| La guerra de las plantas de celulosa |
El diario uruguayo El País, sostiene en su editorial del sábado que el mayor foco de polución se halla de este lado del río. Asegura además, que Botnia y Ence utilizarán las mejores tecnologías disponibles. Nuevamente un corte de ruta para impedir el tránsito en la ruta 136 que comunica al Uruguay y la Argentina, a la altura de Gualeguaychú, que atenta contra los derechos de la libre circulación de las personas.
Fuente: Diario La República de Corrientes
CORRIENTES Y ENTRE RIOS (26/12/2005).- Y otra vez, encendidas denuncias del gobernador entrerriano, indignado al haberse conocido el informe preliminar sobre impacto acumulado de las plantas de celulosa, presentado por el Banco Mundial. Su iracundia proviene de que, el estudio es básicamente favorable al sostener que los emprendimientos no ocasionarán un impacto ambiental significativo. En el mismo se hace notar que las fábricas a instalarse cumplen con los requisitos técnicos, al tiempo de afirmar que no empeorarán mayormente la calidad del agua o del aire. Es por demás sabido, que cualquier proceso industrial, cualquier iniciativa humana, sea chica o grande, no puede ser absolutamente inocua. Desde el humo que ennegrecía las grutas donde se cobijaban los cavernícolas o la más elemental siembra para obtener alimentos hasta el mundo de hoy, existe una correlación incontestable entre modernidad, confort humano y transformaciones en la naturaleza. Así que como nadie está dispuesto a renegar de los adelantos científicos y las comodidades a las que han accedido los terrícolas, gracias a los logros que el hombre ha sido capaz de producir, lo que sí se puede hacer y en eso se ha trabajado, sobre todo en los países desarrollados, es en encontrar formas de producir, con disminución de los efectos dañinos. Es el caso de las plantas de celulosa española y finlandesa que decidieron venir a trabajar en nuestro país, para indignación de los vecinos que se perdieron la oportunidad, las cuales habrán de funcionar con los sistemas más modernos, de acuerdo a los exigentes parámetros de la actual legislación de la Unión Europea. Por esa razón, el análisis de la consultora enviada por el Banco Mundial ha dado ya un primer visto bueno a las proyectadas inversiones, si bien todavía dejan un período de 60 días para consultas con los gobiernos de ambos países, las empresas, las ONG y las comunidades directamente involucradas. Sin embargo en estos momentos, no sólo Busti y sus coterráneos más radicalizados persisten en no aceptar que el Uruguay pueda contar con esta millonaria inversión, sino que el agravante, según informó nuestro diario el jueves, es que desde ambas Cancillerías, la argentina y la nuestra, han surgido informaciones preocupantes. Apuntan a continuar la estrategia que viene del otro lado del río, de interferir en nuestros asuntos a fin de trabar los emprendimientos mencionados. Como todo indica que el argumento medioambientalista no los va a llevar muy lejos, ahora pretenden interponer razones de tipo administrativo y esgrimen que Uruguay no cumplió con todos los pasos que demanda la normativa de la Caru (Comisión Administradora del Río Uruguay). Se trata de una postura abiertamente inamistosa, que no condice ni con las manidas declaraciones de hermandad ni con las resonantes declaraciones de afinidad resaltadas por el presidente Kirchner respecto del actual gobierno y el presidente Vázquez. Fue justamente en esos momentos, cuando empezaron a inmiscuirse en el quehacer uruguayo, al tomar una postura activa en favor de uno de los candidatos y que fuera indebidamente bienvenida por ese grupo político, sin pensar en aquello de que “no hay almuerzo gratis”. Y más chocante es esta situación, por las gárgaras de voluntarismo y conceptos grandilocuentes que se oyen cada vez con más agudeza, respecto del enriquecimiento que supondrá para el perforado Mercosur, la creación de un engendro de orden geopolítico: el promocionado Parlamento mercosuriano. A lo que se suma el dislate de estas supuestas inquietudes por la preservación del ecosistema, cuando es un hecho irrebatible, que el principal agente de contaminación de los ríos que tenemos en común, es el país vecino. El reciente informe del proyecto técnico binacional Freplata, del que diéramos noticia el domingo pasado, demuestra que el área costera aledaña a Buenos Aires y al Gran La Plata, contiene los más altos índices de polución. Debido a las importantes cantidades de efluentes cloacales e industriales, que producen altas concentraciones de metales y bacterias coliformes. El mismo estudio refleja por otra parte, que el río Paraná se encuentra sumamente contaminado y acarrea hacia el Río de la Plata importantes cargas de metales pesados e hidrocarburos. Lo cual no es de extrañar, si como se destacara en anterior editorial, sobre las costas del Paraná funcionan varias papeleras, que son fuente de gran polución por funcionar en base a mecanismos obsoletos, sin que se perciba tanta alharaca para impedir que continúen arruinando la corriente fluvial. Y podrían citarse otros ejemplos de estropicios, como ha ocurrido con las Termas de Río Hondo, pero sería muy largo. Lo que cabe esperar de aquí en más, es que nuestra Cancillería actúe con firmeza y que los de la vecina orilla reaccionen de una vez por todas, con un cambio de actitud que refleje un mayor respeto a nuestra soberanía.


