El consultor y especialista en Economía Forestal, Gustavo Braier (Braier & Asociados Consultores), responde al informe publicado en Argentina Forestal (Edición Nº110) titulado “Estragos sociales en la zona Norte de Misiones, a 10 años de la polémica compra de Alto Paraná de los activos forestales de la ex Pecom”, aportando una visión integral sobre el sector en la provincia y el escenario de las inversiones forestales y foresto-industriales en Argentina.
BUENOS AIRES y MISIONES (Abril 2014).- Tengo esta oportunidad de hacer mi aporte acerca de este tema tan importante para la forestoindustria argentina con el beneficio enriquecedor de haber leído con detenimiento el aporte de otros colegas calificados realizados meses atrás.
Trataré de dar una visión integral, posibilitada por ser un miembro del sector que no desempeña sus actividades en Misiones, aunque acompaño a la forestoindustria misionera desde hace 25 años. De hecho, mi tesis de maestría fue sobre el abastecimiento de madera de Alto Paraná, para el momento en que la empresa estaba en manos del Citibank.
Motivó, en parte, la realización de mi tesis el hecho de que en aquel momento se manifestaba que la misión de la empresa era producir pasta celulósica, entonces, las plantaciones propias debían orientarse hacia tal fin. Se trituraban rollos gruesos, aunque pudiesen canjearse dos finos por uno grueso en el mercado y se pagaban precios bajos por la madera adquirida. Recordemos que, para aquel momento, Alto Paraná sólo tenía su planta de celulosa en Puerto Esperanza y se autoabastecía en un 40% aproximadamente comprando el resto la madera de otros forestadores.
El eje de mi tesis era que se estaba en presencia de un monopsonio regional, profundizado por el hecho de que si los vendedores de madera querían imponer alguna condición, el comprador no sólo tenía enormes espaldas financieras en forma comparativa, sino que, además, tenía su bosque propio para aguantar los ataques por muchos meses. ¿En qué terminaban muchas veces estas negociaciones? En cortes de ruta. Incluso, se había impuesto una norma para impedir la tala rasa antes de los 12 años, al tiempo que se cuestionaba que los subsidios forestales estaban principalmente orientados a plantaciones con 2.222 plantas por hectáreas, con lo que se buscaba volumen y no calidad de madera.
Estamos hablando de principios de los años 1990, cuando recién algunos aserraderos estaban comenzando a secar sus tablas y donde la diferencia de precio entre el rollo aserrable y el pulpable era muy chica, símbolo de una cuenca foresoindustrial poco madura.
Cuando comienzan a llegar las firmas chilenas al país: Arauco (Misiones), CMPC (Corrientes) y Masisa (Entre Rìos) -cada una haciendo mayor presencia en cada una de las provincias de la Mesopotamia argentina- el panorama comienza a cambiar. En particular, el Grupo Arauco, en Misiones, con sus más y sus menos (tuvo mucho de ambos) ayuda a hacer más eficiente y a profesionalizar al sector. Se comenzó a apreciar la calidad de los rollos y, consecuentemente, los precios entre rollo maderable y triturable se fue abriendo hasta alcanzar el rico abanico que se presenta al día de hoy. En este sentido cabe una pregunta: ¿se hubiera dado un aumento en el precio de los rollos sin la presencia de APSA? ¿Estaba bien que los plantadores subsidiasen a las industrias del aserrío por medio de precios bajos de madera? ¿Estaba bien que los niveles medios de industrialización de los aserraderos no permitiesen pagar precios remunerativos por la madera? ¿Se podía basar un nodo de desarrollo de economía regional sobre un sector forestal no rentable y aserraderos poco tecnificados?
Afirmo que la eficiencia productiva es un deber social y que su ausencia, de algún modo, hasta podría considerarse un “delito”. Como integrantes del sector forestoindustrial asumimos dentro de la sociedad el gerenciamiento y la generación de bienes forestoindustriales que la misma demanda. Hacerlo de manera poco eficiente o cara es malo para nuestra sociedad y eso implica que estamos incumpliendo parcialmente nuestra función social. En tal caso, debemos mantener la eficiencia productiva y prestar atención al tema distributivo. Debemos ver la forma en que la renta que se genera por la mayor eficiencia se distribuya de una manera que consideremos adecuada: siendo con mayores salarios a los miembros del sector, con mayores precios a la madera, favoreciendo al forestador y propietario de la tierra, o con menores precios del producto final, favoreciendo a la comunidad general dado que le transmitimos nuestra mayor eficiencia a partir de vender los mismos productos a precios menores, entre tantas opciones. Pero, lo peor que podemos hacer, es atacar la eficiencia productiva porque de esta forma no hay manera de beneficiar a nadie; perdemos todos. Desde ese punto de vista, destacar que los aserraderos más chicos se vieron beneficiados por el cierre de un aserradero tecnificado y de escala intermedia como Bosetti, es una victoria a lo Pirro, con un gran retroceso social.
Cuando se compara a PECOM con APSA se evita, por olvido o por intención, comparar a ambas con el resto de las empresas. ¿Cómo es el nivel de formación, salarios, premios, programas, operaciones totalmente legales en comparación entre todos los actores: PECOM, APSA, empresas medianas y pequeñas del sector forestoindustrial? ¿Cómo fue en aquel momento y como es en el 2014? No podemos desconocer que el sector forestal está señalado como uno de los que más operaciones irregulares presenta, con algunos casos de trabajo no registrado. ¿Siempre el grande es malo y el chico es bueno? Creo que el mundo, felizmente, se ha vuelto más complejo.
Tampoco puede olvidarse que el grupo PECOM se desprendió de todos sus activos y que PETROBRAS no quiso hacerse cargo del área forestal en aquel momento. Sería bueno preguntarse por qué.
Al tiempo que APSA compra la fábrica de celulosa, el aserradero de Bosetti y las plantaciones forestales, levanta dos establecimientos industriales nuevos en Puerto Piray: la planta de MDF y un aserradero que multiplica por 2,5 al más grande del país hasta ese momento. Agrega, también, una planta de bioenergía y aumentó en un 50%, aproximadamente, la capacidad de la planta de celulosa, continuando la cadena hacia la pasta fluff que se usa para pañales. Obviamente, estas actividades generaron demanda de materiales de todo tipo, incluida madera, y empleo.
¿Qué había en Puerto Piray? Había un proyecto industrial en el que el Estado argentino invirtió cientos de millones de dólares y nunca se llegó a concretar: la planta de Celulosa Puerto Piray de Celulosa Argentina. ¿Podemos desconocer este hecho?
¿Qué comparación podemos hacer entre un proyecto que no se terminó en casi 20 años y otro que se erigió en 2 años? ¿Tenía una operación rentable Celulosa Argentina vendiendo rollos a los aserraderos de la región? ¿Si no la tenía, era un modelo de crecimiento sostenible? ¿Cómo se generan las condiciones para que los propietarios de tierras forestales en Misiones estuviesen dispuestos a vender sus tierras a APSA?
No olvidemos que APSA, entonces, no sólo tiene tierras forestales, sino también una alta demanda de madera para sus industrias. La mejor comparación por realizar, es la de ver si APSA tiene un equilibrio entre la oferta de madera de sus tierras y su conglomerado industrial. Por fuera de ello, hay otro complejo forestoindustrial de muchos propietarios diferentes que incluye plantaciones y establecimientos industriales. ¿Nos vamos a quejar de la cantidad de industrias que tiene APSA en vinculación con sus tierras plantadas? ¿Queremos más industrias forestales en Misiones? ¿Un potencial inversor grande va a proyectar que el ataque social o gubernamental es contra un propietario grande específico y que no le va a suceder nada a él si se aventura a asentar sus fondos en un proyecto industrial en la provincia de Misiones?
¿Dónde sigo visualizando que hay un claro problema de falta de competencia en el mercado? En que el monopsonio de material triturable sigue existiendo. Aún más, cuando en algún momento la gerencia forestal de APSA señala que ellos estudian que los plantadores tengan una rentabilidad al venderle la madera a la empresa es cuando subrayan su poder monopsónico en el mercado, aún cuando quiera mostrarse como un monopsonista bueno que se preocupa porque su contraparte gane algún dinero; pero el que ellos dispongan. Cómo se define en una simple frase al monopsonista: como aquel que se siente solo en el lado de la demanda de madera y define cuánto comprar y a qué precio.
Desde la Fundación Ambiente y Desarrollo, esperando finalizar en el mes de abril de 2014, estamos llevando adelante un PIA (Proyectos de Investigación Aplicada) en el que analizamos el impacto que puede tener el menor precio potencial a pagar por la madera triturable, gracias al monopsonio. Esto puede derivar en un mayor precio en la madera aserrable si se va a pretender compensar la renta perdida por el forestador o, directamente, en una menor renta para el forestador, comprometiendo la futura oferta de madera. Es decir que los efectos del monopsonio, en este caso en particular, generan distorsiones de distribución de ingresos en mercados cercanos como el generado en las otras clases diamétricas de madera.
En lo que se refiere a tecnificación, ¿puede verse como un hecho socialmente negativo la incorporación de tecnología y maquinaria para hacer más eficiente el negocio? Sí: cuando la empresa se desentiende del desencadenamiento social que esa mejora de eficiencia genera.
¿Es suficiente que una gran empresa en una economía regional cumpla con sus obligaciones legales y pague, incluso muy bien, los retiros voluntarios? No. No es suficiente, aunque este punto sea opinable.
¿Qué pienso que debiera haber hecho la empresa? Ocuparse activamente de la inserción de este cambio competitivo en la región excediendo sus obligaciones legales. ¿Cómo? Generando condiciones que ayuden a instrumentar sus innovaciones productivas, pero que al mismo tiempo viabilicen su presencia en la región ganando una visión positiva de los misioneros hacia su accionar. El rol de una empresa grande en una economía regional es amplio y complejo, y no puede desconocerse a costo de hipotecar su potencial desarrollo futuro, en lo que hace a ella misma, y en ayudar a perjudicar el potencial de la región, en lo que hace a lo general.
Desde mi análisis, Misiones está en una situación socio productiva complicada, aunque ya se están tomando algunas medidas al respecto, por lo que indican en las notas los intendentes de Puerto Libertad y Puerto Esperanza (es una pena que no se haya contado con el testimonio del intendente de Puerto Piray).
Misiones es la segunda provincia con mayor densidad poblacional de la Argentina, luego de la provincia de Tucumán. Pero hay un hecho que marca una tendencia y que es muy significativo a futuro: su tasa de crecimiento demográfico (incluyendo las inmigraciones) es mayor que la de Tucumán; entonces, en algún momento cercano será la provincia más densamente poblada.
La forestoindustria, tanto en sus actividades forestales como industriales, a un mismo nivel de producción va a precisar cada vez menos mano de obra.
Como la provincia no da muestras de querer ampliar su producción forestoindustrial (no hay consenso social sobre la ampliación de superficie de las plantaciones forestales), el empleo en el sector va a ser cada vez menor, para un igual o apenas superior nivel productivo.
Consecuentemente, tenemos población creciente y generación de empleo decreciente. ¿Estamos en un problema, no? Para encontrar la solución a un problema lo mejor que podemos tener es la capacidad de hacer un buen diagnóstico. Si nuestro diagnóstico se distorsiona por conclusiones que intentemos sacar con anterioridad al análisis, como castigar a la empresa grande -en este caso Alto Paraná-, tal vez, nos condenemos todos. Entonces, si hubiese un estrago social, que personalmente no advierto, el mismo no está provocado exclusivamente por el accionar de la empresa grande, sino por la necesaria dinámica del sector forestoindustrial en la provincia de Misiones.
En mi diagnóstico, realizado luego de haber colaborado en el área de RSE de Alto Paraná durante la gestión de Adrián Lerer en el área, fue que si no se ampliará significativamente la forestoindustria, la provincia tiene que profundizar otras áreas de mayor demanda de mano de obra: el turismo (aprovechando el milagro de tener las Cataratas a tan corta distancia y la Selva) y el avance sobre la cadena de valor de la madera, llegando a la confección de muebles con diseño, para lo que se puede aprovechar la presencia de la carrera de Diseño Industrial en la Facultad de Artes de la UNAM, en Oberá; otro milagro dotado de una excelente calidad profesional. En este capítulo APSA tiene mucho por aportar, por nivel profesional y, como se dice en la nota publicada, porque tiene una abundancia de tierras con atractivo turístico muy importante. Felizmente, se está avanzando en esta línea.
Además, esto puede ser una excelente fuente de negocios para la empresa porque uno de los actores que más se beneficia de un desarrollo turístico, es aquel que tiene bienes raíces en esa región. Esto no está mal y, en todo caso, hay que analizar cómo sería la mejor forma de distribuir legalmente esos beneficios. Coincido con quienes en las notas opinan que las expropiaciones no son un buen camino.
Debiéramos preocuparnos como argentinos forestoindustriales acerca del hecho de que haya tan pocas inversiones industriales en este sector. La Argentina tiene un problema estructural de balance externa y el sector, en sus economías regionales, tiene herramientas para ayudar a paliar este déficit estructural de nuestro país que nos lleva a crisis recurrentes. Esto puede lograrse con inversores argentinos o extranjeros. Si fuesen extranjeros, su producción debiera ser mayormente exportable, porque en caso contrario, el necesario retiro de sus dividendos va a empeorar nuestra crisis de sector externo. Un inversor externo tiene que acercar al país mediante la venta de sus productos más dólares que los que gasta en su producción, sumados a los beneficios que va a girar a su casa matriz. En esto sumaría a favor las reinversiones.
¿Por qué Arauco decidió expandirse en otros países? ¿Y CMPC/Bosques del Plata? ¿Y Masisa? ¿Y por qué los grupos nacionales que podrían invertir en el sector tampoco lo hacen? ¿Tendrán temor de que se los acuse de producir nuevos estragos sociales? ¿No estaremos equivocando nuestros análisis y como consecuencia de ello ahuyentando a actores sociales que asuman riesgos e inviertan? Tengamos cuidado. No vaya a ser que seamos protagonistas de nuestros fracasos y sigamos viendo la sortija muriendo en el carrusel.
(*) Frase tomada de la poesía de la canción “Cantatas sobre puentes amarillos” del disco Artaud de Pescado Rabioso y de autoría de Luis Alberto Spinetta. Es un símbolo de las oportunidades pérdidas




