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Con inversiones de hasta 3.750 millones de dólares de la papelera sueco-finlandesa Stora Enso, para forestar e instalar tres plantas (una el miércoles en Bahia, nordeste brasileño) en Brasil y Uruguay, la capacidad de producción de celulosa de ambos países se elevará a 9,5 millones de toneladas anuales, según la información proporcionada por la papelera.
Fuente: Punto de Noticias (Uruguay)
MONTEVIDEO, Set 27 (AFP) – El Mercosur se perfila como un polo mundial de producción de celulosa, con inversiones de hasta 3.750 millones de dólares de la papelera sueco-finlandesa Stora Enso, para forestar e instalar tres plantas (una el miércoles en Bahia, nordeste brasileño) en Brasil y Uruguay. La capacidad de producción de celulosa de ambos países se elevará a 9,5 millones de toneladas anuales, según la información proporcionada por la papelera, a lo que debe sumarse el potencial de 60 fábricas en Argentina, que en total no completan un millón de toneladas anuales. Nils Grafstrom, presidente de Stora Enso Latin America, dijo a la AFP que la empresa invertirá 250 millones de dólares en Uruguay para la forestación de 100.000 hectáreas en siete años «como plataforma forestal para una planta de celulosa» con capacidad de producción de un millón de toneladas anuales. La decisión de instalar la nueva planta, que demandará una inversión de 1.000 millones de dólares, se adoptará «en tres o cuatro años», precisó, y mientras, durante 2005, Stora Enso desembolsará 100 millones de dólares en Uruguay para forestar 50.000 hectáreas en lo que resta del año. El plan en Rio Grande do Sul (sur de Brasil) es similar al de Uruguay: inversión de 100 millones de dólares en 2005 para forestar 50.000 hectáreas, y de 150 millones de dólares más en 7 años para completar 100.000 hectáreas plantadas con pinos y eucaliptos, con la posible instalación de una nueva procesadora para producir un millón de toneladas anuales de celulosa. Grafstrom recordó que la planta de Veracel (Veracruz Celulosa S.A), de Stora Enso, que se inaugura este miércoles en Eunápolis, al sur del estado de Bahia, en Brasil, sumará 900.000 toneladas anuales a la actual capacidad de producción de celulosa de Brasil, de más de cinco millones de toneladas al año. Brasil, con 220 plantas de celulosa y papel, encabeza la lista de países con mayor número de estas fábricas en la región, seguido por Argentina, con unas 60 plantas y Chile, con 11, cuyos beneficios representan entre el 1,4% (en el caso brasileño) y hasta 4% del Producto Interno Bruto (PIB, en el caso chileno). Las inversiones ya decididas por la papelera suman 1.750 millones de dólares (1.250 millones en Veracel, 250 millones en Rio Grande do Sul y 250 millones en Uruguay), y se adicionarían 2.000 millones (si decide instalar las plantas uruguaya y riograndense) para llegar a un total de 3.750 millones de dólares. En Uruguay comenzó la construcción de dos plantas de celulosa, una de Botnia (finlandesa) y otra de Ence (española) cerca de Fray Bentos (noroeste), con inversiones de 1.800 millones de dólares y capacidad de producción anual de 1,5 millones de toneladas de celulosa, en medio de protestas ecologistas y conflictos diplomáticos. Ese nivel de producción transformará a Fray Bentos, pequeña ciudad de 20.000 habitantes, en un importante polo de producción de celulosa en la región, «pero también tendrá la contaminación peor de América Latina», según Natasha Masner, del grupo ambientalista Guayubirá. El proyecto de Botnia y Ence provocó además fricciones diplomáticas entre Buenos Aires y Montevideo por la oposición argentina a la instalación de las plantas de celulosa por la eventual contaminación del limítrofe río Uruguay. El gobierno celebró la decisión de Stora Enso («a las inversiones no hay que buscarles cinco patas», dijo el vicepresidente Rodolfo Nin), pero el director forestal del Ministerio de Ganadería y Agricultura, Andrés Berterreche advirtió que «este no es el tipo de inversión forestal a que apuntamos». El funcionario uruguayo declaró al diario El Observador que el ministerio prefiere la producción de «madera de valor agregado» y la producción de piezas y muebles, y que el «modelo pulpero» (para celulosa) debería ser un subproducto de la cadena productiva.




