Para el INTA, se terminó la sequía en Misiones

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José Olinuck, responsable de la Estación Agrometeorológica del INTA Cerro Azul, anticipó que “desde septiembre, las lluvias van a ser superiores a los registros pasados y eso es muy bueno para el agro”.

Fuente: Nuestro Campo(LT4)/NEA Rural. Por Carlos Vedoya Recio

Posadas(23/9/2004).- Lo advirtió el INTA al NEA RURAL: “Misiones se está secando: en los primeros ocho meses (del año) llovió 740 milímetros menos sobre un promedio de 1250 milímetros de agua”. Ahora, -acaso el más prestigioso instituto tecnológico agropecuario del país-, celebra lo contrario: “La sequía llegó a su fin”. Y uno puede suponer que es fácil decirlo: en el NEA la primavera se inició con tormentas y el Servicio Meteorológico Nacional pronostica más lluvias hasta el lunes próximo. Sin embargo, en tiempos de globalización del calor, -del calentamiento global-, con esas mismas técnicas que permiten prever la posibilidad del paragua, también se puede advertir una terrible paradoja. Y lo que es peor: que la sequía más extrema de la historia llegará después del 2030 para el NEA. José Olinuck, responsable de la Estación Agrometeorológica del INTA Cerro Azul, anticipó HOY a NUESTRO CAMPO (NC), por LT4, que “desde septiembre, las lluvias van a ser superiores a los registros pasados y eso es muy bueno para el agro”. Sin embargo, lo que el NEA RURAL no puede perder de vista son por lo menos dos cosas: 1. Olinuck aseguró que pese a la seca que se acaba, se acaba el período de mayores registros pluviales contabilizados por el INTA desde 1978 a esta parte. 2. Y advirtió, en cambio, que la huella del 2004 seguirá imponiendo su récord: por ahora, es el año más caliente de los últimos 100 años. NC: ¿Recuerda usted cuáles fueron los años más calientes registrados? En el mundo, en los últimos 7 años se registraron las temperaturas más altas en la historia moderna, según el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU, que sostiene que 1998 fue el año agropecuario más fatal para el agro internacional. OLINUCK: “Hasta ahora, 1978 fue el año más seco, cuando las precipitaciones de lluvia no superaron los 1200 milímetros. Sin embargo, hasta AHORA en 2004, se registraron apenas 600 milímetros de lluvia, la mitad del peor índice misionero detectado por el INTA”. Paradojas del calentamiento global: los 24 de los últimos 100 años que más agua regaron fertilidad sobre el campo del NEA, -a razón de 200 milímetros de lluvia de más por año-, empezaron y terminaron con sequía y temperaturas altas. En los últimos 30 años, la temperatura media aumentó apenas medio grado en Misiones, -una variación climática tan peligrosa que por década es suficiente para que los glaciares antárticos se derritan más rápido y aceleraran tres veces su marcha al mar. “Estamos midiendo el calentamiento global con una red de estaciones de toda la provincia. Y cuando uno analiza el período de los últimos 30 años uno puede notar como las temperaturas acusaron un cambio”, dijo Olinuck. En los últimos 150 años, la temperatura media mundial aumento 1 grado y medio; en el oeste Antártico, aumentó 5 grados en invierno en los últimos 50 años; a razón de un promedio de 2,5 grados anual. “De acuerdo a nuestros registros, -en los últimos 35 años-, podemos hablar de medio grado de aumento en las temperaturas medias. Y uno puede verlo este año: se registraron temperaturas medias que no se registraron en otra época”, precisó el cuentagotas del INTA. NC: ¿Cuáles son las consecuencias del sector productivo en los próximos años, pensando en los tiempos del campo, a largo plazo? OLINUCK: Hay lugares del planeta que van a sufrir consecuencias mayores que las nuestras porque dependen del agua que les suministra el deshielo. Mendoza, por ejemplo, registró menos nevadas. Y otras provincias costeras se van a ver afectadas en sus lugares bajos. En los países con menor desarrollo, es peligroso porque no tenemos medios para luchar contra esta adversidad. Lo que va a pasar acá es que vamos a tener períodos con lluvias más intensas y cortas pero, también, con sequías más intensas. El hombre del INTA entiende que los rendimientos en el tabaco, el té y los cultivos anuales también puede verse resentidas. Además, las pasturas condicionarán los ciclos ganaderos; y sólo los yerbateros seguirán celebrando la aridez del suelo. Como lo anticipara el NEA RURAL, en el sector yerbatero la “abundancia” de la sequía es maná del cielo: según el último relevamiento yerbatero desarrollado por el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM), publicado el 31 de julio, la diferencia entre la producción cosechada el año pasado y entregada en planta del secadero y lo que los molinos consiguieron vender en la temporada pasada, es prácticamente la misma que la merma que generó la peor sequía registrada en Misiones por el INTA: 136 mil toneladas. NC: ¿Cuántos años más se puede extender este pronóstico que, -pese a iniciarse con las lluvias de septiembre-, traerá más sequías intensas? OLINUCK: Lo que se prevé, de acuerdo a los centros de climatología internacionales, son 25 años a partir de ahora, donde las lluvias se acercarían a los valores históricos normales. Tenemos que tener en cuenta que los últimos 25 años fueron los más lluviosos en todo el NEA, que aumentaron 200 milímetros anuales. Después, sí: después llegaría otro período de seca superior al actual. NC: ¿Menos agua, todavía? OLINUCK: si, claro. Desde el 2030, se prevén otras décadas de extrema sequía. NC: En los últimos 13 años se han perdido, en total, 50 millones de hectáreas de bosques y tierra cultivable en los 33 países de América Latina y el Caribe ¿Cuál es el rol del bosques nativos e implantados en el calentamiento global? ¿O el rol del NEA forestal? OLINUCK: los bosques cumplen un rol muy importante porque regulan la temperatura y la humedad del ambiente: absorben dióxido de carbono (CO2), emiten oxígeno y purifican el aire y, a su vez, permiten, cuando tenemos lluvias abundantes, que esa cantidad de agua no se escurra rápidamente sino que pueda penetrar en el suelo. Mantiene mejor, las vertientes, los arroyos y los suelos se encuentran protegidos. Entonces, es muy importante que la gente tenga conciencia de ese tema. Uno de los principales factores que influyen en el calentamiento global es, precisamente, la desaparición de los bosques. NC: ¿El desmonte del Amazonas brasileño puede traer problemas al NEA? OLINUCK: Sí. Puede afectar en nuestra zona mediante inundaciones de nuestro río Paraná, ya que el volumen de agua que llega al río es mayor al que tenía que haber llegado si tuvieran muchas más coberturas en el suelo. El Amazonas de Brasil como “pulmón” del mundo ya es sólo un mito. Lo dicen los científicos brasileños, para quienes este antiguo “respiradero” planetario es hoy una de las grandes fuentes de emisión de dióxido de carbono. La creciente proporción de este gas en la atmósfera es la causa del calentamiento global. Si para los gobiernos brasileños el Amazonas fue una fuente de suspicacias estratégicas, ahora se le aparece como un problema político y económico. Por de pronto, coloca al país entre las 10 naciones más contaminantes del mundo. NC: ¿Lo que ocurrió en Santa Fé, pudo haber sido consecuencia del desmonte amazónico? OLINUCK: Si, claro, además de generar más calentamiento global que en Capital Federal, por ejemplo, se nota en la tropicalización de su clima. Los porteños tienen tormentas y chaparrones que antes no tenían y eso mismo pudo haber pasado en Santa Fé. Según un artículo publicado por el diario carioca O Globo, en el que se anticipan los resultados de una profunda y minuciosa investigación científica de brasileños, en cooperación con profesionales norteamericanos y europeos, los incendios en el Amazonas brasileño aportan anualmente 200 millones de toneladas de carbono a la atmósfera. Este volumen debe sumarse a los otros 500 millones de toneladas que aporta el país a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles. La devastación tiene más números que el NEA deberá soportar: según los registros satelitales, en el período 2001/2002 fueron quemados 23.260 kilómetros cuadrados de selva; prácticamente un provincia de Misiones entera. En el ejercicio siguiente: 2002/2003, los incendios arrasaron 23.750 kilómetros cuadrados de floresta amazónica, o sea, 2,2 por ciento más. De acuerdo con los investigadores, a este paso, el clima de la región tropical americana se volverá mucho más seco. Habrá que empezar a contar los pinos en la vereda. O simplemente: cortar menos de lo que se planta. Porque, cuando no hay, no hay. O perderemos el rumbo. En 2003 se plantaron apenas 13.474 hectáreas, casi un 30 por ciento menos de superficie que en 2002 y un 85 por ciento menos que en 2001, el mejor año registrado en la industria forestal. Y lo que es peor: en 2003 se consumieron 30 mil hectáreas, pero se plantaron menos de la mitad. Más información en http://www.nearural.com.ar/

Fuente: Nuestro Campo(LT4)/NEA Rural. Por Carlos Vedoya Recio

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