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La emergencia forestal en Argentina

21 de Marzo, Día Forestal Mundial

21 DE MARZO 2006.- La Deforestación y Degradación de las masas forestales constituye una de las mayores amenazas para el equilibrio ecológico de todo el planeta, y Argentina atraviesa una situación de “emergencia forestal”, según los resultados del último Inventario Nacional de Bosques Nativos del cual surge que al año 2002 la cobertura boscosa es de una superficie 33,2 millones de hectáreas, lo que refleja que la pérdida en Argentina de la masa forestal se fue constituyendo en un proceso alarmante a lo largo del pasado siglo. De una superficie estimada en 106 millones de hectáreas en las primeras décadas de 1900, descendió a los niveles actuales de cobertura. Esta disminución afecta, aunque en grado distinto, a todas las regiones fitogeográficas con ecosistemas forestales. El deterioro y riesgo ambiental expresado en términos de pérdida de biodiversidad, erosión de suelos, pérdida de recursos genéticos, e impactos negativos sobre el ciclo hidrológico, reflejan entre otros síntomas, la pauperización progresiva de los asentamientos humanos ligados a los Bosques Nativos. Esto se ve expresado en el cierre de industrias, destrucción de puestos de trabajo y el consiguiente proceso migratorio a los centros urbanos. De hecho, las poblaciones que permanecieron ligadas a los Bosques Nativos detentan los niveles de NBI (necesidades básicas insatisfechas) más elevados. El proceso de pérdida de cobertura forestal no fue un atributo exclusivo de Argentina y otros países en desarrollo. Pero en nuestro país la pérdida de cobertura forestal no es inocua para las posibilidades de desarrollo. Según criterios técnicos internacionalmente aceptados, cuando la proporción de la superficie boscosa, en relación con su superficie territorial, desciende al 25 por ciento, deben esperarse hechos negativos, y por debajo del 20 por ciento se pueden llegar a producir lesiones graves al medio ecológico. En la actualidad, en Argentina, las masas forestales nativas cubren solamente el 12,3 por ciento de la superficie continental. En lo que va del siglo, como hemos visto, se ha perdido el 66 por ciento del patrimonio forestal nativo presente en 1914. La cubierta forestal se considera reducida cuando no basta el bosque para garantizar la sostenibilidad de componentes y procesos fundamentales, imprescindibles para la supervivencia y el desarrollo. La cubierta forestal reducida adquiere mayor gravedad en la medida que se trate de países semiáridos y áridos y, bueno es señalarlo, la República Argentina tiene un 17 por ciento de su territorio continental bajo condiciones de semiaridez y un 59 por ciento bajo condiciones de aridez, lo cual agudiza el problema. La Argentina posee una enorme diversidad de formaciones forestales, que van desde las húmedas selvas tropicales del norte hasta los gélidos lengales del Sur, pasando por las extensas sabanas del Chaco, el espinal, los arbustales del monte y los templados y húmedos bosques del norte de la Patagonia; hasta la selvapanaense en el norte de Misiones. Pocos países poseen semejante diversidad. Según los expertos en materia de política ambiental, los países que poseen más del 20% de su territorio a la sombra de algún tipo de bosque corren con una ventaja estratégica frente a aquellos que tienen menos del 20%. Este nivel se ha establecido como el «nivel estratégico». Es así como el descalabro forestal de la Argentina puso al país por debajo de dicho umbral, en plena vigencia de la mentada ley de defensa forestal (Ley Nº13.273). La riqueza que los bosques proveen a los países no se reducen al aporte de maderas. Por el contrario, los bosques en pie son los primeros encargados de regular el ciclo del agua, de mantener la fertilidad de los suelos, reteniendo y reciclando sus nutrientes, así como también de proveer otro tipo de servicios más o menos tangibles, pero igualmente importantes, como la captura de dióxido de carbono, la emisión de oxígeno y las oportunidades de contemplación de paisajes agrestes que la actividad turística se encarga especialmente de traducir en frescas divisas.

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