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Día del Guardaparque Provincial en Misiones: memoria, vocación y pendientes por fortalecer la conservación detrás de quienes protegen la selva

Cada 19 de octubre, Misiones recuerda a Horacio Foerster, guardaparque fallecido en 1992 mientras cumplía funciones en el Parque Provincial Moconá. Las trayectorias de Onécimo Olivera y Ricardo Otto Freyer reflejan la evolución de la conservación, los riesgos del trabajo en territorio y el compromiso con las generaciones futuras. Desde el sector gremial, el guardaparque Javier “Colo” Báez suma un reclamo por más personal, reconocimiento laboral y recursos para las áreas naturales protegidas. Con testimonios de trabajadores con más de tres décadas de servicio, recuperan la historia de una profesión ligada a la protección de la biodiversidad.

Por Patricia Escobar

@argentinaforest

 

 

MISIONES (19/10/2026).- El 19 de octubre, Misiones conmemora el Día del Guardaparque Provincial en memoria de Horacio Foerster, quien falleció en 1992 mientras cumplía funciones en el Parque Provincial Moconá, durante un episodio de rescate de visitantes en aguas del río Uruguay.

A más de tres décadas de aquel acontecimiento, las experiencias de quienes recorren y custodian las áreas naturales protegidas permiten reconocer la dimensión humana de una tarea esencial para conservar la biodiversidad.

La fecha también invita a reflexionar sobre las condiciones laborales y los recursos necesarios para sostener esa misión pública.

Detrás de cada recorrido, cada guardia y cada intervención en el territorio hay historias de vocación, aprendizaje y trabajo colectivo.

Onécimo Olivera, actual coordinador de la Zona Sur del Ministerio de Ecología, y Ricardo Otto Freyer, con 36 años de trayectoria, representan a una generación que acompañó la evolución del sistema provincial de conservación y atravesó situaciones que dejaron huellas profundas en su vida profesional.

A esas voces se suma la mirada gremial de Javier “Colo” Báez, secretario general de la seccional ATE San Pedro, quien reivindica los avances alcanzados en materia de derechos laborales, pero advierte que persisten demandas salariales, previsionales y de recursos humanos para fortalecer las políticas de conservación.

Una profesión que evolucionó con las áreas protegidas

Onecimo Olivera acumula más de tres décadas de servicio en el Ministerio de Ecología. Comenzó su recorrido profesional en el Parque Provincial Urugua-í, desde donde también se trasladaba a Moconá y otras áreas protegidas de Misiones. Su elección, recuerda, estuvo marcada por una motivación sencilla y profunda: la vocación, resume al explicar por qué eligió esta profesión.

Olivera ingresó cuando todavía no existía la carrera formal de guardaparque en los términos actuales. Se formó como guardaparque baqueano y aprendió en el territorio, junto a otros trabajadores que fueron construyendo las bases del sistema provincial de conservación.

A lo largo de su trayectoria, fue testigo de la incorporación de nuevas áreas naturales protegidas y de la transformación de las herramientas de trabajo. “En ese entonces teníamos dos o tres parques y había que ir sumando”, recuerda.

La evolución tecnológica también modificó las tareas cotidianas. De la máquina de escribir se pasó a las computadoras, los GPS y las imágenes satelitales, herramientas que hoy contribuyen al monitoreo, la planificación y el control. Sin embargo, la actualización de conocimientos continúa siendo una exigencia permanente.

“Todo el tiempo tiene que estar aprendiendo. Es todo un desafío, la verdad”, sostiene.

Para Olivera, la conservación demanda adaptación, aprendizaje y coordinación entre los equipos que intervienen en las distintas áreas. Pero el trabajo no se limita a la incorporación de tecnologías o a las tareas de vigilancia: también comprende la transmisión de conocimientos y la construcción de conciencia ambiental en la sociedad.

Su experiencia está atravesada, además, por la memoria de Horacio Foerster, con quien compartió una etapa de trabajo. Olivera recuerda que había cumplido una guardia de 30 días junto a otro compañero cuando Foerster llegó para relevarlos en el Parque Provincial Moconá. Poco después ocurrió el episodio que conmocionó al cuerpo de guardaparques y que quedó asociado a la fecha de homenaje.

Para Onécimo no se trata de una historia lejana, sino del recuerdo de un compañero con quien compartió responsabilidades y vivencias en el territorio.

Esa dimensión personal ayuda a comprender por qué la memoria de Foerster forma parte de la identidad del cuerpo provincial y permanece ligada al compromiso de quienes continúan trabajando por la conservación.

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El incendio de Cruce Caballero y los riesgos de cuidar el monte

La trayectoria de Ricardo Otto Freyer también permite dimensionar los riesgos que enfrentan los guardaparques en el cumplimiento de sus funciones. Con 36 años de servicio, recuerda especialmente el incendio que afectó al Parque Provincial Cruce Caballero, en San Pedro, en agosto de 1999.

Según su testimonio, el episodio se produjo después de una intensa helada que afectó la vegetación, seguida por aproximadamente 30 días de sequía, fuertes vientos del norte y altas temperaturas. En ese contexto, sostiene que tres cazadores furtivos provocaron el fuego que avanzó sobre el área protegida. “Fue una tragedia”, recuerda.

Freyer describe la velocidad con la que se propagaban las llamas y cómo alcanzaban árboles nativos de gran porte, incluidas las araucarias, que ardían como antorchas. La emergencia puso en peligro a quienes intentaban contener el incendio y proteger el monte.

El guardaparque recuerda que estuvieron cerca de perder la vida frente a un fuego cuya intensidad superaba las posibilidades de control. La investigación posterior, relata, permitió identificar y detener a los responsables, aunque las consecuencias ambientales persistieron mucho después de aquella emergencia.

“El monte recién ahora se está reponiendo o recomponiendo de semejante quemazón”, expresa.

A más de dos décadas del episodio, el recuerdo continúa presente en su trayectoria. La experiencia muestra la vulnerabilidad de los ambientes naturales frente a los incendios y el tiempo que puede demandar su recuperación. También pone en perspectiva la importancia de la prevención, especialmente ante condiciones ambientales que favorecen la propagación del fuego.

Para Freyer, la conservación no puede quedar exclusivamente en manos de quienes trabajan dentro de las áreas protegidas. Turistas, productores, visitantes y habitantes de la provincia tienen responsabilidades en el cuidado del suelo, el agua, la vegetación y la fauna. Las decisiones individuales pueden tener consecuencias que trascienden el momento y afectan el equilibrio de los ecosistemas.

En ese sentido, destaca la educación ambiental y el papel de los medios de comunicación para ampliar el conocimiento público sobre la biodiversidad. Su reflexión parte de una convicción: los seres humanos forman parte del ambiente y dependen de un sistema natural cuya alteración puede tener consecuencias para toda la sociedad.

Olivera comparte esa mirada y subraya que la conservación debe estar presente en las escuelas, las universidades y los distintos ámbitos comunitarios. Conocer y valorar el patrimonio natural es una condición para protegerlo y transmitirlo a las nuevas generaciones.

Derechos laborales y recursos humanos para sostener la conservación

La conmemoración también encuentra al cuerpo de guardaparques con demandas vinculadas a las condiciones de trabajo y al fortalecimiento institucional. En su mensaje por el Día Provincial del Guardaparque, Javier “Colo” Báez, secretario general de la seccional ATE San Pedro, planteó en contacto con ArgentinaForestal.com la necesidad de recuperar el recorrido de organización colectiva y los avances alcanzados en materia de derechos laborales.

“Hoy, Día Provincial del Guardaparque, creemos que es momento de recordar nuestro camino. Desde que decidimos organizarnos, tuvimos que demostrar la necesidad de conquistar más y mejores derechos como trabajadores. Nuestras asambleas fueron el motor para trazar líneas de trabajo y propuestas que aún hoy iluminan nuestro norte”, expresó.

Entre los avances que destaca, Báez menciona la Ley Provincial de Guardaparques XVI N.º 71 y su Decreto Reglamentario 869/23, que establecen el estatuto del sector. Sin embargo, señala que algunos de los adicionales previstos en esa normativa se materializaron recién en el vigente octubre de 2026, es decir, tres años después de su aprobación.

“Esto nos enseña que los derechos se escriben y se sancionan, pero somos los trabajadores quienes debemos sostenerlos en agenda y exigir su cumplimiento, como ocurrió con los adicionales de patrulla y zona”, sostuvo.

El referente gremial también celebró la incorporación de los primeros jefes de parques elegidos por concurso, aunque advirtió que todavía quedan cuestiones pendientes. Como antecedente, recordó que años atrás el 60% del salario del sector era no remunerativo, por lo que el aguinaldo se calculaba sobre el 40% restante y las licencias por enfermedad o vacaciones implicaban una reducción importante de los ingresos.

“Hoy tenemos otra realidad, aunque aún estamos lejos de alcanzar condiciones laborales justas —nuestros salarios no superan la canasta básica total y sigue pendiente una jubilación diferenciada para el sector—”, remarcó.

El reclamo gremial vincula las condiciones laborales con la capacidad del sistema para cumplir sus objetivos de conservación. Báez sostiene que fortalecer las políticas provinciales y las áreas naturales protegidas requiere ampliar y, preferentemente, duplicar los recursos humanos.

La propuesta apunta a consolidar un sistema sostenido por guardaparques de carrera, con formación profesional, derechos y reconocimiento. Desde esta perspectiva, la conservación no depende solamente de la existencia de áreas protegidas o de las herramientas disponibles, sino también de contar con trabajadores suficientes y condiciones que permitan sostener las tareas a largo plazo.

El trabajo en equipo y el compromiso de las nuevas generaciones

Al mirar su recorrido, Olivera destaca el reconocimiento de la comunidad como una de las satisfacciones de la profesión. También pone en valor el trabajo colectivo: el funcionamiento del sistema no depende únicamente de los guardaparques que están en el territorio, sino de un equipo amplio que incluye personal administrativo y otros trabajadores.

“Es el día a día que uno recoge de los compañeros de trabajo”, señala al referirse a las satisfacciones de una actividad en la que el reconocimiento muchas veces se expresa en el acompañamiento cotidiano, más que en recompensas materiales.

Su mensaje está dirigido tanto a quienes llevan décadas de servicio como a las nuevas generaciones que se incorporan a la profesión. Olivera valora la llegada de nuevos integrantes con ideas renovadas y alienta a continuar trabajando de manera conjunta.

“Que sigamos trabajando fuertemente para que las nuevas generaciones sigan cuidando y valorando lo que tenemos y lo poco que nos queda”, expresa.

Freyer, por su parte, invita a reflexionar sobre el sentido de la fecha y sobre la responsabilidad compartida en el cuidado de las áreas naturales protegidas. Báez suma a esa memoria la necesidad de sostener las conquistas laborales y avanzar en las demandas que permanecen pendientes.

En el Día del Guardaparque Provincial, las tres miradas convergen en una misma cuestión: proteger la selva misionera requiere vocación y conocimiento, pero también equipos de trabajo, formación, recursos y condiciones laborales que permitan sostener la tarea.

Estos agentes de servicio público cumplen una función que trasciende los límites de cada parque: resguardan la biodiversidad, contribuyen a prevenir daños ambientales y ayudan a preservar un patrimonio natural que pertenece a toda la sociedad.

Reconocer su labor implica valorar tanto a quienes dieron su vida en cumplimiento del deber como a quienes, cada día, continúan cuidando el monte y construyendo las condiciones para que las futuras generaciones también puedan conocerlo.

 

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