En una columna especial por el Día del Ingeniero Forestal Argentino, Jaime G. Ledesma (*) reflexiona tras más de seis décadas de ejercicio profesional y 68 años de institucionalidad académica forestal universitaria en la Argentina. La ingeniería forestal tiene un compromiso con la gestión de los bosques y plantaciones, la ciencia y el desarrollo regional.
Los bosques son la salvaguarda de la humanidad. Y, como expresa una reflexión inspirada en Séneca: “Siempre hay buenos vientos para aquel que sabe hacia dónde va”.
Cada 16 de agosto, los Ingenieros e Ingenieras Forestales argentinos celebramos nuestra profesión y conmemoramos una fecha que forma parte de la historia de las Ciencias Forestales de nuestro país.
El 16 de agosto de 1963, Aníbal Dalmacio Costa y Héctor Rodolfo Reuter se convirtieron en los primeros Ingenieros Forestales graduados de una universidad argentina, en la entonces Facultad de Ingeniería Forestal de Santiago del Estero, por entonces dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba. Ese mismo año, el 10 de septiembre, Olga Marsiglia obtenía su título y se convertía en la primera mujer Ingeniera Forestal de Argentina y Latinoamérica.
Son ya más de seis décadas de ejercicio profesional y 68 años de institucionalidad académica forestal universitaria en la Argentina. Una historia que tiene una de sus bases fundacionales en Santiago del Estero, con la creación en 1958 de la primera Facultad de Ingeniería Forestal del país, y que posteriormente se expandió hacia distintas regiones forestales.
Entre ellas se encuentra nuestra querida Facultad de Ciencias Forestales de la UNaM, en Eldorado, cuya historia comenzó en 1974 con la creación de la Escuela de Ingeniería Forestal, que inició sus actividades académicas en 1975 y que en diciembre de 1980 se constituyó formalmente como Facultad de Ciencias Forestales. Desde entonces, ha formado generaciones de profesionales comprometidos con los bosques, la ciencia y el desarrollo regional.
Esta trayectoria no es solamente motivo de celebración. También es una responsabilidad.

La ciencia forestal
“Gracias a la ciencia forestal tenemos historia y cultura”, dijo el Dr. Ing. Ftal. Víctor Resco de Dios en la Conferencia – Webinar: “Innovar para Resistir: Ciencia Forestal para la Adaptación de los Bosques a la Crisis Ambiental Global” – InFoPro/CoIForM/FAIF/CPIA – (3/04/2024).
La Ciencia Forestal, con más de dos siglos de desarrollo moderno, nació vinculada a una preocupación que hoy adquiere una vigencia extraordinaria: cómo utilizar los recursos forestales sin comprometer su continuidad y su capacidad de brindar bienes y servicios a las generaciones futuras.
La CIENCIA FORESTAL, conceptualmente, es el estudio científico de los árboles y los bosques en cuanto a sus características distintivas, formación, manejo, reproducción y aprovechamiento de sus productos; teniendo su origen en la Europa Sajona, hace más de dos siglos buscando la sostenibilidad de los bosques como recurso energético (la devastación que sufrían los bosques, por ese tiempo, provocó la aparición de la enseñanza de la silvicultura), a finales del siglo XVIII y principios del XIX, cuando se consolidó en su acepción moderna.
El principio de la SOSTENIBILDAD nace con la CIENCIA FORESTAL
La Dasonomía nos enseñó —y nos sigue enseñando— que producir, conservar y utilizar los bosques no son necesariamente objetivos contrapuestos cuando existen conocimiento científico, planificación, ordenación, silvicultura y una visión integral del territorio.
Esto último hace que la Ciencia Forestal se desenvuelva dentro de una visión de intereses y objetivos mucha más amplia, compleja e integral del funcionamiento del bosque, con una clara conciencia del futuro sobre el rol que los mismos tienen en las distintas regiones del planeta, del continente y, en particular, de nuestro País y en sus diferentes ecosistemas forestales.
La DASONOMIA es sinónimo de CIENCIA FORESTAL, es un neologismo creado del griego: “dasos” bosque, “nomos” ley y el sufijo “ía” cualidad, lo que significa literalmente “leyes que rigen la cualidad el bosque”.
Conceptualmente: es el conjunto de disciplinas que estudian los bosques respecto de su formación, manejo, reproducción y aprovechamiento, buscando la máxima renta del capital forestal en calidad y cantidad, pero garantizando su perpetuidad. Se aplican a los complejos suelo – vuelo forestal: nativos o implantados, y a sus ambientes bio-ecológicos para la máxima producción y conservación de bienes y servicios (ecosistémicos) con un sentido universal, integral y de permanencia en el tiempo.

El rol de los profesionales
Hoy, el rol del Ingeniero y de la Ingeniera Forestal trasciende ampliamente la producción de madera. Somos profesionales que actuamos en la interfaz entre la ciencia, el territorio y la sociedad, interviniendo en bosques nativos, plantaciones forestales y arbolado urbano; cuencas hidrográficas; biodiversidad; servicios ecosistémicos; restauración; bioeconomía; industrias forestales y estrategias de adaptación y mitigación frente al cambio climático.
Los desafíos son enormes: fortalecer la conciencia y la cultura forestal; prevenir y gestionar los incendios; conservar la biodiversidad; restaurar ecosistemas; promover la gestión forestal sostenible; desarrollar mecanismos de financiamiento y mercados vinculados a los servicios ecosistémicos y al carbono; impulsar la bioeconomía circular; ordenar las cuencas hidrográficas y avanzar hacia un modelo forestal basado en la coexistencia, la cooperación y la articulación entre productores, industriales, profesionales, universidades, organismos públicos y privados e instituciones de investigación y desarrollo.
Necesitamos una mirada integral del paisaje, donde producción, conservación y preservación puedan convivir bajo criterios de planificación, responsabilidad, conocimiento científico y sostenibilidad.
Porque los bosques no son solamente una fuente de bienes. Son proveedores de servicios esenciales para la vida, el ambiente, el bienestar y progreso de las generaciones presentes y futuras.
Ocupados por nuestro futuro
El Ing. Orlando D’Adamo, en una conferencia pronunciada el 11 de abril de 1949 en el Colegio de Ingeniería de Buenos Aires, expresaba que los forestales son de los pocos hombres —agregaría: y mujeres— que viven ocupados en el futuro más que en el presente y el pasado. (Fuente: H. Martín Gartland, Política y Legislación Forestales).
Esa definición conserva una enorme vigencia.
Quienes abrazamos la profesión forestal estamos preocupados y, al mismo tiempo, profundamente ocupados por el futuro común. En la génesis de nuestra profesión existe una particular manera de mirar el tiempo: pensar, planificar plurianualmente y construir.
Construir un futuro verde, saludable y resiliente con los bosques significa pensar mucho más allá de los ciclos políticos y de las urgencias coyunturales. Significa comprender que los bosques vivos son una garantía para el futuro de nuestros pueblos, como lo afirman los colegas españoles, y que en ellos se encuentran valores ambientales, económicos, sociales y culturales esenciales para el bienestar, progreso y la calidad de vida de la humanidad.
Esa garantía no se logra solamente conservando. Tampoco solamente produciendo.
Se logra mediante conocimiento, planificación, gestión, ordenación, silvicultura, conservación y uso sostenible, de acuerdo con las características y objetivos de cada ecosistema y territorio. Y allí el trabajo profesional de los Ingenieros e Ingenieras Forestales resulta estratégicamente relevante, complementándose con el aporte de nuestros colegas de las industrias forestales y de la madera.
Son tiempos de asumir mayores roles protagónicos y mayores compromisos, muchos de los cuales van más allá de lo estrictamente técnico.

ORDENACIÓN FORESTAL, CONSERVACIÓN, PRESERVACIÓN Y PODUCCIÓN
Los profesionales de la Ingeniería Forestal necesitamos certezas sobre qué rol queremos asignar a los bosques argentinos durante los próximos decenios.
Necesitamos definir qué pretendemos territorialmente y como paisaje para cada una de nuestras regiones forestales, con una visión de largo plazo que contemple la persistencia de los ecosistemas, su resiliencia, su capacidad de adaptación al cambio climático y los múltiples bienes y servicios que proporcionan.
Y necesitamos discutir y consensuar qué modelo de desarrollo forestal sostenible queremos alcanzar en cada ecorregión.
Se trata de un debate técnico, académico y también político, que debe involucrar a gobiernos, propietarios, pueblos originarios, comunidades locales, sociedad civil, universidades, científicos, técnicos, productores, industriales y demás actores vinculados al territorio.
Un debate que va más allá de las normas vigentes, aunque estas deben sostenerse y fortalecerse en su implementación, con instituciones capaces de hacerlas cumplir y con un claro y definido norte político, sustento indispensable para la formulación y ejecución de una política forestal de Estado.
En este marco, la ordenación forestal recupera toda su importancia.
El Ing. de Montes Enrique Mackay Monteverde (1876-1974), referente histórico de la ordenación forestal española, expresó que “ordenar un monte es organizarlo conforme a las leyes económicas, sin infringir las biológicas que la investigación selvícola y la epidometría revelan”.
La idea central continúa siendo extraordinariamente actual: administrar el bosque dentro de sus límites biológicos, ecológicos, dasonómicos, territoriales, económicos y socio-culturales, con planificación y visión de largo plazo.
La ordenación forestal debe orientarse a garantizar la persistencia del ecosistema y de su capacidad productiva, prever los aprovechamientos y optimizar los beneficios que pueden obtenerse del bosque, sin comprometer su continuidad.
Por eso, la ordenación forestal de los bosques nativos debe constituir un desafío permanente de la Ciencia Forestal y de nuestra profesión.
Los bosques son mucho más que producción maderera. Eso nadie debería cuestionarlo. Pero también debemos ser conscientes de que la silvicultura y la gestión forestal sostenible, cuando resultan técnica y ecológicamente apropiadas, son herramientas fundamentales para garantizar la persistencia de los bosques y su utilización responsable en el tiempo.
La sostenibilidad es multidimensional. Incluye dimensiones biológicas, ecológicas, dasonómicas, territoriales, económicas y socio-culturales.
El verdadero desafío consiste en equilibrarlas: conservar biodiversidad y salud ecosistémica; mantener la capacidad de producción; generar beneficios económicos sostenibles; reconocer valores culturales y sociales; garantizar participación; y asegurar múltiples beneficios —madera, agua, suelo, alimentos, energía, cultura, recreación, regulación ambiental y otros servicios ecosistémicos— para las generaciones presentes y futuras.

LA CIENCIA FORESTAL ARGENTINA FRENTE AL DESAFÍO DE LA INNOVACIÓN
Uno de los grandes desafíos de la Ciencia Forestal Argentina es responder una pregunta estratégica: ¿Cómo conservamos y garantizamos técnicamente la persistencia y sostenibilidad de nuestros bosques frente a la crisis global?
El desafío también alcanza a la implementación de la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, que requiere instituciones públicas fortalecidas, capacidades técnicas y los recursos presupuestarios necesarios.
Pero existe una cuestión que debemos abordar con mayor profundidad: cómo gestionar sosteniblemente los distintos tipos de bosques y territorios contemplados por la normativa, particularmente en aquellos donde se permiten modalidades de aprovechamiento sostenible o, según la zonificación y las evaluaciones correspondientes, procesos de transformación.
No existe un único modelo silvicultural para todos los ecosistemas forestales argentinos.
Cada región requiere conocimiento específico.
Necesitamos saber cómo crecen nuestros bosques, cómo se regeneran, cómo responden a las intervenciones particulares, cómo evolucionan sus estructuras, cuáles son sus límites ecológicos, dasonómicos y productivos y cómo interactúan las dimensiones ambientales, económicas y socio-culturales.
Por eso debemos decirlo con claridad:“Sin investigación e innovación silvícola, nacional y jurisdiccional, no hay ordenación forestal técnicamente sólida que pueda garantizar la persistencia y sostenibilidad de nuestros bosques.” (H. Martín Gartland).
“La silvicultura debe ser un derecho esencial del hombre pues, además de cumplir una función primordial proveedora, incorpora un principio fundamental: el de conservación y mejora de los recursos naturales sobre los que se sustenta.” (…) “La silvicultura sostenible crea empleos sostenibles.”
Aquí se encuentra uno de los grandes desafíos y, al mismo tiempo, una de las grandes oportunidades de la Ciencia Forestal.
La investigación académico-científica, la innovación y el desarrollo, la transferencia tecnológica y el extensionismo deben ocupar un lugar central en la agenda forestal argentina.
El siglo XXI demandará cada vez más productos forestales madereros y no madereros, biomateriales, bioenergía y servicios ecosistémicos.
La Ciencia Forestal, con una trayectoria de más de dos siglos, tiene conocimientos y capacidades para estar a la altura de esas circunstancias. Pero deberá profundizar su capacidad de innovar, anticiparse y ofrecer respuestas a problemas cada vez más complejos.

BOSQUES Y BIOECONOMÍA: UNA OPORTUNIDAD ESTRATÉGICA
También debemos trabajar fuertemente, desde la política forestal, para comunicar una idea que considero fundamental:“La aspiración a una bioeconomía global baja en emisiones puede ser plenamente compatible con una estrategia positiva de conservación de los bosques cuando se sustenta en su gestión sostenible, en salvaguardas ambientales, conocimiento científico, planificación y control.”
No se trata de contraponer producción y conservación. Se trata de comprender que una bioeconomía forestal responsable necesita bosques gestionados de manera sostenible. Los forestales sabemos lo que implica gestionar nuestros bosques.
La bioeconomía circular puede convertirse en una herramienta transformadora de nuestro sistema económico, generando valor agregado, empleo, innovación y desarrollo territorial sostenible.
Pero para ello necesitamos un modelo económico que valore adecuadamente los bosques nativos, implantados y urbanos, incentive la inversión sostenible en paisajes, fortalezca las cadenas de valor y promueva el crecimiento y el desarrollo regional.
La industrialización forestal integrada debe formar parte de esta estrategia.
No podemos limitarnos a producir materia prima. Necesitamos generar mayor valor agregado, innovación, empleo de calidad y desarrollo tecnológico, integrando producción forestal, industria, investigación y desarrollo territorial.
HACIA UN PACTO SOSTENIBLE CON LOS BOSQUES 2050
Ante este escenario, considero estratégicamente necesario y oportuno propiciar un:PACTO SOSTENIBLE CON LOS BOSQUES 2050.No como una consigna más, sino como una visión estratégica de largo plazo para la política forestal argentina.
Un pacto que permita construir certezas sobre el rol de los bosques en nuestro desarrollo y que articule preservación, conservación, producción, ciencia, industria, territorio, bienestar y progreso social.
Un pacto para alcanzar bosques resilientes, económicamente viables, ecológicamente diversos, ambientalmente sostenibles, socialmente inclusivos y culturalmente respetuosos, poniendo especialmente en valor a los pueblos originarios y a las comunidades vinculadas a los territorios forestales.
Un pacto que tenga entre sus pilares: a) la persistencia y sostenibilidad de los bosques; b) la gestión forestal sostenible; c) la conservación de la biodiversidad; d) la adaptación y mitigación frente al cambio climático; e) la ordenación forestal; f) la investigación y la innovación; g) la bioeconomía circular; h) la industrialización forestal integrada; i) la generación de empleo y valor agregado; y j) el desarrollo territorial sostenible.Y que sea, fundamentalmente, un compromiso intergeneracional.
Una hoja de ruta que trascienda gobiernos y coyunturas, construida mediante participación, conocimiento científico, diálogo y consensos entre los actores públicos, privados, académicos, productivos, sociales, étnicos y territoriales.
GOBERNANZA, DIÁLOGO Y FORTALECIMIENTO INSTITUCIONAL
Para avanzar necesitamos fortalecer el diálogo permanente, abierto, plural, respetuoso y tolerante, entre colegas y con los distintos actores políticos, institucionales, académico-científicos, técnico-productivos, empresariales y sindicales del sector.
Necesitamos generar espacios de debate participativos, amplios, plurales y democráticos. Necesitamos fortalecer nuestro espíritu de cuerpo profesional.
Necesitamos propiciar los consensos necesarios para unificar, fortalecer y jerarquizar la política y la institucionalidad forestal nacional.
Y necesitamos, particularmente en nuestras regiones, construir una verdadera Alianza Forestal Público-Privada para un desarrollo foresto-industrial sostenible, basada en la cooperación, la complementariedad y la confianza entre los actores sectoriales.
La gobernanza forestal debe permitir precisamente eso: que las decisiones sobre los bosques sean construidas y ejecutadas con participación, transparencia, conocimiento y responsabilidad.
Es un gran reto.Pero también es una oportunidad histórica.
REVALORIZAR LA PROFESIÓN ES PENSAR EN EL FUTURO
“El futuro de los bosques es también el futuro de la educación forestal” – Dr. Ing. Ftal. Francisco A. Carabelli – Ex Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Revalorizar la Ingeniería Forestal significa reconocer que el futuro de nuestros bosques está estrechamente ligado al futuro de la educación, la investigación, la innovación, la gestión, la ordenación forestal y la formación de nuevas generaciones de profesionales.
La visión forestal es necesariamente de largo plazo. Implica pensar más allá de 2030, implica pensar en 2050. Implica garantizar la persistencia de los ecosistemas forestales, promover su uso sostenible, conservar sus servicios ecosistémicos, fortalecer las economías regionales, generar empleo y valor agregado, integrar producción y conservación, y asegurar que las decisiones que tomemos hoy no comprometan las posibilidades de las generaciones futuras.
Ese es nuestro desafío.Y también nuestra enorme oportunidad.
En este Día del Ingeniero/a Forestal Argentino/a, mi reconocimiento y especial saludo a todos los Ingenieros e Ingenieras Forestales que, desde distintos ámbitos y territorios, aportan conocimiento, compromiso y trabajo para construir un desarrollo forestal sostenible.
Sigamos fortaleciendo la Ciencia Forestal; sigamos jerarquizando nuestra profesión; sigamos defendiendo el valor estratégico de nuestros bosques.Y construyamos los consensos necesarios para que ocupen el lugar que merecen en el desarrollo sostenible de nuestro país y, particularmente, en cada una de sus regiones forestales.
Porque, como decía D’Adamo, los forestales somos profesionales ocupados por el futuro.Y si algo nos enseña nuestra profesión es que ese futuro no se improvisa.Se piensa, se planifica, se investiga, se gestiona y se construye.
Plantamos, manejamos, conservamos, investigamos, ordenamos y transformamos pensando en quienes vendrán después de nosotros.Ese es, quizás, uno de los mayores valores de la Ingeniería Forestal: trabajar hoy para garantizar los bosques del mañana.
Fortaleciendo el diálogo, construyendo consensos, jerarquizando la profesión, impulsando una política forestal de Estado y trabajando por un futuro forestalmente sostenible.


UN RECONOCIMIENTO ESPECIAL A QUIENES DEJARON HUELLA
En este Día del Ingeniero/a Forestal Argentino/a, quiero también detenerme especialmente para expresar mi reconocimiento público, gratitud y afecto a tres profesores que dejaron una huella profunda en mi formación y, estoy seguro, en la de numerosas generaciones de Ingenieros e Ingenieras Forestales: H. Martín Gartland, Raúl A. González y Juan Carlos Kozarik (en su memoria).
Tres maestros que, desde distintos saberes, experiencias y maneras de enseñar, contribuyeron a formar profesionales, pero también a transmitir una manera de comprender y valorar la Ciencia Forestal, el territorio y la responsabilidad que implica trabajar en equipos con los bosques.
Sus enseñanzas trascendieron las aulas y los contenidos académicos. Fueron parte de una formación que nos permitió comprender que ser Ingeniero Forestal no consiste solamente en adquirir conocimientos técnicos, sino también en aprender a observar, pensar, planificar, investigar, tomar decisiones y asumir responsabilidades frente al presente y, especialmente, frente al futuro.
A ellos, mi reconocimiento y profundo agradecimiento por el conocimiento compartido, por la dedicación, por las enseñanzas y, fundamentalmente, por la huella que dejaron en quienes tuvimos el privilegio de ser sus alumnos.
Los buenos maestros permanecen en sus discípulos mucho después de haber terminado una clase. Sus ideas, sus ejemplos y sus valores continúan acompañando nuestro ejercicio profesional y, de alguna manera, siguen presentes cada vez que enseñamos, investigamos, gestionamos, ordenamos, conservamos o trabajamos por nuestros bosques.
Gracias, profesores Gartland, González y Kozarik, por haber sido parte de ese camino y por haber contribuido, desde la docencia y el ejemplo, a construir la Ingeniería Forestal en nuestra región que hoy celebramos y que tenemos la responsabilidad de seguir fortaleciendo.
En tiempos en los que hablamos de futuro, innovación y nuevas generaciones, también es justo mirar hacia atrás y reconocer a quienes ayudaron a construir los cimientos sobre los cuales seguimos avanzando.Porque ninguna profesión se construye solamente con instituciones, normas y conocimientos.
También se construye con maestros que dejan huellas. Y en estos 36 años de ingeniero forestal, sin dudas, H. Martín Gartland, Raúl A. González y Juan Carlos Kozarik han dejado una profunda impronta en mi formación y en mi manera de ejercer y comprender la profesión forestal.
Sus enseñanzas, conocimientos, valores y, fundamentalmente, sus ejemplos, forman parte de ese camino recorrido y de lo que hoy soy como profesional.
Por ello, este reconocimiento no es solamente institucional o académico. Es también profundamente personal: es mi manera de agradecer a tres maestros que, desde distintos lugares y con sus propias formas de enseñar, contribuyeron a forjar mi profesionalismo y dejaron una huella que permanece a lo largo del tiempo.
¡Feliz Día del Ingeniero/a Forestal Argentino/a! ¡Feliz Día Colegas!
(*) – Ex-Presidente del Colegio de Ingenieros Forestales de Misiones (CoIForM).
– Primer Vocal Titular de la Federación Argentina de Ingeniería Forestal (FAIF).
– Miembro del Consejo Asesor del Instituto Forestal Provincial (InFoPro), en representación del CoIForM.
– Mat. Prof. 082.




























