figura 1. Especies nativas presentes y cultivadas en la región centro – sur de la Provincia de Bs. As. a. aguaribay, b. molle rastrero, c. cina cina, d. espinillo, e. tala, f. pezuña de vaca, g. acacia visco, h. pino Paraná, i. falso cafeto.
Especies recientemente incorporadas o con distribución limitada
Otras especies de árboles nativos se encuentran representados por unos pocos ejemplares aislados, muchas veces en sectores puntuales y en otros casos incorporados por nuestro equipo de nativas de la Facultad de Agronomía de la UNICEN, observando diversas virtudes y respuestas iniciales. En primer lugar, queremos destacar al “chañar” (Geoffroea decorticans) el cual presenta una distribución local muy acotada, pero que ha demostrado una excelente adaptación al clima de la región.
Se puede encontrar en montes de zonas rurales, resistiendo sequía y anegamiento, así como también suelos pesados. Especial mención merece el “algararrobo dulce” (Neltuma flexuosa) y el “sauce criollo” (Salix humboltiana), dos especies que en condiciones puntuales, tienen una buena adaptación. Del primero existe un ejemplar sano y vigoroso en el campus de la Facultad de Agronomía de Azul.
Se encuentra sobre un suelo franco arcilloso que incluso puede acumular agua en forma ocasional. Del “sauce criollo” se destacan algunos ejemplares en zonas rurales y periurbanas, en general sobre cursos de agua. De esta última especie se conoce que su supervivencia está sujeta a una adecuada provisión de agua, y no soporta sequías prolongadas. Los equipos de Dasonomía y vivero de nativas de la Facultad de Agronomía de Azul, han intentado reintroducir el “sauce criollo”, en ambientes loticos, paseos y diferentes espacios públicos de la ciudad, sin resultados positivos.
Por otro lado, es importante destacar los frutales nativos que suelen cultivarse y se observan de forma aislada en campos y distintos sectores públicos o privados.
Entre ellos, la “pitanga” (Eugenia uniflora) y el “falso guayabo” (Acca sellowiana). La “pitanga” se comporta mejor en suelos francos y ricos en materia orgánica y prefiere estar reparada, aunque resiste bien el frío cuando alcanza un buen desarrollo. Se suelen encontrar en cercos y jardines, produciendo una importante cantidad de fruta.
El “falso guayabo”, por su parte, se comporta de manera excelente, produciendo fruta en abundancia y resistiendo las condiciones climáticas y de suelos. Así, es común observarlo en áreas urbanas o rurales, sobre suelos arcillosos, suelos orgánicos y profundos, cerca de cursos de agua y en ambientes serranos. Ambas especies son utilizadas actualmente con fines ornamentales.

Figura 2. Árboles y frutales nativos con pocos ejemplares presentes. a. chañar, b. algarrobo dulce, c. pitanga, d. falso guayabo y e. sauce criollo.
Por otro lado, queremos mencionar algunas de las especies que nuestro equipo del vivero de nativas de la facultad de Agronomía de Azul está evaluando. Las mismas fueron incorporadas con distintas finalidades en ambientes rurales, biocorredores y espacios verdes de la ciudad para observar su comportamiento.
Entre ellos el “palo amarillo” (Terminalia australis), es una de las que demuestra un excelente comportamiento, resistiendo las condiciones de campo y no necesitando protección del frio los primeros años de vida. Prefiere los suelos buenos, pero se observa una adecuada tolerancia a los suelos antropizados, con presencia de tosca y arcilla. Su crecimiento es rápido y florece a los pocos años desde la emergencia.
Es una planta con un gran potencial para el arbolado de alineación de la región dado que no posee espinas, tiene un tamaño moderado y resulta ornamental casi todo el año. Su principal cualidad son sus hojas de color rojizo presentes durante gran parte del otoño y luego durante la primavera en los brotes más jóvenes.
También es oportuno mencionar al “fumo bravo” (Solanum granuloso-leprosum) el cual avanza de forma espontánea en bordes de caminos en sectores serranos del partido de Olavarría. Resiste suelos con muchas limitaciones como excesos hídricos, rocosos, presencia de tosca, antropizados, entre otros aspectos. Sin embargo, puede verse afectado por heladas severas, comportándose como especie de hoja caduca y perdiendo ramas nuevas en ejemplares adultos.
Tiene un crecimiento muy rápido y florece precozmente. Otra especie novedosa es la “anacahuita” (Blepharocalyx salicifolius), un frutal nativo que tiene un crecimiento vigoroso y resiste heladas moderadas, aunque en zonas descampadas es recomienda protegerlo el primer año de vida. Al igual que en el caso del “palo amarillo”, y a diferencia de otras especies nativas, son susceptibles al ataque de la “hormigas cortadora”, llegando incluso a una defoliación completa y muerte de los ejemplares.

Figura 3. Especies recientemente incorporadas a la región. a. Palo amarillo, b. Fumo bravo y c. Anacahuita.
Por último, enlistamos ejemplares aislados y conservados en el campus y jardín botánico Edgardo N. Orfila de la Facultad de Agronomía de Azul: “yerba de bugre” (Lonchocarpus nitidus), “palo jabón” (Sapindus saponaria), “nogal criollo” (Junglans australis), “curupí” (Sapium haematospermum), “cebil” (Anadenanthera colubrina), “espina de bañado” (Citharexylum montevidense), “sombra de toro” ( Jodina rhombifolia), “itín” (Neltuma kuntzei), “algarrobo blanco” (Neltuma alba), “Ibirapitá” (Peltophorum dubium), “caldén” (Neltuma caldenia) y “espinillo negro (Vachellia astringens”).
En general, los ejemplares evaluados muestran aptitudes ornamentales, un buen desarrollo y resistencia a las condiciones climáticas sin necesidad de protegerlas del frío en sus primeros estadíos de vida (todas superaron al menos una temporada de invierno con una mínima absoluta de aprox. -7° C). Tanto la “yerba de bugre” como el “curupí” se comportan como especies de hoja caduca.
El “itín”, el “caldén” y el “algarrobo blanco” requieren condiciones de suelos bien drenados y profundos para prosperar, y su crecimiento es lento. Finalmente, en el caso del “ibirapitá”, se observa pérdida de ramas juveniles durante los meses más fríos.

Figura 4. Especies presentes en el campus de la Facultad de Agronomía de Azul. a. yerba de bugre, b. palo jabón, c. nogal criollo, d. curupí, e. Cebil, f. espina de bañado, h. sombra de toro, i. Itín, j. algarrobo blanco y k. ibirapitá, l. caldén y m. espinillo negro.
Especies no recomendadas
Estas especies presentan inconvenientes en su adaptación a nuestra región y cuando son colocadas en lugares no propicios generan diversos problemas. Podemos citar por ejemplo; “seibo” (Erythrina crista-galli), “palo borracho” (Ceiba chodatii y Ceiba speciosa), “ombú” (Phytolacca dioica) y “jacarandá” (Jacaranda mimosifolia).
Las mismas son aptas únicamente para sectores particulares y puntualmente donde las condiciones microclimáticas las favorecen, siendo especialmente afectadas por las heladas fuertes y sufriendo grandes daños incluso en ejemplares adultos.
Finalmente, algunas especies que no se han adaptado en pruebas preliminares a las condiciones generales de nuestra región, fueron el “pehuén” (Araucaria araucana), “ciprés de la cordillera”(Austrocedrus chilensis), “espinillo blanco” (Vachellia albicorticata) y “tusca” (Vachellia aroma).
Figura 5. Especies no recomendadas para la región. a. seibo, b. palo borracho, c. jacarandá y d. ombú.
Agradecimientos
El equipo de extensión e investigación con especies nativas de la Facultad de Agronomía de la UNICEN agradece al equipo del Jardín Botánico Edgardo N. Orfila, en especial al Ing. Agr. Carlos D’alfonso, por gestionar semillas y permitir la implantación / seguimiento de muchas de las especies antes mencionadas. También queremos agradecer al Ing. Agr. Iván Dario Cuenca y al Club de Roma, por la donación de algunos ejemplares específicos.
ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DEL ESPACIO MENSUAL DE LA REDFOR.AR, EN ARGENTINAFORESTAL.COM, QUE BUSCA DIVULGAR Y GENERAR DEBATE SOBRE LA PROBLEMÁTICA FORESTAL DEL PAÍS. LAS OPINIONES PERTENECEN A LOS AUTORES.


