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Incendios forestales en el Gran Chaco Americano: un estudio utiliza teledetección para determinar los factores que controlan la magnitud de los eventos

Investigadoras e investigadores de Francia y Argentina examinaron y expusieron sus hallazgos acerca de los regímenes de incendios forestales en el área del Gran Chaco, que abarca alrededor de 1,1 millones de km² en Argentina, Bolivia, Paraguay y Brasil y es uno de los ecosistemas de bosque seco más grandes existentes en la región.

 

Fuente: Centro Regional del Clima para el Sur  de América Latina

 

ARGENTINA (En el estudio “What controls fire size in the South American Gran Chaco? Exploring atmospheric and landscape drivers through Remote Sensing” se analiza la correlación entre el tamaño de los incendios, el área quemada y las condiciones meteorológicas que influyen en la estructura de la vegetación, la biodiversidad y la composición del paisaje.

El trabajo es la culminación del doctorado de Rodrigo San Martín, investigador postdoctoral en el Laboratory for Climate and Environmental Sciences (LSCE), Francia y en él participan como segunda y tercera coautoras Catherine Ottlé por el LSCE y Anna Sörensson, por el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-IFAECI-CONICET) de Argentina.

“El fuego ha modulado durante mucho tiempo su estructura y ha impulsado transiciones entre bosques, matorrales y pastizales”, se señala en la introducción al referirse a la zona estudiada.

En las últimas décadas, los regímenes de incendios también se modificaron por la acción humana. La combinación entre cambios en el uso del suelo, prácticas de manejo y supresión del fuego, variabilidad climática y disponibilidad de combustible incrementa la acumulación de biomasa seca, “favoreciendo los incendios superficiales de intensidad media a alta”, continúa el estudio.

Se tomó el período comprendido entre 2001 y 2022 y se propusieron entender tamaño y frecuencia de los incendios; en qué medida las condiciones meteorológicas influyen en el tamaño y la expansión; el papel que juega el tipo de vegetación, la topografía y la actividad humana en la configuración del tamaño y la ocurrencia; y la variabilidad espacial y temporal del tamaño de los incendios entre las distintas subregiones que conforman el Gran Chaco.

“Analizamos más de 100.000 parches de fuego en el Chaco Húmedo, Seco y Muy Seco para cuantificar los controles ambientales y antropogénicos sobre el tamaño de los incendios. Los tamaños de los incendios mostraron una fuerte asimetría positiva: más del 80% fueron menores de 5 km², pero los incendios grandes y extremos dominaron el área total quemada. Los megaincendios (> 100 km²) ocurrieron en todas las subregiones, mientras que los gigaincendios (> 1.000 km²) fueron raros pero concentrados en el Chaco Seco”, puntualiza el estudio.

Se utilizaron indicadores como el Fire Weather Index, la base de datos global FRYv2.0 y el SHapley Additive exPlanations (SHAP, por sus siglas en inglés), un método de inteligencia artificial y machine learning especializado en incendios forestales. “Dado que nuestro objetivo es identificar los determinantes del tamaño final de los incendios, adoptamos una clasificación basada en el tamaño. Este enfoque alinea directamente la categorización con la variable de respuesta y facilita la interpretación de los factores climáticos, paisajísticos y antrópicos que la controlan”, continúa el artículo.

Mecanismos de control y propagación

Además de clasificar los incendios según su tamaño, el estudio identifica contrastes subregionales en los eventos: “El Chaco Húmedo exhibe una temporada de incendios bimodal, con picos al final de la estación cálida y húmeda (finales de verano–otoño) y nuevamente al final de la estación fría y seca (finales de invierno–primavera), mientras que el Chaco Seco presenta un patrón unimodal restringido al final de la estación fría y seca, hacia finales de invierno–primavera” se indica.

Con una superficie quemada anual de aproximadamente 15.000 km² por año en el Chaco Húmedo y de alrededor de 8.500 km² por año en conjunto para el Chaco Seco y Muy Seco (tomando el período 2001-2019), las estadísticas indican que el Chaco Húmedo sufre incendios de manera recurrente: “el 57% de su superficie quemada experimentó al menos dos eventos de incendio entre 2001 y 2019. En contraste, cerca del 66% de la superficie quemada en el Chaco Seco corresponde a incendios únicos, con fuegos que avanzan sobre bosques previamente no quemados”, consigna el artículo.

La influencia humana se evidencia en incendios originados por malas prácticas de manejo de tierras rurales, tales como quemas controladas para la renovación de pastizales, quemas de basura, para desmalezamiento o aquellas asociadas a la caza. Pese a esto, la heterogeneidad del paisaje controla en gran parte la propagación del fuego y crea barreras naturales a través de una yuxtaposición de ríos, humedales, matorrales, bosques y pastizales en el Gran Chaco. Esto cuestiona la idea de efectos antropogénicos uniformes y espacialmente consistentes sobre los regímenes de incendios en los ecosistemas secos globales, afirman las y los investigadores.

Uno de los objetivos fue explorar la evolución de las condiciones antes y después de los eventos. Se analizaron tanto “las series temporales regionales como correlaciones con rezago entre las anomalías de superficie quemada y tres factores clave: el FWI, las precipitaciones y el verdor de la vegetación (EVI), para el período 2001–2022”. Esto reveló un patrón consistente con anomalías de precipitación seguidas por incrementos del EVI. Además cuando posteriormente se registraron valores elevados de FWI se observaron picos de superficie quemada.

De esta manera, explica el estudio, la secuencia favorable a los incendios pasa por la acumulación de biomasa producto de la humedad, que luego se seca y se vuelve inflamable bajo condiciones meteorológicas proclives a los incendios.

Hallazgos y resultados

El estudio pone de relevancia tres mecanismos complementarios a través de los cuales la vegetación actúa como mediador en el tamaño de los incendios en el Gran Chaco: “(i) el tipo de combustible y su grado de continuidad en el paisaje, que determina hasta dónde pueden propagarse los incendios; (ii) la dinámica estacional e interanual de la humedad del combustible, que varía entre las distintas formas de crecimiento vegetal e influye fuertemente en el momento y la intensidad de la quema; y (iii) la secuencia productividad–secado, que vincula las precipitaciones antecedentes, la acumulación de biomasa herbácea y su posterior desecación”.

Así, los grandes incendios suceden principalmente en sistemas dominados por combustibles finos con fuerte secado estacional, mientras que los paisajes dominados por vegetación leñosa restringen la propagación más allá de las condiciones meteorológicas.

Si bien las igniciones tienen prevalencia humana, en el estudio se afirma que estas presentan un papel secundario dado que su influencia se encuentra mediada “por cambios de uso del suelo de largo plazo y por la reestructuración de los combustibles”. Esto significa que el tamaño final de los incendios está relacionado con la interacción entre “esta presión de ignición, las trayectorias de uso del suelo de largo plazo y las ventanas de oportunidad generadas por la sequía y las condiciones meteorológicas favorables al fuego”.

Otro punto a destacar es la influencia de la variabilidad climática de gran escala. De acuerdo al estudio, la influencia de El Niño–Oscilación del Sur (ENSO, por sus siglas en inglés), también se refleja en la dinámica entre incendios y ambiente: “Durante las fases de La Niña (ENSO negativo), observamos una reducción de las precipitaciones y valores elevados de FWI, que a menudo coinciden con un aumento de la superficie quemada. Por el contrario, los episodios de El Niño (ENSO positivo) se asocian con condiciones más húmedas, menor presión meteorológica favorable a incendios y una reducción de la actividad ígnea”.

Otro de los hallazgos es que la continuidad y estacionalidad del combustible son dos factores que proporcionan alta continuidad de combustible durante los años de sequía y promueven a la vez incendios más grandes en las regiones más secas.

Entre las conclusiones, el estudio señala que, aunque más del 80% de los incendios detectados fueron menores a 5 km², los eventos de gran magnitud concentraron la mayor parte de la superficie quemada. Los megaincendios ocurrieron en todas las subregiones del Gran Chaco, mientras que los gigaincendios se concentraron principalmente en el Chaco Seco. Asimismo, la investigación indica que la expansión de las fronteras agrícolas y las quemas para habilitación de tierras contribuyeron al aumento de la superficie afectada, aunque los incendios más extremos se produjeron cuando coincidieron sequía, viento y grandes extensiones continuas de combustible vegetal.

En este contexto, las y los investigadores destacan la necesidad de mejorar los productos de superficie quemada de alta resolución, los registros meteorológicos y la integración de dimensiones sociales y culturales del uso del fuego para fortalecer la evaluación y gestión del riesgo de incendios en el Gran Chaco.

 

Fuente: SIGRIFSA
Como parte del Centro Regional del Clima para el sur de Sudamérica (CRC-SAS), el SIGRIFSA busca contribuir a la implementación de sistemas integrados de gestión de incendios forestales basados en la combinación de la ciencia y los enfoques para la gestión del fuego con aspectos socioeconómicos en múltiples niveles.

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