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El cambio climático, en el centro de la agenda

Medio ambiente

En América latina, el debate político pasará por el binomio desarrollo económico/medio ambiente. «Si nos preparamos bien y construimos respuestas oportunas, tendremos la autoridad moral para exigir que el mundo más rico y desarrollado haga también lo suyo», dice el ex presidente de Chile, Ricardo Lagos.

Fuente: Diario Clarín

BUENOS AIRES (30/12/2007).- Tras la conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático la prensa ha sido dura en calificar los resultados, y con razón. Se podría haber avanzado más. Pero, como siempre, las cosas deben ser entendidas en el proceso donde ocurren. Bali no fue un mal final, sino un buen comienzo. El año 2007 pasará a la historia como el año en el cual el ser humano constató cuán profunda era su responsabilidad en la transformación de la atmósfera que rodea la Tierra. Los informes científicos lo han demostrado de manera incuestionable. A mediados de noviembre, en Valencia, más de 600 representantes gubernamentales y científicos de 130 países concluyeron el IV informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), que definió las líneas maestras para actuar frente al calentamiento del planeta. Como se sabe, el IPCC, con más de 2.500 científicos que han respaldado sus trabajos, recibió el Premio Nobel de la Paz, junto al ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore. En las páginas y voces escuchadas en las últimas semanas una urgencia queda clara: la humanidad necesita tomar las medidas ahora, mañana será demasiado tarde. Hoy el medio ambiente ha dejado de ser patrimonio de los «partidos verdes». La percepción de urgencia de este tema ha conmocionado a todos los sectores sociales, sea en países ricos o pobres. Hoy el tema medioambiental está colocado en el centro del debate público, en medio del lugar más importante de la agenda de cada país. Por ello las recientes elecciones en Australia, en buena medida, se jugaron en torno a este tema. Y por ello las elecciones futuras en la mayoría de los países latinoamericanos tendrán como centro del debate el binomio desarrollo económico/medio ambiente. Todos sabemos que el Protocolo de Kyoto, al cual no se sumaron Estados Unidos ni Australia y no incluía responsabilidades para India y China, concluye en el 2012. Mucho antes habrá que tener listo su reemplazo y ése es el desafío del momento. Por eso, es legítima la pregunta: ¿y qué sigue tras la conferencia de Bali? El tema es global y reclama soluciones globales. Se trata de construir un acuerdo multilateral inteligente, pragmático, amplio, con capacidad de incluir todos los esfuerzos en sus diversos aportes y compromisos. Tres conclusiones generales quedan después de Bali: Ya nadie tiene dudas sobre la necesidad de iniciar negociaciones aquí y ahora para llegar a un nuevo protocolo, el cual sea capaz, a partir del 2012, de poner a todos los países de la Tierra en la tarea de enfrentar este desafío. Estas negociaciones se harán dentro del sistema de Naciones Unidas porque la dimensión política del tema así lo exige y la propuesta del nuevo tratado debiera estar lista en el 2009. Se aceptó señalar (aunque sea por la vía de un pie de página) lo planteado por los científicos en el sentido de que, al 2020, las disminuciones de las emisiones deben ser entre un 25 y 40 por ciento respecto de 1990. Ello porque está implícito que al 2050 las emisiones respecto de 1990 deberán disminuir en un 50 por ciento, si queremos salvar el planeta. Los pasos concretos deberán ser dados en los grupos de trabajo convocados para cuatro temas clave: cómo mitigar las emisiones; cómo nos adaptamos al calentamiento cuya presencia ya existe; cómo se transfieren las tecnologías de los países desarrollados a los países en desarrollo en condiciones que éstos puedan absorber; cómo se financia un proceso marcado por la urgencia de grandes recursos tanto para generar nuevas tecnologías como para la reforestación. Está claro que el grueso del esfuerzo corresponde a los países desarrollados, pero como lo dice el documento final de Bali —y es una de sus mayores novedades— los países en desarrollo también deben tomar sus propias medidas. Si lo vemos desde América latina, se abren alternativas de energía variable para nuestras propias políticas. Algunos podrán optar por concentrarse en seguir creciendo con desarrollo y eficiencia energética; otros podrán decir que lo importante para ellos es disminuir el nivel de deforestación (la deforestación es causa del 20% del total de emisiones hoy en día). Un tercero podrá decidir voluntariamente poner techo a sus emisiones, con control externo. Otros optarán por establecer políticas de subsidio o apoyo a la generación de fuentes energéticas alternativas, abiertos también a la medición de su impacto. Y habrá quienes opten por definir un parámetro máximo de emisiones por sectores de actividad económica. Lo anterior nos plantea dos años de intensos trabajos por delante. En ese plazo, un número significativo de países de rápido crecimiento económico, países de ingreso medio como lo son varios en América latina, deberán repensar su futuro y encontrar caminos eficientes. Si nos preparamos bien y construimos respuestas oportunas, tendremos la autoridad moral para exigir que el mundo más rico y desarrollado haga también lo suyo. No nos engañemos. En este campo América latina también tendrá que aprender a construir consensos si espera tener peso en el nuevo reordenamiento internacional. Y éste se transforma cada día en un tema de exigencia política dentro de nuestras sociedades, especialmente de las generaciones jóvenes. Ellos tienen toda la razón, esperan heredar un planeta vivible. Y levantarán la voz para exigirlo. En democracia, cuando los ciudadanos toman conciencia de una determinada urgencia, están en condiciones de indicar a quiénes quieren respaldar para que esas urgencias tengan remedio. Será un tema ineludible en nuestros próximos escenarios políticos. Entonces, veremos cómo democracia y medio ambiente se dan la mano. Por: Ricardo Lagos Fuente: EX PRESIDENTE DE CHILE

Fuente: Diario Clarín

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