Investigadores de la FAUBA, la UNRN y el CONICET detectaron hasta un 60% más de abejas nativas en fincas próximas a incendios. La diversidad floral y el manejo productivo resultan claves para preservar la polinización.
Fuente: SLT – FAUBA

BUENOS AIRES (21/4/2026).- Los incendios forestales en la Patagonia generan impactos severos sobre los ecosistemas, arrasando bosques nativos y afectando a numerosas especies. Sin embargo, un reciente estudio científico aporta una mirada clave para la producción regional: los insectos polinizadores no desaparecen tras el fuego, sino que encuentran refugio en sistemas productivos cercanos.
La investigación, desarrollada por equipos de la FAUBA, la UNRN y el CONICET, se llevó adelante en chacras de frambuesa de la Comarca Andina del Paralelo 42. Allí se evaluó la abundancia y diversidad de polinizadores tras un incendio ocurrido en 2021 en la zona de Lago Puelo, que afectó cerca de 11.000 hectáreas de bosque nativo.
Los resultados fueron contundentes: las chacras ubicadas a menos de 700 metros de los focos de incendio registraron un 60% más de abejas nativas y escarabajos polinizadores en comparación con aquellas situadas a mayor distancia.
“En las áreas cercanas al fuego, los insectos se concentraron en las chacras luego de perder su hábitat natural. En cambio, en zonas alejadas, se distribuyen entre el bosque y los cultivos”, explicó María Noel Szudruk, investigadora egresada de la Escuela para Graduados de la FAUBA.
El estudio también arrojó un dato clave para los productores: a pesar de los cambios en la distribución de los insectos, los rendimientos de frambuesa se mantuvieron estables entre chacras cercanas y lejanas al incendio.
Según Szudruk, esto se explica por el rol de las abejas nativas, que no generan efectos negativos sobre el cultivo, a diferencia de la abeja melífera (Apis mellifera), que en altas densidades puede afectar las flores.

En la región del Bosque Andino Patagónico, la producción de frutas finas depende en gran medida de los servicios ecosistémicos, especialmente de la polinización. Por ello, la permanencia de estos insectos resulta estratégica para sostener la productividad.
Uno de los factores determinantes identificados por el estudio es la diversidad de cultivos presentes en las chacras. Además de frambuesa, muchos establecimientos combinan mora, corinto, otros frutales y cultivos hortícolas, lo que incrementa la oferta floral disponible.
A esto se suma el manejo productivo: el riego permitió que las plantas florezcan con normalidad tras el incendio y favoreció el desarrollo de vegetación espontánea, que actúa como alimento tanto para polinizadores como para insectos benéficos que controlan plagas.
“Es recomendable mantener sectores con vegetación, como bordes o entre hileras, mediante un control intermedio. Esto contribuye a sostener la biodiversidad sin afectar la producción”, señaló la investigadora.

Un enfoque integral: bosques y producción
El estudio también resalta el rol fundamental del bosque nativo en el equilibrio ecológico. En estos ambientes, muchas especies de abejas nativas nidifican y completan su ciclo de vida, además de albergar insectos que regulan plagas.
“Los bosques proveen servicios ecosistémicos esenciales para los sistemas productivos. Su conservación es clave para sostener la biodiversidad y la producción”, afirmó Szudruk.
En este contexto, los investigadores destacan la necesidad de avanzar hacia una planificación territorial integral que articule la restauración de bosques, la prevención de incendios y el manejo sustentable de las chacras.
El estudio aporta evidencia concreta de que los sistemas productivos diversificados no solo generan alimentos, sino que también pueden funcionar como refugios clave para la biodiversidad en escenarios de crisis ambiental.


