Últimas noticias

Opinión

Estado de los Bosques FAO 2026: «El mundo necesita restaurar 470 millones de hectáreas para alcanzar las metas forestales de 2030»

El informe “El estado de los bosques del mundo 2026” advierte que 1.560 millones de hectáreas de tierras están degradadas a escala mundial, de las cuales 460 millones corresponden a tierras forestales. La FAO plantea ampliar la restauración con un enfoque que combine conservación, producción y medios de vida, y señala cuatro condiciones para acelerar su implementación: poner a las personas en el centro, trabajar a escala de paisaje, movilizar financiamiento y fortalecer políticas, instituciones y marcos jurídicos.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest 

ROMA (5/10/2026).- La restauración de bosques y paisajes forestales se consolida como una de las principales estrategias para enfrentar de manera integrada los desafíos de la inseguridad alimentaria, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra. Así lo plantea la edición 2026 de “El estado de los bosques del mundo”, elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y difundido recientemente, que propone ampliar las iniciativas de restauración con una mirada que articule los objetivos ambientales con la producción y el desarrollo sostenible.

Actualmente, 1.560 millones de hectáreas de tierras se encuentran degradadas en el mundo, de las cuales 460 millones de hectáreas corresponden a tierras forestales. Frente a esta dimensión del problema, el informe sostiene que resulta urgente ampliar las iniciativas de restauración eficaces, particularmente ante la creciente demanda mundial de productos y servicios procedentes de la tierra.

El director general de la FAO, Qu Dongyu, destacó la importancia estratégica de los bosques en este escenario. Los bosques cubren 4.140 millones de hectáreas, aproximadamente el 32% de la superficie terrestre del planeta; almacenan 714 gigatoneladas de carbono y albergan hasta el 80% de la biodiversidad terrestre mundial.

A su vez, cumplen un papel fundamental para la resiliencia de los sistemas agroalimentarios. La seguridad alimentaria y los medios de vida de casi un tercio de la población mundial dependen de los bosques y los árboles.

Una degradación que todavía avanza

Aunque la tasa de pérdida de bosques se ha ralentizado, la deforestación continúa generando una fuerte presión sobre los ecosistemas. Desde 1990, se estima que la deforestación provocó la pérdida de 489 millones de hectáreas de bosque en todo el mundo.

A esto se suma una creciente exposición a perturbaciones. Cada año, alrededor de 127 millones de hectáreas de bosques son afectadas por incendios, mientras que los insectos, las enfermedades y los fenómenos meteorológicos graves dañan al menos 50 millones de hectáreas de bosques.

En este contexto de pérdida y degradación constante de los ecosistemas forestales, junto con una demanda creciente de bienes y servicios provenientes de la tierra, la FAO considera necesario ampliar las iniciativas de restauración y mejorar su calidad y alcance.

El informe de 2026 coloca precisamente a la restauración de bosques y paisajes como una respuesta esencial frente a desafíos que están interconectados a escala mundial.

A partir de los datos más recientes y de experiencias desarrolladas en distintas partes del mundo, la FAO identifica cuatro vías clave para acelerar la restauración: empoderar a las personas y fortalecer sus derechos; implementar iniciativas a escala de paisaje; movilizar financiamiento y modelos de negocio favorables a la restauración; y establecer políticas, instituciones y marcos jurídicos coherentes.

El documento reúne datos e innovaciones recientes y analiza vías integradas para apoyar a los países y asociados de la FAO en la planificación, ejecución, seguimiento y ampliación de iniciativas de restauración.

Restaurar para conservar y producir

La restauración de bosques y paisajes pasó a ocupar un lugar central en las estrategias de desarrollo sostenible a nivel mundial. En el marco del Decenio de las Naciones Unidas sobre la Restauración de los Ecosistemas 2021-2030, la FAO destaca que una restauración integrada y de alta calidad puede funcionar como un enfoque común para promover la recuperación ambiental, fortalecer la resiliencia de los medios de vida y avanzar hacia el desarrollo sostenible.

Para la organización, la restauración constituye además una solución de gran impacto y costo-efectiva que, bajo condiciones favorables, puede generar rendimientos de hasta USD 30 por cada dólar invertido.

El informe advierte, al mismo tiempo, que el costo de no actuar puede superar al de restaurar, debido a importantes pérdidas sociales y culturales. Por ello, plantea la necesidad de ampliar las acciones mediante medidas centradas en las personas, adecuadamente gestionadas y respaldadas por financiamiento suficiente.

 

Avances, pero todavía insuficientes

La FAO también identifica avances. A través de la Evaluación de los Recursos Forestales Mundiales 2025 (FRA), los países informaron que casi 44 millones de hectáreas de bosques se encuentran en proceso de restauración.

Asimismo, comunicaron que más de 206 millones de hectáreas de ecosistemas terrestres están siendo restauradas en cumplimiento de la Meta 2 del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal.

Sin embargo, la organización advierte que estos progresos son desiguales y todavía insuficientes para responder a las crecientes necesidades mundiales y reducir la brecha entre los compromisos asumidos y sus efectos a largo plazo.

En este escenario, la restauración de bosques y paisajes se desarrolla en territorios diversos y busca encontrar un equilibrio entre conservación y producción, considerando también las necesidades de las comunidades y los medios de vida.

Este enfoque integrado incluye además el papel de los ecosistemas acuáticos continentales, como ríos y llanuras aluviales, que mantienen vínculos funcionales con los sistemas de bosques y paisajes y que, en numerosas regiones, sostienen la seguridad alimentaria, los medios de vida y la resiliencia de los ecosistemas.

El informe de FAO identifica cuatro vías que se refuerzan entre sí y que considera esenciales para ampliar una restauración de alta calidad.

  • La primera es poner a las personas en el centro. La organización plantea que los Pueblos Indígenas y las comunidades locales deben ser reconocidos como actores clave y que sus derechos, conocimientos y prioridades deben contribuir a determinar los resultados de los procesos de restauración.
  • La segunda es trabajar a escala de paisaje. La restauración debe planificarse y ejecutarse considerando el conjunto del territorio y buscando un equilibrio entre conservación, producción y medios de vida, mediante enfoques adaptados a las características de cada contexto.
  • La tercera es adecuar el financiamiento a las características de la restauración. Para la FAO, es necesario movilizar recursos públicos y privados que permitan sostener resultados de alta calidad en el largo plazo.
  • La cuarta es fortalecer los marcos normativos, jurídicos e institucionales. La existencia de políticas y reglas coherentes resulta esencial para hacer posible la restauración a gran escala y garantizar su sostenibilidad a lo largo del tiempo.

Estos cuatro ejes se encuentran alineados con el Marco estratégico de la FAO para 2022-2031, así como con su Estrategia para la ciencia y la innovación y el Plan de actuación en materia de bosques de la FAO: De la visión a la acción (2024-2031).

El organismo sostiene que la restauración contribuye directamente a las llamadas “cuatro mejoras”: una producción, una nutrición, un medio ambiente y una vida mejores, sin dejar a nadie atrás. Al mismo tiempo, contribuye a los avances hacia la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible.

De la ambición a la ejecución

“Para pasar de la ambición a los efectos se precisa un cambio claro de prioridades”, señaló Qu Dongyu. En ese sentido, alentó a los países a promover una restauración de alta calidad y de largo plazo, en lugar de concentrarse únicamente en la cantidad de hectáreas restauradas, con el objetivo de garantizar beneficios socioeconómicos y ecológicos duraderos, de acuerdo con los principios acordados internacionalmente.

La FAO sostiene que la restauración debe incorporarse como un pilar central de las estrategias nacionales de desarrollo, particularmente en programas vinculados con el clima, la biodiversidad, la diversidad alimentaria, el uso de la tierra y los sistemas agroalimentarios.

Para ello, plantea la necesidad de contar con marcos jurídicos y de financiamiento, políticas coherentes y sistemas sólidos de seguimiento.

En esta perspectiva, el informe remarca que la restauración de bosques y paisajes es más que una prioridad ambiental: constituye también una inversión estratégica en la resiliencia de los sistemas agroalimentarios y en el desarrollo rural.

La FAO advierte que el margen para actuar es cada vez más reducido. Una restauración tardía o mal diseñada puede incrementar los costos en el largo plazo, profundizar las desigualdades y generar el riesgo de que determinados paisajes queden atrapados en trayectorias consideradas insostenibles.

“Los años que quedan hasta 2030 deben caracterizarse por una ejecución de alta calidad, esto es, por la ampliación de las iniciativas de restauración de bosques y paisajes centradas en las personas, basadas en la ciencia y respaldadas por políticas coherentes”, sostuvo el director general de la FAO.

Y concluyó: “Confío en que, mediante la acción colectiva y un compromiso común, podremos restaurar las tierras degradadas a gran escala y construir un futuro mejor para todos”.

Un horizonte para producción y conservación

El informe “El estado de los bosques del mundo 2026” instala hacia 2030 una perspectiva que resulta especialmente relevante para las regiones forestales: la restauración no es planteada únicamente como recuperación de ecosistemas degradados, sino como una estrategia territorial capaz de vincular conservación, producción, medios de vida, sistemas agroalimentarios y desarrollo rural.

Para la FAO, avanzar en esa dirección requerirá pasar de los compromisos a una implementación de calidad, con ciencia, financiamiento, participación de las comunidades y políticas coherentes que permitan sostener los resultados en el largo plazo.

 

 

 

Artículos relacionados