| Medio Ambiente |
Un informe de la UNL anticipa que el calentamiento global conducirá a un incremento de las temperaturas atmosféricas de magnitud desconocida. Temperaturas más altas, a su vez, pueden resultar en un aumento de la humedad atmosférica, según se incrementa la capacidad del aire de captar agua, lo que genera precipitaciones más frecuentes.
Fuente: El Litoral
SANTA FE (2/7/2006).- Un estudio de la Universidad Nacional del Litoral, que utiliza parámetros de investigación internacionales, anticipa más lluvias para la región nordeste de Argentina (incluye la provincia de Santa Fe) durante las próximas décadas y pone el foco sobre la vulnerabilidad técnica para hacer frente a inundaciones, con infraestructura diseñada de acuerdo con el comportamiento del clima en el pasado. «El cambio de las precipitaciones en la Argentina puso en crisis gran parte de la infraestructura que había sido diseñada de acuerdo con el clima observado en el pasado. Cada evento extremo, sea donde sea, evidencia esta debilidad con harta frecuencia». La Unidad de Investigaciones Hidroclimáticas de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (Fich) de la UNL investigó el impacto del clima a futuro para tratar de aumentar el conocimiento acerca del fenómeno del cambio climático en nuestra región. El objetivo es brindar a los administradores territoriales, planificadores y tomadores de decisión una idea de la influencia de esta nueva condición sobre el fenómeno de la disponibilidad de los recursos hídricos, según explicó el Dr. Norberto O. García, meteorólogo de la unidad, quien acercó las conclusiones a El Litoral. El clima y el sistema de recursos hídricos del mundo tienen una relación especial, ya que éstos dependen del ciclo hidrológico, el cual es en sí mismo parte del sistema climático. Tanto el clima actual, como el del pasado, están estrechamente vinculados a la existencia en la atmósfera de gases -denominados gases de invernadero- que absorben y retienen la energía calórica proveniente del sol y hacen posible la vida en la tierra. Estos gases, entre los que se cuentan principalmente el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (NO2) no han permanecido naturalmente en proporciones constantes a lo largo de la historia del planeta, lo cual ha generado lo que se denomina la variabilidad y los cambios climáticos. Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), generados por las actividades humanas, han aumentado en proporciones importantes durante los últimos 150 años. Como tienen un efecto acumulativo, los efectos de las del presente se sentirán en el futuro. Por las mismas razones, los cambios en el clima ocasionados por las emisiones pasadas no se revertirán en las próximas décadas, cualquiera sea la futura emisión. A esta problemática se la ha dado en llamar Cambio Climático (CC). En realidad, se trata de un calentamiento global del planeta que supone un importante cambio en todas las variables climáticas y, en consecuencia, en el ciclo hidrológico. Termómetro para arriba La temperatura promedio global del planeta en superficie aumentó 0,6°C en los últimos 100 años. También hay una modificación del ciclo hidrológico, lo que es consistente con el calentamiento global. El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), en su informe del año 2000, ha concluido que la tendencia de calentamiento observada en el siglo XX tiene un importante componente de origen humano. El nivel al que llegarán las concentraciones de los gases de efecto invernadero va a depender de numerosos factores cuya predicción es bastante compleja, tales como el crecimiento económico y demográfico, el desarrollo social y los cambios tecnológicos. ¿Cómo y cuánto será el impacto en el clima y cómo estará distribuido geográficamente? Para contestar estas preguntas, la única metodología válida, aun cuando sea imperfecta, es la de simular el clima con Modelos Climáticos de Circulación General (MCG) y realizar experimentos con distintos escenarios posibles de concentración de gases. Para el año 2060, en que se estima se duplicará la concentración de CO2, los MCGs pronostican un aumento de 2 a 3°C en la temperatura media del globo, con mayor calentamiento en las latitudes altas. En invierno, fundamentalmente en los continentes del hemisferio norte, podría alcanzar en algunas zonas más de 8°C de calentamiento. Más allá del 2060, el calentamiento podría ser incluso mayor, dependiendo de la evolución futura de las emisiones. Más lluvias y riesgos de inundaciones Para el siglo XXI, en escala global, se espera un cambio en el ciclo hidrológico con mayores precipitaciones en algunas regiones. En otras, pasará todo lo contrario; además, ocurrirá una mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos asociados a las precipitaciones intensas, algo que ya se está observando en la provincia de Santa Fe. La precipitación media anual es una información muy general, si bien muy útil para caracterizar la distribución espacial en grandes regiones, como el nordeste de la Argentina, donde está inserta la provincia de Santa Fe, y para realizar una posterior comparación con la precipitación pronosticada por los MCGs para el futuro. La precipitación media anual (período 1971-2000) sobre esta provincia es en promedio mayor a 900 mm y está distribuida desigualmente, de este a oeste. La precipitación media anual de la provincia de Santa Fe tiene un máximo al este, sobre el río Paraná y un mínimo al oeste, en su límite con Santiago del Estero y Córdoba. El análisis estadístico ha mostrado que los valores de precipitación anual en la provincia de Santa Fe han aumentado en el último tercio del siglo XX, en relación con los valores registrados durante los primeros dos tercios del siglo. (Figura 3) Tradicionalmente, los eventos de precipitación severa han causado inundaciones en el área. Sin embargo, en las dos décadas pasadas, han aumentado tanto la frecuencia como la intensidad de la precipitación, produciendo eventos de inundación de muy importantes consecuencias. Se sospecha que, frecuentemente, estos eventos son las primeras manifestaciones de un cambio climático causado por un calentamiento global del planeta debido al aumento de la cantidad de gases de invernadero y cuya primera manifestación es el aumento de cantidad de días con lluvia en cada mes (Figura 4). Aunque no confirmado por todas las predicciones que existen del cambio climático en nuestra región, es probable que el calentamiento global cause un aumento en las precipitaciones en las regiones húmedas. Contrariamente, las áreas desérticas se volverían más secas, un evento que, en términos relativos, resultaría en condiciones menos graves. Perspectivas Como consecuencia, no se debe esperar que en la región santafesina, y ni siquiera en el resto del planeta, durante las próximas dos o tres décadas, se produzca un retorno a las precipitaciones previas a 1970, tanto en calidad como en cantidad. Al contrario, algunas de las causas de las nuevas condiciones de precipitación se intensificarán con el Cambio Climático. Todos los MCGs que reproducen satisfactoriamente el campo de presión del nivel del mar en América del Sur indican que durante el presente siglo continuará la tendencia del centro de alta presión del Atlántico Sur a desplazarse hacia zonas más australes. Este proceso contribuirá probablemente al incremento o, al menos, al mantenimiento de las actuales precipitaciones en el Nordeste de Argentina. El fenómeno de El Niño está modulado por variaciones de un período de dos o tres décadas. Después de una fase en la que El Niño estuvo relacionado con altas precipitaciones sobre parte del Nordeste de Argentina, los cambios que dicho fenómeno registró en los últimos años no parecen haber morigerado ni la media anual ni la frecuencia de precipitaciones extremas en nuestra región. El resto de los procesos remotos que pueden influir en las precipitaciones estaría condicionado por la temperatura de la superficie del mar, incluso en la zona del borde antártico. La inercia térmica de los océanos hace muy improbable que se registren cambios de temperatura tan importantes como para volver a las condiciones previas a 1970 en menos de 20 ó 30 años. Finalmente, el último informe elaborado por el Panel Intergubernamental de Cambio Climático muestra escenarios de incremento en los valores medios anuales de la precipitación en la cuenca del Plata. Si bien las inundaciones no son totalmente evitables, la planificación, las obras de infraestructura adecuadas y la utilización de mecanismos de alerta temprana pueden ser decisivos para la prevención de pérdidas de vidas humanas y la mitigación de daños socioeconómicos. Por ello, una gestión adecuada y sustentable del espacio puede y debe incluir medidas para reducir el impacto de las inundaciones. Las medidas para reducir la vulnerabilidad a las inundaciones incluyen alternativas tanto estructurales como no estructurales. Las medidas no estructurales comprenden la zonificación urbana, de forma de restringir la ocupación de áreas con riesgo hídrico, planes de evacuación, sistemas de alerta, etcétera. Las medidas estructurales incluyen el fortalecimiento de obras de defensa, acondicionamiento y/o construcción de terraplenes, limpieza de cauces, estaciones de bombeo, acondicionamiento de alcantarillas, etc. En cualquier caso, se requieren técnicas adecuadas para el diseño de la infraestructura o el manejo hídrico que se adecuen al clima presente y futuro. El cambio de las precipitaciones en la Argentina puso en crisis gran parte de la infraestructura, que había sido diseñada de acuerdo con el clima observado en el pasado. Cada evento extremo, sea donde sea, evidencia esta debilidad con harta frecuencia. Lo cierto es que se está en presencia de un nuevo tipo de vulnerabilidad ante las inundaciones, que es la vulnerabilidad técnica. Si se quiere manejar las inundaciones de forma de prevenir la pérdida de vidas humanas y reducir el daño a la propiedad, a la producción y al medio ambiente, es preciso revisar, adecuar y ampliar tanto los mecanismos de gestión como la actual infraestructura.




