En una entrevista para Visión Misionera 2026, el anuario de MisionesOnline, el consultor foresto-industrial Aldo Grasso analizó las causas estructurales de la crisis, advirtió sobre la “terminalidad” de muchas PyMEs y planteó la necesidad urgente de una «reingeniería» profunda del sector foresto-industrial. El desafío, resume, es sobrevivir a los cambios, ganar eficiencia y recuperar competitividad.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
MISIONES (27/12/2025).- El ingeniero forestal Aldo Grasso realizó un crudo balance del año 2025 para la industria de la madera, marcado por un escenario nacional adverso, caída histórica del mercado interno y pérdida de competitividad.
VM: ¿La crisis económica que durante el 2025 enfrentaron las PyMEs madereras de Misiones, es una consecuencia de la caída del consumo en el mercado interno o se deben a cambios más profundos que se requieren en el negocio de la madera?
Aldo Grasso: Esto se debe a una suma de situaciones que tornaron, de alguna manera, la condición deficitaria en la que se encontraban las PyMEs del sector en una condición terminal en algunos casos. Día a día, industrias del sector fueron paralizando su producción o reduciendo su personal.
Pero la suma de situaciones radicó, principalmente, en que para los pocos que exportaban de este subsector, la crisis internacional de los mercados madereros las afectó no tanto por la disminución de la demanda, sino por la falta de precios que ofrecieran al menos una mínima retribución.
A ello debe sumarse la dramática caída de la demanda del mercado nacional a niveles históricos, que ni siquiera tuvimos en 2001, por todas las razones que ya conocemos: reducción del consumo, parálisis de la construcción, etcétera.
Siempre digo, respecto a las características de nuestras PyMEs madereras, que su particular conformación no contribuyó a estar preparadas para afrontar la situación de crisis que se vivió en 2025: me refiero a la integración vertical, la obsolescencia tecnológica, la baja escala y otros factores.
VM: ¿Cuál es el balance del año 2025 para el mercado forestal en el contexto nacional (producción, empleo, inversiones, rentabilidad) y, en ese contexto de coyuntura, qué se espera para 2026?
AG: El balance anual, considerando el contexto nacional, es que desde hace ya más de un año la gran mayoría de las industrias trabajaban por debajo del 60% de su capacidad de producción.
El empleo fue la moneda de cambio para sobrellevar esa situación crítica: las industrias trabajaron sin incorporación de personal, o con suspensiones y despidos, operando con absolutamente nula inversión y con pérdida de rentabilidad en niveles negativos.
Con estas perspectivas y dentro de un marco de coyuntura dramático, realmente las expectativas para 2026 no pueden ser para nada buenas y, por ello, hablo incluso de una crisis terminal para muchas PyMEs.

Reingeniería sectorial: un proceso inevitable
VM: Ud. habla, en los últimos dos o tres años, de la necesidad de una reingeniería en el sector para revertir esta “crisis terminal” de las industrias. Repasemos: ¿en qué consiste?
AG: En entrevistas anteriores advertía que esta situación de crisis profunda llegaría, marcando su irreversibilidad en la medida en que no se tomaran acciones sectoriales pertinentes. Y esas acciones no se tomaron; por eso hablo de “terminalidad” para industrias con determinadas características que no podrán subsistir en este nuevo escenario.
Sin lugar a dudas, es lo que esperaba que sucediera. Esto surge del análisis de procesos similares en otras regiones forestales del mundo y por eso pedía un plan de acción basado en la reingeniería sectorial.
Este proceso, una vez iniciado, es irreversible. El modelo de PyME maderera tal como está concebido en nuestro país —obsoleto, de baja escala y deficitario— no tiene posibilidad alguna de subsistir.
El plan se puede sintetizar en una frase que ya brindé en otras entrevistas: “Las grandes empresas y mega-aserraderos producen grandes volúmenes de madera y las PyMEs solo la remanufacturan y le agregan valor”.
Para ello, deben desactivar sus líneas de aserrado y dejar que las grandes compañías produzcan ese material, ya que son eficientes, tienen escala, logran costos apropiados y precios de mercado.

VM: Hay quienes sostienen que la actividad forestal es de largo plazo y que estos son riesgos del negocio de la madera, que las empresas se “achican”, pero no cierran.
AG: No entiendo a quienes sostienen que, por ser un negocio de largo plazo, las posibilidades de afrontar estas crisis son mayores. Al contrario, al menos para el subsector PyME, es exactamente al revés.
La PyME vive del día a día y, si además comercializa commodities, como en nuestro caso, no puede perder ni siquiera en una sola operación porque pierde gran parte de su rentabilidad.
Subsistirán sólo las que puedan adaptarse a las nuevas reglas de juego, que han cambiado drásticamente, sobre todo en un país donde la microeconomía no interesa al Gobierno central y donde cada uno deberá “arreglarse” como pueda.
A esto me refería al advertir sobre la necesidad de un plan que colabore con ellas. Estas industrias, solas, no podrán sostenerse: no cuentan con la estructura ni con las herramientas necesarias.

VM: ¿Cuál es el escenario de abastecimiento de materia prima en Misiones?
AG: El abastecimiento seguirá siendo sostenido en tanto y en cuanto sigan existiendo los pequeños productores, que son los reales proveedores de nuestras PyMEs. Pero cuando esa existencia se agote, no solo se terminará el recurso, sino también nuestros pequeños y medianos aserraderos.
En el modelo de negocio que planteo, no creo que debamos volver a atraer al productor rural a forestar por cuenta propia; ya no existen ni existirán los incentivos para ello. Eso debería pasar a ser competencia de las grandes compañías abastecedoras de materia prima.
A lo sumo, se puede pensar en un plan coordinado por estas empresas, utilizando la modalidad de “derecho real de superficie” y las capacidades de los productores para generar una nueva masa crítica forestal.
Por lo mencionado, no deberíamos repetir en nuestras PyMEs el modelo de integración vertical. Al contrario, deberían “desintegrarse” de unidades de negocio deficitarias, como la cosecha forestal y la transformación primaria.

Competitividad, costos y estructura sólida
VM: Las cámaras empresarias insisten en que los costos logísticos, la falta de financiamiento y la brecha tecnológica limitan la competitividad. Otros plantean la necesidad de más capacitación y profesionalización. ¿Cuál es su análisis?
AG: Todo lo que se menciona es cierto, pero las cámaras empresarias muchas veces tienen la agenda equivocada.
Los costos logísticos son altísimos, no existe financiamiento y la brecha tecnológica crece, pero ese no es el meollo de la cuestión. Esa es mi diferenciación con otros colegas y empresarios más optimistas.
Insisto con vehemencia en que todo eso es coyuntural y no responde a las verdaderas razones de esta crisis profunda.
Lo que veo con suma dificultad es que puedan subsistir a esta crisis porque, por su estructuración, no están preparadas para afrontarla. Es contradictorio: esas dificultades sí pueden ser absorbidas por un negocio de largo plazo, pero no la mala estructuración propia.
VM: En exportaciones de madera, ¿cómo afectaron las nuevas regulaciones de EE.UU., los precios internacionales y la concentración empresarial?
AG: Si hablamos de PyMEs, considero que no las afecta en mayor medida. Desmitifiquemos un poco: en general no exportan, o lo hacen solo en pequeños volúmenes. Las industrias madereras se ven más afectadas por la impresionante merma del mercado interno.
En cuanto a las medianas y grandes compañías, 2025 fue un año de desaliento. Se esperaba que los nuevos aranceles diferenciados respecto a Brasil otorgaran a Argentina mayor participación en la demanda estadounidense, pero eso no ocurrió.
Antes, cuando mejoraba la demanda internacional, las grandes empresas se volcaban al mercado externo y dejaban espacio en el mercado interno para las más pequeñas. Hoy, con un mercado internacional alicaído y un mercado interno en caída, estamos en problemas.
VM: Para un “salvataje” de las PyMEs misioneras se requiere de apoyo en políticas forestales. ¿Qué medidas considera urgentes?
AG: Un plan de salvataje sería muy difícil de explicar en pocas palabras y ameritaría una entrevista aparte.
Temo que mi pedido de reconversión sectorial sea difícil de implementar con la urgencia que se necesita, porque requeriría leyes y regulaciones que hoy el sector político no está dispuesto a impulsar. Además, el gobierno central tiene una tendencia desreguladora.
Las medidas urgentes atienden solo la coyuntura y son cortoplacistas. Nuestra problemática es estructural.
Pedir un plan nacional de vivienda en madera o cambios en el tipo de cambio no es realista en el contexto actual. Esos reclamos caen en saco roto.
Las medidas de fondo son de otra naturaleza: cambios en la propiedad de la materia prima, convivencia estratégica entre empresas de distintos tamaños, uso de biomasa para generación de energía, entre otras. Pero todo eso lleva tiempo, y la situación hoy es apremiante.

Escenario 2026 y futuro del sector
VM: En este contexto, ¿cómo imagina el escenario para los aserraderos de Misiones hacia 2026 y los años siguientes?
AG: El escenario para 2026 es lapidario para la industria de la madera, y no quiero ser el analista agorero. ¿Qué puede cambiar para revertir la crisis? No veo recuperación de la obra pública ni un boom exportador. Y, aun si ocurriera, dudo que el sector esté en condiciones de reaccionar.
VM: ¿Qué cambios deberán encarar las empresas para seguir compitiendo?
AG: Recomiendo desactivar las líneas de transformación primaria deficitarias, generar alianzas con grandes industrias para remanufacturar y agregar valor, y ocupar nichos del mercado interno.
No debemos esperar incentivos ni planes estatales. Bajo este modelo de Estado, las PyMEs deberán ocuparse de sus propios problemas: consorciarse para ganar escala, mejorar productividad, eficiencia mecánica y rendimiento industrial.
Todo esto requiere un cambio radical y urgente. “Nos cambiaron las reglas de juego”, y eso precipitó un deterioro que vengo anunciando hace años.
Las palabras “crítica”, “dramática”, “irreversible” y “terminalidad” pueden sonar alarmantes, pero la crisis actual justifica plenamente su uso.
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