| Apostar a otro oro verde |
Se vienen desarrollando distintos fideicomisos para pequeños inversores, con aportes que arrancan en US$10.000. La promesa es una ganancia alta en dólares de entre el 10 y el 17%, solo disponible para quienes estén dispuestos a esperar entre 12 y 20 años.
Fuente: Diario Clarin
BUENOS AIRES (AGOSTO 2010).- Mientras buena parte de quienes apostaron al mercado de capitales se siguen lamiendo las heridas que les dejó la última crisis financiera, reverdecen otro tipo de operaciones, vinculadas a la inversión en bienes tangibles. Entre ellas, la actividad forestal, un camino en el que a falta de grandes proyectos vienen pisando fuerte las pequeñas inversiones. Los proyectos de forestación crecieron al amparo de la ley 25.080 que le da estabilidad fiscal y, además, establece el reintegro del 80% de los costos de plantación de hasta 300 hectáreas. Además, ofrecen otro tipo de desgravaciones impositivas. El año pasado esta ley fue prorrogada hasta el 2019. Así, la superficie forestada ha crecido hasta ocupar 1,2 millones de hectáreas y las exportaciones llegan a US$1.200 millones en madera, papel y derivados. En general, en estos emprendimientos se plantan eucaliptus, árboles que llegan a la madurez en 10 años y que rinden tres ciclos biológicos. Por cuestiones climáticas y geográficas, la Argentina tiene una de las mayores tasas de crecimiento para estos árboles. En este contexto se vienen desarrollando distintos fideicomisos para pequeños inversores, con aportes que arrancan en US$10.000. La promesa es una ganancia alta en dólares de entre el 10 y el 17%, solo disponible para quienes estén dispuestos a esperar entre 12 y 20 años. La rentabilidad se distribuye en forma irregular a lo largo de la inversión. En general, en los primeros tres años no hay ganancias, luego empieza a percibirse en forma gradual, y sobre el final del fideicomiso, nuevamente deja de haber ingresos. El grueso de los proyectos se desarrollan en la Mesopotamia, particularmente en Corrientes. Martín Balzamo es uno de los socios fundadores de Emprendimientos del Litoral. En 2004, con otros cuatro amigos, puso en marcha este proyecto, que arrancó con una inversión de US$160.000. Hoy tienen tres fideicomisos con 740 hectáreas en total. «Con la propiedad de la tierra y la plantación como activos, nos lanzamos a armar los fideicomisos junto con Bapro Mandatos y Negocios», cuenta. Cada inversor tiene una participación proporcional de la inversión. El monto mínimo es de US$15.000 y, hasta ahora, cuentan con 50 inversores. Para Balzamo, la ventaja de este proyecto es que «se trata de una inversión de bajo riesgo, predecible». A mediano plazo, tiene una tasa interna de retorno (TIR) prevista del 12,5% anual en dólares. «Lo más difícil es encontrar inversores que elijan al largo plazo», cuenta Balzamo. «Tenemos varios tipos de inversores. Desde el abuelo que quiere asegurarle al nieto la educación universitaria, hasta el profesional de 40 a 60 años que busca diversificarse en una inversión no tradicional». Con su empresa Eucaforest, Ignacio Méndez Cunill está terminando su segundo fideicomiso, integrado por 270 hectáreas. La cuota parte para ingresar es de US$10.000, a abonar en el lapso de 3 años. Cunill da un argumento sensible para los bolsillos locales. «En los últimos 50 años, la madera siempre se ha valorizado por encima de la inflación», dice. Y asegura que al cuarto año se recupera el 70% del capital invertido, con una TIR del 17%. negrita/El desafío, beneficios para la industrialización/negrita Claudia Peirano, directora de la Asociación Forestal Argentina, sostiene que el gran problema que enfrenta el sector es que «no hay beneficios fiscales para la industrialización», una situación muy diferente a la que existe en Brasil y Uruguay, dos países en los que se promueve a las empresas que integran esta cadena de valor. Esto hace que en el país haya más cantidad de bosques cultivados de los que se pueden procesar. Como ejemplo, desde la Asociación indican que en Corrientes hay 420.000 hectáreas plantadas y solo se industrializa el 16%. «Hay un stock forestal de 20 millones de toneladas de madera, y solo se industrializan 10 millones. La capacidad está rezagada en 50%», sostiene José Urtubey, empresario foresto-industrial y vicepresidente de la Asociación. Y resalta que, si bien hoy la base forestal de bosque implantado es de 1,2 millones, «el potencial puede llegar a 5 millones. Pero para esto hacen falta inversiones para agregar valor a esta materia prima». Las previsiones indican que la forestación llegará a 2 millones de hectáreas en 2020. Frente a este hecho, Balzamo señala que la clave para que la inversión rinda es realizar la plantación en una zona cercana a los aserraderos, como las que ellos eligieron en Corrientes. Por su parte, Cunill relata que «la idea es armar a futuro un proyecto industrial, porque hay mucha falta de estas inversiones». En el sector existen 7.600 pymes con 500.000 puestos de trabajo. «Tenemos todas las ventajas como país, el suelo, el clima … pero el tema no está en agenda. Las últimas inversiones importantes se hicieron hace más de 30 años, a partir de una ley de promoción del gobierno de Perón», dice Peirano. Y sostiene que la demanda mundial de madera seguirá creciendo porque es menos contaminante que otros insumos, como el aluminio. «La tendencia que se está dando es explotar los bosques cultivados para preservar los bosques nativos. Es una inversión sostenible», señala. Por Annabella Quiroga aquiroga@clarin.com



